| No me déis gato por liebre |
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Curiosamente hoy comentaba a una compañera de trabajo la rabia que me daba que cada vez que me encontrara mal, o algo no funcionara bien en mi cuerpo, alguien tuviera que soltar la dichosa frase: “¿no estarás embarazada?”. Como si lo único que pueda explicar mi fisiología fuera mi útero. Los que no sepan qué se siente, imaginen cómo sería que cada vez que les doliera la cabeza les cuestionaran si es debido a la fimosis. Por comparar, vaya.
Por eso también he torcido el gesto ante ese informe mencionado en el artículo de Cándido, porque mal que me pese cada vez que hablamos de la incorporación de la mujer al ámbito laboral tenemos que meter en la ecuación la maldita natalidad. Que ojo, soy consciente de que las condiciones sociales y laborales de la mujer son un factor importante a tener en cuenta, pero, ¿alguien se cree que viviendo en paridad absoluta las parejas mileuristas tendrían más hijos? Al ritmo que crecen las hipotecas, mucho me temo que para ello harán falta algo más que unas cuantas guarderías y una sala de lactancia en la oficina. Incluyendo, cómo no, que dejemos de confundir- y a falta de una buena forma de decirlo en español tendré que recurrir al inglés, agradeceré sugerencias sobre una traducción- breeding con parenting. Lo primero está condicionado por limitaciones físicas y no creo que las mujeres podamos escaquearnos en mucho tiempo; para lo segundo no hay excusas: la crianza de los hijos es responsabilidad de todos los que los tienen a su cargo; y hasta que no haya una completa asunción de este punto no veremos, ni igualdad de género, ni subida de la natalidad.
Cuestión aparte es el mito de la menor productividad de las mujeres. Dadas las mismas circunstancias de veteranía, grado de educación, etc, las diferencias de productividad entre hombres y mujeres son imperceptibles- no así las diferencias de salario: tanto si se trata de los miembros de un colegio de psicólogos como de los granjeros de Tailandia, la igualdad en las condiciones de trabajo trae siempre aparejada la igualdad en los niveles de productividad. Por otro lado la pérdida de los empresarios a causa de las bajas por maternidad es probablemente menor en un estado del bienestar: las bajas son cubiertas por las aportaciones a la Seguridad Social, mientras que los contratos de sustitución por maternidad están bonificados. Dejando aparte los costes de formación y adaptación al puesto de trabajo del sustituto, la pérdida no es mayor que la que ocasiona una incapacidad laboral de larga duración- que en el Reino Unido por ejemplo, solicitan muchos más hombres que mujeres- o una sustitución por jubilación.
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| Escrito por Mireia Ortega | |
| miércoles, 11 de julio de 2007 | |
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