| La quimera del juicio de la historia |
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Aviso: los ejemplos de este artículo no buscan ser rigurosos históricamente ni el debate situarse en su veracidad, sino solo ilustrativos.
Los libros de historia están llenos de imprecisiones jurídicas, económicas y sociológicas porque el historiador medio no es ni jurista ni economista ni sociólogo, no es técnico sino mero acumulador de datos, archivero, ratón de biblioteca. Pero hay concretamente un vicio que me rechina especialmente: cuando, aparte de historiadores, pretenden ser moralistas. Uno de mis profesores decía que filósofo es una rara dignidad, jamás un título académico. Aún así, hoy es común hacer juicios históricos sobre todo lo que se tercie.
La facultad del juicio es algo profundamente complicado. Implica determinar el valor o el desvalor que merece un hecho. Aplicado a la experiencia histórica el juicio suele tener la forma siguiente “menos mal que ocurrió esto, porque sino habría ocurrido esto otro”. Quiero hacer notar que el verbo ocurrir es un verbo impersonal, es decir carece de sujeto. Es como el verbo amanecer, llover u oscurecer: no hay nadie que lo realiza. En este sentido, me cuesta entender como se puede proyectar un juicio moral sobre algo que carece contenido moral puesto que no hay agente alguno, es decir, es exógeno respecto del comportamiento.
Se me replicará, con razón que cuando un hecho histórico ocurre, normalmente es el resultado de la acción humana en combinación con el medio. La guerra civil no ocurrió, no sucedió, fue fruto de un golpe de estado dado por personas identificables que, ellas sí, pueden merecer un juicio de carácter moral. Pero el problema es que un suceso histórico es el fruto de un conjunto de interacciones que conllevan un grupo importante de acciones y reacciones encadenadas. El golpe de Estado del 36 fue una reacción a una serie de hechos motivada por otros que a su vez también estaban motivados por otros. Se puede realizar entonces, es cierto, un juicio sobre la acción de cada individuo, pero esto supone tomar en cuenta sus circunstancias de forma sumamente concreta. Para realizar este juicio hay que valorar la elección que tomó: ir o no a la guerra, firmar o no firmar el tratado… Pero también las que tomaron los otros agentes, puesto que la causalidad supone que existe una condición sine quan non. Pero un juicio moral no podría detenerse aquí, habría que ver también por qué lo hizo. ¿Qué pretendía hacer? ¿Cuáles eran sus objetivos? ¿Estaba presionado por algo o alguien? ¿Existía una alternativa?
Pongamos un ejemplo: los que ensalzan a los dictadores por lo que hicieron al salvar a su país del comunismo y de esta forma rindieron a la libertad un servicio inestimable al evitar la instauración de regímenes soviéticos. Pero lo que parece relevante es que, de forma mayoritaria, las razones por las que oponían al comunismo eran tan moralmente reprobables como el comunismo mismo. Es cierto que apostando por la economía de mercado ordenada pusieron las bases para una sociedad democrática y liberal, sin embargo, es evidente que eso no era lo que pretendían. En la medida en que no lo pretendían, no creo que se pueda juzgar positivamente. Al contrario, los que apostaron por el comunismo creyendo que este sería un factor de emancipación, aunque se equivocaran, ¿no merecerían un juicio moral mas positivo? Lo que intento hacer no es revisionismo histórico, es hacer ver que juzgar a un hombre es algo muy complicado que no se puede hacer a la ligera porque implica tener un conocimiento de las motivaciones del sujeto que, de forma mayoritaria, no tenemos.
Pero ¿se puede juzgar un hecho histórico? si, pero no moralmente, es decir, desde un punto de vista puramente descriptivo, en términos de causa-efecto y determinar si sus consecuencias fueron positivas o negativas. Pero aquí también hay un problema. La tentación es grande de tomar partido y alabar tal o cuál fenómeno por sus consecuencias.
Pongamos otro ejemplo. Se considera que la victoria del bando nacional en la guerra civil impidió que aflorara una dictadura comunista en España. De forma implícita, se está diciendo “menos mal que estaba Franco, sino hoy estaríamos a la altura de Polonia”. El problema esencial es que el juicio se puede trasladar: es evidente que la Unión Soviética jugó un rol esencial en la derrota de Hitler, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido juzgar positivamente a la unión soviética.
Se puede entrar a hilar mas fino, y decir que de todas formas si la unión soviética no hubiera estado, los aliados habrían ganado. Pero al eliminar un elemento de la descripción, estamos modificando toda la realidad histórica y estamos especulando y haciendo profecías. Estamos diciendo que habría ocurrido en realidad si la realidad hubiera sido otra. Pretender especular sobre que habría ocurrido si la guerra civil no hubiera tenido lugar, supone imaginar una realidad alternativa ¿por qué no tuvo lugar? ¿suponemos que no había conflictos sociales en España? Entonces está claro que no habría tenido lugar, pero es difícil explicar históricamente una época en que no existieran esos conflictos. ¿Suponemos que Franco nunca llegó a general? ¿Bueno en ese caso quién habría estado en su lugar? ¿Qué habría impedido entonces que los comunistas tomaran el poder? ¿Que nos hace pensar que eso no habría cambiado el curso de la guerra mundial que siguió? Cuando nuestra disciplina es la historia, nuestro trabajo es explicar por qué ocurrió qué. Explicar qué habría ocurrido en ausencia de un determinado hecho, supone especular sobre lo posible y lo probable. Pero, como a diferencia de en ciencias naturales, las ciencias sociales no operan sobre un paradigma fijo sino esencialmente cambiante y reflexivo, ello supone imaginar que las reacciones a ese hecho habrían sido distintas, es decir, imaginar las acciones de un número importante de actores, algo que supone conocer sus motivaciones por eso determinar lo que habría pasado de forma hipotética implica hacer uso de una información que no tenemos ni podemos tener.
El problema que subyace es que la historia no es una suma aritmética de factores cuyos procesos se explican ceteris paribus. La división en causas y efectos históricos no es una división propia de la realidad, sino una necesidad de su estudio. El conocimiento humano exige describir y explicar y para ello dividimos en factores y causas determinantes. Pero esas causas no gozan de individualidad, sino que forman parte de un proceso global, de un todo indivisible. La historia es el gran laboratorio de las ciencias sociales y es necesario acudir a ella para buscar evidencias empíricas de cara al futuro. No es en cambio posible realizar juicios morales sobre ella.
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| Escrito por Citoyen | |
| jueves, 14 de junio de 2007 | |
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Los libros de historia están llenos de imprecisiones jurídicas, económicas y sociológicas porque el historiador medio no es ni jurista ni economista ni sociólogo, no es técnico sino mero acumulador de datos, archivero, ratón de biblioteca. Pero hay concretamente un vicio que me rechina especialmente: cuando, aparte de historiadores, pretenden ser moralistas. Uno de mis profesores decía que filósofo es una rara dignidad, jamás un título académico. Aún así, hoy es común hacer juicios históricos sobre todo lo que se tercie.






