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miércoles, 08 de octubre de 2008
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¿Son legítimas las dictaduras en el Tercer Mundo? Imprimir E-Mail
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ImageHace cosa de un mes hablé aquí, en Socialdemocracia.org, de los adornos de aspecto "democrático" con que el régimen de Fidel Castro pretende legitimar su poder dictatorial. Durante este mes, a parte de encendidos debates con gente que ha intentado presentarme esos adornos como estructuras "asamblearias" con contenido real, también he tenido debates con gente que, admitiendo de un modo u otro el carácter dictatorial del régimen de Fidel, aceptaban no obstante la legitimidad de su dictadura. El asunto sería este: Cuba es un país tercermundista y en los países tercermundistas no hay otra manera de hacer las cosas que a golpe de dictadura. Cada vez que las izquierdas intenten realizar su programa social, la derecha contestará con un golpe de Estado y una dictadura sanguinaria; por tanto, lo único que cabe hacer es pasar a la ofensiva.

Esta estrategia argumental presenta algunas credenciales dignas de ser tenidas en cuenta. Principalmente la siguiente: a lo largo del siglo XX, se instalaron en América Latina diversos gobiernos izquierdistas de perfil reformista que acabaron ahogados por un golpe de estado militar seguido de un exterminio físico de la oposición izquierdista. El caso más conocido sería el de Salvador Allende en Chile, llegado al poder por la vía de las urnas y derrocado por el golpe de Augusto Pinochet. Estos casos confirmarían que la "vía cubana" no solo es la única posible en el Tercer Mundo de cara a realizar un programa de izquierdas sino que, además, es totalmente legítima.

Rascando un poco más en la pared del argumento veremos cómo comienzan los problemas. Por lo pronto, que la vía de las urnas no sea efectiva (si es que no lo es) de cara a poner en marcha un programa de izquierdas en el Tercer Mundo no significa automáticamente que la vía dictatorial si que lo sea. Se podrá esgrimir, en efecto, que Cuba mantiene unos indicadores de alfabetismo y esperanza de vida superiores a los de buena parte del Tercer Mundo e incluso a los de parte del Primero. Pero más allá de esto poca cosa más cabe decir sobre la efectividad del sistema cubano de cara a poner en práctica un programa de izquierdas. Al fin y al cabo, la izquierda se supone que no lucha solo para que la gente viva mucho tiempo y tenga una buena educación. La lucha de la izquierda es, fundamentalmente, una lucha contra los privilegios de iure y de facto, una lucha por la igualdad política que se interesa por la desigualdad económica en la medida en que esta corroe aquella.

Y el caso es que en Cuba difícilmente se puede hablar de igualdad política entre los ciudadanos. Primero de todo por una razón evidente: al ser los comunistas castristas los únicos a los que les es permitido organizarse políticamente, parten de una situación de ventaja respecto al resto de corrientes políticas (liberales, socialdemócratas, comunistas no-castristas...) que no tiene que ver con su capacidad para ganar apoyos entre la población sino con su capacidad para reprimir violentamente la organización política de esas otras corrientes. Pero hay otra razón, menos visible, más silenciosa, más cotidiana y, por tanto, más siniestra por la cual en Cuba no podemos hablar de igualdad política: por el poder absoluto del que gozan algunas personas sobre conjuntos de población más o menos amplios. Desde Fidel Castro hasta el último portavoz de un CDR de barrio, los que están insertos dentro del sistema político cubano gozan de espacios amplios para interferir arbitrariamente en la vida de los demás. Dicho de otro modo: si yo gozo de un cierto poder dentro del régimen cubano y usted me ha hecho alguna jugada (por ejemplo, si mi mujer me ha puesto los cuernos con usted) dispongo de una capacidad sorprendentemente fácil para enviarle a prisión. Basta con que mueva unos cuantos hilos para que las autoridades lo declaren jurídicamente "peligroso" y usted pasará a estar privado, en la práctica, de derechos civiles. Los sabuesos del régimen podrán seguirle a todas horas en todas partes, sus comunicaciones postales y telefónicas podrán ser intervenidas y, en extremo, se le podrá enviar "provisionalmente" a una prisión o a un centro de "reeducación". Con esto no quiero decir que los que tienen poder dentro del régimen cubano adopten siempre (ni siquiera mayoritariamente) este tipo de medidas arbitrarias; lo que quiero decir es que pueden hacerlo. y la gente, consciente de ello, se guarda mucho de cometer afrenta alguna contra quien puede enviarles a prisión de un modo fácil y rápido. Las situaciones de dominación no se caracterizan solo por el hecho de que el dominante ejerza su dominio, sino sobre todo por el conocimiento que tanto él como sus subordinados tienen de que puede ejercerlo. Solo con eso, ya basta para que los dominados vean cercenada su libertad. Y este dominio, esta situación de poder absoluto de que gozan algunos individuos en el sistema cubano, es una consecuencia directa de su poder dictatorial. Como dijo el astuto pensador liberal lord Acton: "el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

