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viernes, 16 de mayo de 2008
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De las democracias representativas a las aristocracias hiperparticipativas Imprimir E-Mail
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ImageDespués del fracaso de participación de las elecciones municipales, donde en el caso de Catalunya apenas pudo superar el 55% algunos anuncian el fín de la partitocracia, la existencia de una mayoría silenciosa que ha castigado a los partidos y que exige cambios en la forma de gobernar y ejercer el poder. Mi opinión disiede de la sabiduría convencional, no creo que vayan a ir por ahí los tiros.
Si la tendencia que siguen las elecciones municipales continúa a la baja llegará un momento donde podremos compararnos a la superpotencia mundial y patria de la democracia donde un 25% de la población con ese derecho, lo ejerce para la elección de su alcalde. Esta baja participación ha levantado ampollas en el entorno político y ha caldeado más de una mente, más de un columnista y más de un analista indicando que “la ciudadanía ha marcado con su abstención su deseo de cambio de formas de hacer de la política”, alertando del bajo crédito de los políticos españoles.

Lla política tiene mucho descrédito. De hecho en la última oleada de la European Social Survey la media de nota que le dan los europeos a la confianza que sienten a sus políticos es del 3,6 sobre 10, mientras las fuerzas policiales, por poner un ejemplo andan en todos los países entre 2 y 4 puntos por encima en la valoración. Pero no por ello hay una exigencia de la población de querer mejorar la forma de participación en ella.

Me explico, y en el fondo me baso en las acciones de los votantes. En España, en Catalunya y en las sociedades postindustriales con una democracia aposentada hay cierto desapego y desconfianza a los políticos (y si miramos los resultados de la ESS, tan sólo algunas sociedades nórdicas y la excepción de Luxemburgo, dan un aprovadillo justo a sus políticos), desapego que puede verse incrementado ante casos de corrupción, incremento de la crispación, etc...

Pero ese desapego no se transforma en una mayor demanda de participación, las hordas de abstencionistas no se transforman en hordas de activistas cívicos. Los movimientos sociales andan de muy capa caída y a excepción del sindicalismo (y a duras penas) el resto de movimientos sociales apenas mueve un porcentaje, no ya significativo, sinó mínimamente representativo. Que haya una minoría alterglobalizadora que antes no existía o una minoría que participe en ONG's y movimientos cívicos que tal vez antes lo hacían en el movimiento vecinal clásico o en los partidos políticos tampoco es representativo (aunque son significativos en sus entornos sociales y cívicos). La sociedad en general no demanda participar más, tan sólo esa minoría activa. Y cuando la mayoría se desapega del sistema representativo y abandona el interés efectivo en “lo público” puede representar más bien varios aspectos sociológicos.

No entraré ahora en las explicaciones coyunturales basadas en el buen tiempo del domingo 27, del cansancio del votante catalán que llevaba 3 convocatorias a las urnas en menos de un año, ni tampoco en las demenciales explicaciones de que el ciudadano pueda percivir que la lista más votada no sea la que gobierne en un sistema parlamentario. Aunque puede que haya motivos coyunturales que puedan explicar porqué hay más de un 40% de abstención en las últimas municipales, esta sigue siendo una cifra significativa.

En general siempre hay un 25% de personas que no votan en cualquier convocatoria, incluso en la más reñida de las elecciones generales, podemos decir que este es el colchón que lo conforman los despistados, los que han tenido imprevistos, enfermedades, viajan (y no se toman la molestia de votar por correo), los que están desinformados, etc... En las municipales esa cifra se eleva casi un 15% más. Este votante percive que las municipales son menos útiles y que es menos interesante ir a votar, o bien confía que en lo que es la gestión de una gran ciudad (que es donde se dá esa mayor diferencia de voto) no hay diferencias entre los partidos, que total para poner papeleras, limpiar la ciudad y poner un polideportivo eso lo hacen casi todos.
Pero ese desapego electoral en unas locales es compartido con sociedades avanzadas donde la participación en las locales decae bastantes puntos con respecto a unas presidenciales o legislativas. Dá igual que sea en paises donde el nivel de corrupción local esté bajo mínimos o no. Con lo cuál la hipótesis de la “percepción de utilidad del voto” en unas locales debe tener un grado significativo.

