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Cuentan que mientras se elaboraba el proyecto de una de nuestras efímeras constituciones- no recuerdo cuál-, uno de los ponentes dejó caer la cuestión del salario que debían cobrar los representantes de la nación. -Nada- respondió otro ponente-, pues desempeñarán su función de un modo desinteresado, sin recibir nada a cambio. - Pues entonces- respondió el primero- les van a salir muy caros al país.*
Parece que el alcalde de Torrelodones anda muy preocupado también porque la falta de peculio atraiga a los gobernantes a la corrupción, y por ello se ha subido el sueldo, a sí mismo y a sus concejales, hasta un 30%. Que no es poco, ya que el alcalde de una población de 17.000 habitantes ha pasado a cobrar más que el edil de la capital del reino. Claro que igual llueve sobre mojado... porque el sujeto en cuestión ha sido acusado por miembros de su propio consistorio de extorsionar a un empresario con el bienintencionado fin de financiar su partido, y ha auspiciado unos cuantos proyectos urbanísticos que tienen que trinan a las asociaciones ecologistas. Pero es lo que tiene la política local, que uno se tiene que enfrentar a las envidias malsanas de unos malos compañeros y a las reivindicaciones atolondradas de unos jipis salvaencinas. Mucho tiene que sufrir el pobre hombre, así que bien se podría merecer un aumentito de sueldo para ir haciendo un rincón para el futuro. Que a ver si una vez jubilado no le va a alcanzar para un pisete junto al campo de golf. *Como escribo de memoria, no puedo transcribir el diálogo exacto. Pero era más o menos así.
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