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sábado, 05 de julio de 2008
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La felicidad es revolucionaria Imprimir E-Mail
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ImagePartamos de una base. Supongamos que el mejor sistema político-económico es aquel que permite a más personas ser felices. No el que garantice mayor riqueza, ni mayor esperanza de vida, sino mayor felicidad.

Pero ¿qué es la felicidad? En aras de la brevedad no voy a resumir miles de años de filosofía y psicología. Incidiré en un solo punto que, creo, es importante para comprender el resto del presente artículo:

Muchos pensadores han intentado vincular la felicidad a distintas virtudes como la cultura, la libertad, el placer o el bienestar económico-social. No voy a ser yo el que tilde ninguna de ellas como fuente de infelicidad ni como negativas pero realmente no creo que sean tan importantes.

Acudamos a un ejemplo extremo. ¿Alguien puede dudar que Adolf Hitler fue feliz durante su triunfal desfile por el París ocupado? Si fue, efectivamente feliz, al menos durante ese corto periodo de su vida, cabría preguntarse qué produjo tal felicidad. ¿La venganza? ¿Las ansias de venganza que sin duda sufrió desde el final de la Gran Guerra? A mi me parece lo más probable pero, entonces ¿es acaso la venganza una fuente de felicidad? Yo creo que en el caso concreto que estamos tratando sí, lo fue.

¿Quiere decir esto que la venganza es necesaria para ser feliz? Evidentemente no. Sin embargo, si siguiéramos el ejemplo de nuestros grandes pensadores deberíamos extrapolar este ejemplo concreto y afirmar que la felicidad únicamente puede alcanzarse por medio de la venganza. Pero entonces ¿estamos diciendo que una persona que no siente necesidad de vengarse de nada es incapaz de ser feliz? Es un absurdo. Tan absurdo como considerar que para ser feliz es necesario ser culto, bueno, libre, etc.

Podemos pensar también que la venganza en sí misma es incapaz de producir la felicidad y que lo que la produce es el hecho de alcanzarla. En otras palabras, si una persona necesita la venganza para ser feliz, hasta que no la alcance, no podrá serlo.

Es por lo tanto la necesidad de venganza lo que hacía de Hitler un infeliz, y al desaparecer brevemente durante aquellos días, Hitler fue brevemente feliz. Este ejemplo puede ponerse con infinidad de personas mucho más admirables que el austriaco: Epicuro era feliz porque podía satisfacer sus necesidades de conversación; Platón era feliz al alcanzar su necesidad de sabiduría; Diógenes era feliz al no necesitar nada más que su tonel. La felicidad no parece alcanzarse con nada en concreto, sino más bien al dejar de necesitar ese algo concreto. Por lo tanto, podríamos decir que es feliz aquel que alcanza todo aquello que necesita.

De ello se deduce que existen dos sendas para alcanzar la felicidad: Conseguir aquello que se necesita o dejar de necesitar aquello que no se tiene. Podríamos decir a grandes rasgos que el primer método sería la vía hedonista y la segunda la vía estoica. ¿Cuál de las dos es superior? Epicuro era feliz en su vida de placer. Diógenes era feliz necesitando únicamente una escudilla, y cuando descubrió a un perro bebiendo de un charco decidió que no la necesitaba. Es difícil saber cual de los dos era más feliz, pero aunque alguno de ellos lo fuera ¿acaso es importante? Si el único fin del hombre es el de alcanzar la felicidad ¿acaso importa cual sea el método utilizado?

Pongamos como ejemplo una situación que probablemente habrá sufrido el lector. Una persona se enamora de otra que no le corresponde. La primera persona necesita a la otra, y como no la tiene, es infeliz. ¿Cómo puede alcanzar la felicidad? Sólo existen dos maneras: la primera es enamorar a la persona amada, la segunda es olvidarla.

Capitalismo, enemigo de la felicidad.

Es sabido que vivimos en un planeta con grandes desigualdades en el que la inmensa mayoría de los seres humanos se ven obligados a sobrevivir en la miseria. Pero, en este artículo, prefiero no hablar de las infelicidades que produce el capitalismo entre los más indefensos, en vez de eso, prefiero centrarme en los supuestos beneficiados del Capitalismo. Hablemos sólo del primer mundo.

El Capitalismo es un modelo económico que necesita permanentemente estar en crecimiento, cuando no crece entra en crisis. El Capitalismo avanzado necesita del consumo, si este decae, no puede crecer. Y para mantener alto el consumo, el Capitalismo avanzado recurre al Consumismo. Creo que todos estaremos de acuerdo en esto.

