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Los movimientos de resistencia civil que vienen desarrollando su accionar en América Latina, constituyen “una señal de esperanza para todo el continente”, afirma el historiador e investigador italiano Luca D´Ascia, quien es un conocedor a profundidad del devenir sociopolítico latinoamericano, no solo por que lo ha estudiado sino porque ha recorrido buena parte de sus países.
“HAY QUE CREAR UN AMBIENTE DE PUGNACIDAD CONTRA LOS NEOLIBERALES” D´Ascia, profesor de historia y filosofía política, e investigador de temas etnoculturales de la Scuola Normale Superiore de Pisa, Italia, es magíster en Estudios Amerindios de la Universidad Complutense de Madrid. Ha enseñado en universidades europeas y colombianas. Es autor de varios libros entre los que se destacan: “Diversidad cultural y conflicto político” (1999); “Maquiavelo y sus intérpretes” (2004) y “Esquirlas de Chiapas” (2005), su última publicación en la que a través de atractivas y bien logradas crónicas aproxima al lector sobre el proceso de autonomía y reivindicación social y cultural de las comunidades indígenas del sur de México. Sustentado en sus observaciones y estudios, este catedrático nacido en Roma en 1964, no duda en señalar que “un nuevo contrato social de corte federal y la concepción de la democracia como pacto entre naciones culturales pueden ser una respuesta tanto al terrorismo fundamentalista como al antiterrorismo de los derechos universales manipulados, que sirve para exportar ‘democracia” y guerra civil en Oriente Medio, pero no para censurar la ‘guerra preventiva’ o el trato indigno de los prisioneros de Guantánamo”. Para analizar las consecuencias del neoliberalismo en Latinoamérica y hablar un poco sobre su libro “Esquirlas de Chiapas”, WWW.SOCIALDEMOCRACIA.ORG invitó a dialogar al profesor D´Ascia. DESMANTELAMIENTO DEL ESTADO DE BIENESTAR Creo que ha contribuido al nacimiento de movimientos de izquierda de nuevo tipo, ya no organizados alrededor de partidos de tipo tradicional sino de la convergencia entre sujetos sociales que se sienten desfavorecidos por la globalización, así como la irrupción de intelectuales comprometidos y de organizaciones no gubernamentales En general, me parece que hay más espontaneidad y menos dirección política que en la época precedente. Seguramente, dado que el neoliberalismo desmanteló políticas del llamado Estado Bienestar que garantizaba, más bien que mal, cierto nivel de vida a las clases menos favorecidas. El caso de México es paradigmático, cuando se quiso insertar el ejido en el sistema capitalista se produjo la rebelión zapatista. No hay que olvidar que el ejido garantizaba una forma de tenencia comunitaria de la tierra que correspondía a la organización tradicional de los campesinos e indígenas, mientras que la reforma constitucional de Salinas de Gortari abrió, por así decirlo, esas tierras a la inversión de compañías madereras y petroleras, metiéndolas en un contexto globalizado, para lo cual sus comunidades no estaban preparadas y solo podrían salir desfavorecidas. En otros países también ha habido el mismo fenómeno de desmantelamiento; en Colombia, por ejemplo, respecto de la seguridad social que comenzó con la expedición de la Ley 100 de 1993. Las consecuencias políticas desde luego han sido muy distintas en los diversos países. En algunos de ellos han aceptado el desmantelamiento del incipiente Estado Social como Colombia, y en otros, en contraste, se ha producido una reacción muy fuerte como Bolivia y México. ¿Los sectores de izquierda y progresistas de América Latina frente al modelo neoliberal están propugnando volver por el esquema del capitalismo social de mercado, es decir, retomar la concepción del Estado de Bienestar? Es interesante la pregunta porque da para analizar el ejemplo de Bolivia, en donde se ha convertido en una palabra mágica la nacionalización de los hidrocarburos, pero sabemos que de por sí la sustitución de una elite económica neoliberal por unos administradores de la industria de Estado puede igual no servir para nada si se cae en prácticas clientelistas y antiecológicas. Por eso en mis últimas investigaciones y trabajos bibliográficos me he interesado por el papel que están jugando los indígenas porque me parece importante que en este contexto surjan nuevos sujetos sociales con una orientación cooperativista en política económica y federalista en política social y administrativa. Ahora bien, el puro capitalismo de Estado fracasó en la Unión Soviética y la izquierda en América Latina no ha reflexionado suficientemente sobre este hecho geopolítico, pues de alguna manera tiende a interpretarlo como una conspiración de Estados Unidos, más que como una crisis endógena debido a las carencias objetivas del sistema. Sería muy importante que a partir de otras experiencias puntuales como la concepción indígena de relación con la naturaleza y la ecología se comenzara a pensar sobre otras formas económicas no tan brutalmente industrializadas como en la antigua Unión Soviética, sino a partir de los mismos recursos que ofrece cada realidad local. Es que una globalización de Estado tampoco sería una solución. Lo cierto es que hay que fomentar la producción a partir de los recursos propios del territorio. Por ejemplo, para un país como Bolivia hay una gran potencialidad en términos de plantas medicinales o nutricionales y otros cultivos tradicionales que se están perdiendo porque no son rentables en términos comerciales pero que desde otra perspectiva pueden ofrecer una alternativa al consumo de alimentos baratos frente a la dependencia de la agricultura tecnológica norteamericana que