En estas últimas la abstención ha sido del 46,2% en Catalunya, un 6,5% más que la media de abstención en elecciones locales de los últimos 20 años. Ese 6,5% podría estar en la raiz de un movimiento crítico o de desafecto por la política y los políticos. Ese 6,5% puede ser a su vez ser explicado en una parte pequeña por motivos coyunturales (que antes he enunciado). Lo que no sabemos, ni yo, ni nadie aún, porqué no se les ha preguntado (y hasta que no se haga la encuesta que pretende la Generalitat realizar para analizar esa gran abstención) que les llevó a no votar.

De todo ese 46,2% si le sumamos el voto en blanco y el nulo, que han aumentado podríamos llegar a sumar más de la mitad de los electores, pero cuando descartamos el porcentaje que nunca vota (y en España existe ese porcentaje desde inicio de la democracia, antes que los políticos tuvieran tiempo de generar desafecto entre el electorado y en una época de convulsión participativa) y el porcentaje diferencial de las locales que se encuentra en todo el mundo nos quedamos con un porcentaje entre el 10-15% del electorado que ha expresado con su “no voto” o con el voto en blanco y el nulo su desafecto especial en estas elecciones por la política.

Ese 10-15% no deja de ser significativo, el partido que más votos ha conseguido en estos comicios no tiene un porcentaje mucho mayor.. pero no se puede realizar una conclusión “non sequitur” sobre la demanda de cambios en la participación de los ciudadanos en política. Si ese 10-15% estuviera realmente exigiendo ese cambio en la participación de la política veríamos un resurgir de los movimientos cívicos y sociales como nunca ha habido. Cosa que temo no se dará.

Y todo esto viene porqué existen propuestas para no seguir creyendo en la democracia representativa como mecanismo de expresión de la voluntad popular y pasar a una gestión más participativa de lo público. Esas propuestas realizadas desde algunos ámbitos de la izquierda temo que pueden llevar de una democracia devaluada, poco motivadora a una forma de gestionar lo público a mi parecer peor: el directorio de la aristocracia participativa.

Es cierto que votar cada 4 años es bastante insatisfactorio, pero garantiza que cualquier ciudadano con un esfuerzo muy pequeño pueda decidir como se gestiona a grandes rasgos lo público; y no quiero denostar las herramientas de participación ciudadana que se tienen que ampliar y afinar. Pero crer que el volcarse a la democracia deliberativa si la sociedad que hay detrás no lo va a seguir de forma masiva no tiene más sentido que hacer que la inmensa mayoría, poco participativa, quede fuera del juego democrático, al final devaluarán el valor de su voto y una minoría participativa concentrará, y no a costa de los políticos sinó de los ciudadanos poco participativos, el poder de incidir en las políticas públicas dejando a la mayoría fuera de juego, bastante más que en un sistema representativo.

Y es que la clase política, si quiere que los ciudadanos voten más (cosa que podría ser cuestionable ya que unos índices de participación bajo favorecen el clienterismo y hacen más fácil controlar ciertos resortes de poder), debería hacer una reflexión a fondo para ver como recuperar ese 10-15% que ha “castigado” en estas últimas locales y ver también como intentar conseguir que los que nunca votan en elecciones locales o en ninguna otra participen de alguna manera en la gestión de lo público. Pero a parte de ello, habría que analizar que causas subyacentes hacen que ante una mala percepción de los políticos la respuesta de los ciudadanos sea no votar Y además pasar de hacer algo más. Tal vez es que en las sociedades avanzadas nos hemos dejado dominar por nuestro papel de consumidores que exigen satisfacción inmediata de sus pulsiones y deseos a costa de nuestro papel como ciudadanos que sienten una corresponsabilidad de como se gestiona lo público, y es ahí donde radica la principal fuente de la pasividad.

Porqué si ante una situación de corrupción política grave en muchas localidades, con unos políticos en los que se confía poco y unos índices de abstención de aupa no hay muestras de malestar social que no superen la conversación de café, cuando esos ciudadanos que se ven rechazados por la política en general no realizan el menor esfuerzo en buscar formas alternativas de organizarse, no se movilizan y no realizan un sólo gesto significativo para intentar participar cívicamente y vaciar de poder esos políticos que ellos desconfían es que no existe tal demanda de “cambio de vías de participación”. Y eso es aún más grave... porqué la conclusión a la que se llega es que el ciudadano no está de acuerdo con los políticos que tiene pero no piensa mover un dedo por cambiar nada, simplemente espera sentado a que los políticos ofrezcan mejores respuestas. Es decir, una praxis democrática ha llevado a que los ciudadanos se despoliticen, aquí y en medio mundo occidental.