El Capitalismo necesita, por lo tanto, crear constantemente nuevas necesidades consumistas. Necesidades que, por definición, no todos pueden satisfacer. Teniendo en cuenta que la felicidad consistía en tener aquello que se necesita, esta creación de nuevas necesidades, necesariamente, han de provocar infelicidades.

Habrá quien afirme que el Capitalismo, aunque cree nuevas necesidades, también cubre otras. No estoy totalmente de acuerdo con esta afirmación, pero vamos a aceptarla como válida. El problema surge cuando, independientemente de su eficacia cubriendo necesidades, el Capitalismo es muchísimo más eficaz creando nuevas. Si las personas carecieran de voluntad, no podrían ser felices en una sociedad capitalista porque nunca podría pagar todo lo que se les ofrece de forma atractiva. Aquel que consigue ser feliz es, precisamente, no dejándose llevar por la publicidad consumista. Para nuestro sistema económico, es malo que una persona sea feliz. Porque una persona feliz compra menos. En el Capitalismo, la felicidad es revolucionaria. Es antisistema. Así de perverso es nuestro modelo.

Pero el Consumismo no es únicamente una incitación a aumentar las compras, es también todo una filosofía y una forma de ver la vida. Nos es preciso rodearnos de objetos inútiles que servirán para llenar vacíos y para conseguir la felicidad. ¿Quieres hacer amigos? Compra Donetes. ¿Te sientes gordo? Bebe Fontvella. ¿Te sientes poco valorado? Cómprate un Mercedes. Todos los problemas de la vida pueden ser solucionados comprando algo. Todo es sustituible por algo. La felicidad está al alcance de tu bolsillo.

Pero lo más importante de todo es asegurarse de que no tenemos menos que ninguno de nuestros vecinos No pasa nada por no tener coche... siempre y cuando nadie de tu entorno lo tenga. Empiezan a surgir conceptos como el de “perdedor” o “triunfador” que marca a los seres humanos desde que alcanzan la adolescencia. Nadie quiere estar en el grupo de los perdedores, que por otra parte han de ser necesariamente la inmensa mayoría de las personas, ya que sólo unos pocos pueden ser “triunfadores”. Como es algo que depende del entorno, ni siquiera hay barrios de “triunfadores” y “perdedores”, sino que aquel que gana mucho dinero tendrá que competir contra otra gente que a lo mejor gana más que él y en vez de ser un “triunfador” en un barrio pobre es posible que se vea obligado a vivir como un “perdedor” en un barrio rico.

Este modelo resulta terriblemente eficaz. Todo el mundo se esfuerza en la competencia por acumular objetos inútiles que demuestren que no son “perdedores”. De esta forma aumenta la productividad y el consumo mientras millones de personas viven alienadas e infelices.

¿Y a quien beneficia todo esto? Pues a nadie, y eso es lo más perverso del sistema. Las supuestas clases “beneficiadas” se ven a su vez envueltas en este vendaval capitalista y consumista, entrando en un ciclo de autodestrucción que puede terminar fácilmente en la cárcel, sin familia ni amigos reales o con el hígado y el corazón destrozados por el estrés. Los grandes empresarios, en contra de lo que se suele suponer, son uno de los colectivos más trabajadores de nuestra sociedad. Deben mantener un alto nivel de trabajo y eficacia y eso se traduce en una vida sin tiempo para establecer relaciones afectivas y en unos grados de estrés sumamente destructivo. No es algo que conozca bien, pero sospecho que en realidad el estrés es el principal causante de muertes en nuestras sociedades.

No digo, por supuesto, que este sea el caso de todos los miembros de las clases altas de nuestra sociedad, pero sí que es el caso de la mayoría.

El ser humano del sXXI no está alienado por su trabajo, como afirmaba Marx, sino por una sociedad que pretende que para ser feliz es necesario pertenecer a un ridículo porcentaje de personas que no tienen tiempo para vivir.

¿Cómo podemos haber caído en una trampa de este calibre? ¿Por qué nos resulta tan difícil salir de ella?

Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por Invitado, on 12-04-2007 14:22,
1. dayana
pues tengo 13 años y me gusta mucho la democracia el fin de semana yo metere un ensayo del cole acerca del trabajo a destajo 
 
inspirado en el libro el capital por carlos marx[LIST][*]null
 
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Escrito por Jorge Coto Bautista   
lunes, 20 de marzo de 2006
 
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