está relacionada con el sistema de los transgénicos, con la explotación unilateral de los recursos naturales por parte de las empresas farmacéuticas y sus sistemas de patentes. CONSTRUCCIÓN DE AUTONOMÍA SOCIAL Y POLÍTICA Hay dos aspectos en el movimiento zapatista: un aspecto político y otro cultural. En lo político se trataba de romper el monopolio del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y esta voluntad de cambio del México de los años 90 estaba en el ambiente, no fueron solamente los zapatistas sino múltiples sectores sociales que deseaban un cambio. Lo importante en los zapatistas es que supieron interpretar esta exigencia lanzando un llamado a la democracia en el año 94. Lo que ellos querían en términos de teoría política, era una democracia constituyente, no sólo una alternancia en el poder y en el sistema representativo sino una nueva Constitución en que se erigiera como pilares fundamentales el reconocimiento de los derechos indígenas y la acción afirmativa del Estado para compensar las diferencias sociales producto de la discriminación histórica. En la época en que yo estuve en Chiapas ya el tema de la reforma constitucional había desaparecido de la agenda de los políticos y de las preocupaciones de la opinión pública. Lo que pude constatar fue un proceso de construcción de autonomía social a través de la revitalización de instituciones comunitarias que ya existían pero que siempre habían permanecido en conflicto latente con el aparato administrativo del Estado. Sin duda. Claro que otras organizaciones han tenido un papel muy destacado, pero el acontecimiento simbólico ha sido el 1 de enero de 1994. No todos las comunidades indígenas pertenecen a municipios autónomos zapatistas. Existen otras organizaciones cuyas diferencias con el movimiento zapatista radican fundamentalmente en el rechazo a la violencia, una actitud menos sectaria frente al gobierno, una mayor capacidad de diferenciar entre ayuda clientelista y corruptora con colaboración institucional, pero en los objetivos básicos: autonomía administrativa y rechazo al Plan Puebla-Panamá que significa rechazo a la globalización, diría que la mayoría de los indígenas está de acuerdo. En contaste con los movimientos indígenas de otros países sus líderes son pertenecientes a sus respectivas etnias. En cambio, en el movimiento zapatista es un profesor citadino especializado en comunicación y semiótica que es el Subcomandante Marcos. ¿Por qué el movimiento indígena zapatista no tiene a uno de los suyos como líder? A mí me parece que esa es una debilidad del movimiento zapatista, el haber destacado demasiado la personalidad de Marcos. Entre los años 94 y 95 cuando todavía el zapatismo era una guerrilla, Marcos fue el que percibió lúcidamente que sin la intervención de la opinión pública internacional terminarían exterminados como en Guatemala, y también entendió que el contexto de los años 90 ya no era el de la Guerra Fría y que el uso manipulado de los derechos humanos que hacen con tanta complacencia los Estados Unidos, obliga a Occidente a manejar con cierta prudencia asuntos como la intervención armada en contra de un movimiento básicamente civil que puede ser base de apoyo de una guerrilla pero al cual no se le puede atribuir transgresiones a la ley, movimiento que se puede asimilar como de desobediencia civil activa. En ese sentido, Marcos salvó el movimiento a mediados de los 90 de una feroz represión. En cambio, después, se debió desarrollar mucho más la especificidad indígena del movimiento y apelar a la sociedad civil mexicana, pero como Marcos se llevaba también con esa izquierda internacional un poco farandulera, el resultado ha sido una sobreestimación de la contribución que podrían dar las ONGs y ha fomentado una mentalidad asistencialista. Es decir, demasiadas veces parece que las ONGs lo deciden todo y que el propio sujeto indígena no aparece. BÚSQUEDA CULTURAL DE LO PROPIO Esta pugnacidad hay que crearla, y para crearla se necesita romper la imagen positiva de los Estados Unidos que el latinoamericano medio tiene. De hecho es muy difícil pretender buscar soluciones autóctonas cuando tantos aspectos de la vida social latinoamericana son imitación de la norteamericana. Las mismas comunidades zapatistas están insertadas en un sistema globalizado en el cual hay flujos migratorios muy fuertes hacia Estados Unidos. Hay dos escenarios que se perfilan: uno, que América Latina cambie en la medida en que Estados Unidos cambie y en este sentido sería decisivo la evolución cultural y político del electorado chicano que numéricamente sigue aumentando; y dos, sería el fomento cultural. Una búsqueda cultural de lo propio que no es nada común en el ambiente latinoamericano, aunque si se da en el sector intelectual, donde es muy claro. Significa esto asumir una actitud distinta del latinoamericano medio frente a la comida, frente a la ropa y a la posibilidad de desarrollo material y espiritual a partir de recursos propios, lo cual es muy difícil, pues aún la palabra indio, por ejemplo, significa un insulto. Quiero aclarar que para mí lo indígena no es que sea la panacea para todos los males ni muchos menos, es simplemente un ejemplo de las formas de interculturalidad que pudieran constituir una alternativa concreta a la recepción de los modelos de vida norteamericana. Sin duda, en Chiapas ha tenido buen éxito. Es un mérito de los zapatistas haber evitado la degeneración de la lucha en formas violentas. Lo mismo se puede decir del movimiento antiglobalización, porque cada episodio de violencia representa diez votos más para la derecha.
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