Y la respuesta no es la democracia deliverativa de las aristocracias participativas, sinó la politización de la sociedad. En ello la clase política tiene mucho que hacer, pero también cada uno de nosotros.


Comentarios de los usuarios (5) RSS feed comment
Escrito por Santi Benítez (Sun_Tsu), on 06-06-2007 19:57,
1. Es más sencillo que todo eso...
... Me explico: 
 
Vivimos en una democracia. Y las democracias funcionan por la cantidad de votos que los distintos partidos obtienen - por lo menos las democracias representativas, otro caso diferente sería una democracia participativa, y como no existe ninguna, pues...- Eso significa que haya mucha, o poca participación, el gobierno es elegido por aquellos que acuden a las urnas a ejercer su derecho a sufragio y, de paso, ejercer su deber como ciudadanos. Aquellos que no lo hacen... no pintan nada, en relación a como se realiza el ejercicio de gobierno, en democracia. Es más, aquel dicho de que quien no vota no tiene derecho a queja, aunque en realidad no es cierto - aquí se queja hasta el tato cuando le interesa-, no va muy desencaminado teniendo en cuenta que la forma que tiene un ciudadano de quejarse por un mal gobierno durante cuatro años es votando por alguien diferente que gobierne en lugar del que, a su juicio, lo ha hecho mal. Sino lo hace, pues no se queje.  
 
Puede que por ahí vayan los tiros de aquel dicho... ¿Cómo era? ah, sí, "tiene usted lo que se merece, caballero, ni más, ni menos". 
 
Buenas noches, y buena suerte... 
 
Ôo-~
 
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Escrito por Carlitos, on 08-06-2007 10:03,
2. ...
Hola José. 
En mi opinión, el problema no es tanto que la gente no vea como algo suyo la política (que en parte es muy cierto) como la falta de variedad ideológica. Hay muchos partidos pero poca diversidad ideológica. Así, en IU hay militantes muy diversos que dan prioridad a asuntos muy diferentes. En el PSOE creo que ocurre algo similar, aunque en mucho menor grado. En el PP hay facciones para todos los gustos, etc. 
Con ello no quiero decir que tenga que haber partidos completamente estancos que sigan sus ideas de una manera rígida pero tampoco me parece correcta la falta de oferta que tenemos en la práctica. Por ejemplo, a mi no me agrada el PP pero tampoco el PSOE, salvo cada uno en cosas puntuales. Al no haber mucha oferta, muchos no tenemos partido y, en ocasiones, hasta los 2 grandes se unen para sacar a otros pequeños de algunos ayuntamientos (cosa que no debería prohibirse pero que puede tener consecuencias poco deseables). Entonces, muchos no votan, se agarran al que más representa sus intereses sin serles convincente, votan al que más hace daño al adversario, al que más les favorece, etc. Pero no se cuentan los ideales de fondo.  
 
Las ideologías a veces se mezclan tanto que es muy difícil establecer la de cada partido de no ser por sus siglas, sus representantes y alguna que otra reforma puntual. 
A ello habría que añadir la normativa europea, que vale para todos y tiende a dar una cierta uniformización política, mermando así las decisiones de los partidos nacionales. Por ello gran parte de las políticas de cada partido apenas tienen cabida en ciertos campos: están con las manos casi atadas. Es decir, “decide la UE”. En ésta, la institución en la que -en mi opinión- más cuenta la representación política de los partidos: en el Parlamento Europeo, la forma de representación merma las posibilidades de todos los partidos. Tanto por la ideología (que queda muy difuminada al ser grandes formaciones transnacionales: poco tiene a veces que ver el PSOE o PP de un país con el de otro) como por lo diferido de la representación (una gran formación política europea no siempre puede salvaguardar los intereses de uno de sus partidos nacionales). 
 
Pero vamos, que a lo mejor estoy equivocado… 
 
Saludos :zzz
 
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Escrito por Jose R., on 09-06-2007 21:08,
3. .. el problema no es ese Carlitos
Hola Carlitos: 
 
En Catalunya tenemos 5 y casi 6 partidos que ofrecen una variedad ideológica más amplia. Incluso en ICV es una coalición electoral de ecosocialistas y eurocomunistas, con lo cuál tendrías 6 y casi 7 partidos con opciones a tener representación. 
 
