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La naturaleza del contrato II |
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El contrato puede considerarse como la forma más humanizada de sumisión que ha existido en la historia. La afirmación, ciertamente es atrevida, pero aún tratándose de una exageración no deja de contener la esencia de lo que es un contrato.
El contrato disfrazado de pacto esta constituido en igualdad que no significa lo mismo que entre iguales. Se basa en una sociabilidad que busca la relación recíproca entre dos o más partes para un beneficio común. Si bien, el contrato es un intercambio que exige una responsabilidad de las partes que incluye ética y moral. Pero el resultado del contrato es la legitimización de una desigualdad, su justificación legal e inclusive su protección ante una entidad superior. Es decir el contrato posee una forma ética de reciprocidad, pero su resultado no siempre remite a la misma esencia ética ni reciproca de su forma.
La humanización que supone el contrato como regulador de la vivencia y convivencia entre humanos es evidente si la comparamos con sus antecedentes en la historia, desde la esclavitud, el vasallaje o otras fórmulas de estructuración social. El contrato, esta forma civilizada occidental de sellar una reciprocidad es puramente formal, tan solo es una forma elegante de representar la dominación de unos sobre otros, de forma humana, eso sí, pero no por ello más desigual. Cuando la desigualdad se hace palpable junto con la necesidad, con la renuncia de una de las partes en lo que es la aceptación libremente de unas condiciones y reglamentaciones. En un contrato las reglamentaciones más que aceptadas son asumidas. Así es como la naturaleza del contrato se nos presenta como lo que es: una construcción social. Pero no por ser una construcción social más o menos aceptada es la única válida y posible. Sociedades más antiguas basadas en una reciprocidad mútua cuyo resultado era una redistribución de las riquezas con el fin de la supervivencia de todo el grupo social fueron ejemplo de otros tipos de ritualización. Como ejemplos de esta reciprocidad tenemos ejemplos etnográficos como el kula en las islas Trobriand, el potlach en América del Norte. Así, la ritualización actual en las sociedades modernas y capitalistas son los contratos, el rito de paso que justifica en la misma medida que otros rituales un tipo de relación entre humanos. No obstante, el contrato regulado, cargado de ética, controlado, si busca su sentido de reciprocidad, equidad y justicia social no tiene que ser visto como justificación de la explotación y la forma más humanizada de sumisión social. Es el significado y la utilidad dada al contrato la que dota de sentido la humanización de la sumisión. Si el ser humano es el fin y no un medio no hay que desconfiar de la palabra contrato.
Para contactar con el autor: gerard.fontdevila@hotmail.com.
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Escrito por David Fornons
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domingo, 19 de marzo de 2006 |
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