También hay otra razón para dudar de la superior efectividad de las dictaduras de izquierdas de cara a realizar un programa de izquierdas, y es la siguiente: hasta hoy, los países que han padecido este tipo de dictaduras no solo no han construido una sociedad socialista estable sino que normalmente han acabado volviendo al capitalismo más salvaje, siendo los principales beneficiarios del mismo los antiguos burócratas de la dictadura. No sólo hay que irse a Rusia para ver esto: China o Vietnam son casos flagrantes de esta promiscuidad político-económica de los aparatchiks de las tiranías de izquierdas.

Hay una última razón por la cual esta defensa de las dictaduras de izquierdas en el Tercer Mundo resulta problemática para los izquierdistas que la sostienen. Se trata de lo siguiente: hay una intuición moral difícilmente resistible dentro de nosotros que nos dice que no podemos considerar válido para los demás aquello que no consideraríamos válido para nosotros mismos. Yo puedo ir a la guerra a matar soldados del ejército enemigo, pero si matan a un compañero mio no podré quejarme. Podré lamentarlo y podré echarle al enemigo la culpa de que la guerra esté en marcha (si es que realmente tengo razones que lo demuestren), pero si entro en el juego de la guerra, entro con todas sus consecuencias. No puedo considerar moralmente válido matar soldados del ejército enemigo y al mismo tiempo considerar que no es moralmente válido que esos mismos soldados maten a los compañeros de mi ejército. Por esa razón Amnistía Internacional considera que matar soldados desde un grupo armado de oposición (puede tratarse de una banda terrorista) no constituye un atentado contra los derechos humanos: porque entonces absolutamente cualquier intervención armada lo constituiría. Pues bien: si planteamos la cuestión de las dictaduras en el Tercer Mundo como algo inevitable, donde lo único que se puede decidir es si la dictadura es de izquierdas o de derechas, entonces no podremos condenar moralmente a las dictaduras de derechas como la de Pinochet por encarcelar y asesinar izquierdistas. Podremos luchar contra ello e intentar derrocar al dictador, pero si lo hacemos con vistas a establecer nuestra propia dictadura, entonces estaremos admitiendo que el asesinato político, el encarcelamiento de la disidencia y el cercenamiento de la libertades de expresión, reunión y asociación son herramientas válidas a la hora de hacer política en el Tercer Mundo. Y si lo son, lo son tanto para nosotros como para Pinochet. No caben juicios morales sobre lo que se considera inevitable. Si nos consideramos moralmente autorizados a decir aquello de "la bolsa o la vida", entonces no nos queda otra que aceptar que los demás están igualmente legitimados para hacernos ellos la oferta si tienen la fuerza suficiente como para hacerlo.

Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.



Comentarios de los usuarios (1) RSS feed comment
Escrito por tommic, on 18-07-2007 16:14,
1. ...
julio 2007, ni una sola referencia a Venezuela,Bolivia etc ? resulta sospechosdo. 
cuando el articulo trata de la toma del poder de la izquierda y aun soportando golpes de estado siguen en pie, talvez a Allende le faltaron 149999 AK47, los que tiene Venezuela para defenderse del Fascismo...
 
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Escrito por Lluís Pérez   
domingo, 08 de julio de 2007
 
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