Aún así, en Catalunya es donde hemos batido los récords de abstención. De hecho el problema de la hiper-inflación de candidaturas con opciones es que los codazos por el centro son mucho más fuertes, el PP con su milonga "semos el centro", el candidato de CiU diciendo que era socialdemócrata, el PSC haciendo guiños a las clases medias e incluso ERC con un discurso en algunos puntos bastante parecido en este tema al del PSC. La hiper-oferta lleva a las hiperostias en el centro. 
 
No es la oferta, si fuera ello, aparecerían, como de hecho ha aparecido con el partido "Ciutadans" nuevas opciones políticas (y ya está en el Parlament), sinó un descrédito brutal que viene por otros lados. A tí, como "élite" muy conscienciada y que ha reflexionado a fondo te pueda parecer una oferta limitada pero al conjunto del electorado es más que suficiente y en el caso de Catalunya incluso nos llegan a decir "es que la izquierda váis divididos" cuando ven una oferta de 3 partidos (y en algunos pueblos de hasta 4 ya que EUiA (IU en Catalunya) no iba junto ICV).
 
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Escrito por Carlitos, on 10-06-2007 12:47,
4. ...
Es interesante lo que dices, ya te daré mi parecer con detenimiento pero eso sí: renuncio a lo de la "élite". Con comillas o sin ellas. :grin  
 
Saludos :)
 
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Escrito por Carlitos, on 12-06-2007 19:12,
5. ...
- "De hecho el problema de la hiper-inflación de candidaturas con opciones es que los codazos por el centro son mucho más fuertes, el PP con su milonga "semos el centro", el candidato de CiU diciendo que era socialdemócrata, el PSC haciendo guiños a las clases medias e incluso ERC con un discurso en algunos puntos bastante parecido en este tema al del PSC. La hiper-oferta lleva a las hiperostias en el centro".  
 
- Pues en parte refería a esto con los párrafos iniciales. Los partidos están perdiendo diversidad ideológica: se ciñen a lo que consideran la actitud idónea para el momento: lo que se suele identificar como centro. Pero que en realidad no tengo claro que sea el centro porque… Tampoco tengo claro qué es el centro!!! 
Estoy en que hay que hacer política según la situación actual. Sin embargo, si todas las opciones son + o – centro… No estaremos perdiendo todos libertad de elección??? A lo mejor sería preferible que los partidos fueran más pequeños y diversos y que se pudieran hacer distintas coaliciones en las que cada uno pudiera proponer medidas más adecuadas con sus ideas. Es decir, que cada uno conservara una cierta independencia ideológica pero pudiera establecer coaliciones cambiantes. 
 
Por ello, es cierto que hay muchos partidos pero se está perdiendo oferta en el campo ideológico. La variedad de éste está quedando relegada a las minorías -en mi opinión, a veces hasta para bien- además de que creo que hay que dar un nuevo aire a las denominaciones izquierda, derecha y centro (ojo, que tampoco pienso que sea un baremo adecuado el basado en el mayor o menor intervencionismo). Comprendo que alguno se pueda escandalizar por eso de… ¡¡¡rechazar la dialéctica izquierda-derecha!!! , pero coño, es que eso es un resto de una época en que no había siquera una izquierda como la actual, entre otras cosas porque era jacobina (“que haberlos hailos hoy en día pero son pocos”). El problema de la dialéctica I-D, desde mi pto. de vista, es que tiene un valor relativo en función de con quien se compare. Por ej.: (lo siento, toca una de Mao) Mao veía como derecha a Chiang-Kai-Shek y éste, probablemente, vería como derecha a parte de la izquierda actual de nuestro país. En fin, hay casos que cada vez tengo menos claros dónde se encuadrarían. Quizás lo ideal sería una denominación con nombre y apellidos (tampoco sería precisa pero, tal vez, más que lo existente): liberal tipo x, socialista tipo Y, conservador tipo Z o algo parecido. 
 
- “sinó un descrédito brutal que viene por otros lados”. 
- ¿A qué te refieres? ¿A los medios de comunicación? 
 
(sé que es todo muy idealista pero en fin, tb. hay que tener ideales, ¿no?) :)
 
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