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La guerra por Barcelona aún continua. Las pasadas elecciones municipales en definitiva tan sólo fueron una batalla, dura y cruda, en que los vencidos no sintiéndose como tales continúan plantando cara al orden municipal.
Sí, la batalla fue ganada, citando aquell gran estadista inglés de Bombin negro y algún que otro kilo de más con sangre sudor y lágrimas por el tripartito gobernante, que como herida de guerra ha pasado a ser un bipartito. Un líder republicano temeroso de perder la cabeza y no por amor ha optado por el suicidio elegante de sus congéneres entregándose a las fuerzas opositoras en lo que va a representar una especie de abrazo del oso que tampoco va a ser por amor. La siguiente batalla define dos frentes irreconciliables: por un lado “los malos de siempre” dígase PSC y Inicativa y por otro las fuerzas nacionales, españolas y catalanas de marcado signo conservador PP y CiU junto a una sorprendente ERC, la cual sorprendida y alucinada por este pequeño califa llamado Portabella que esta posando en la fotografía junto al partido popular y los convergentes. La batalla es el AVE. Esta batalla es curiosa, puesto que salvo Iniciativa antaño todos defendían la misma postura, y no por amor. La batalla presenta otras peculiaridades: la súbita solidaridad de la oposición municipalista con los ciudadanos de la calle Provenza de Barcelona (con los otros al parecer no) y con la Santa Madre Iglesia temerosa que el túnel y el AVE, engendro del demonio, contamine el subsuelo sagrado del Templo de la Sagrada Familia, a la que curiosamente Gaudí quiso que fuera la Catedral de los Pobres, defendida ahora por los partidos de derechas. Otra peculiaridad es ver como el resto de la ciudadanía de Barcelona o bien pasa de todo o bien aprueba que el tren llegue a la ciudad. Otra, aún más curiosa si cabe, es que las fuerzas económicas consideran que una especie de enfermedad neuronal ha afectado a la oposición municipalista, (dicen parecida al mal de las cabras lerdas) retrasando y encareciendo unas obras imprescindibles para la ciudad, o mejor dicho para los bolsillos de la ciudad. Por primera vez el empresariado ven a los partidos de izquierda del consistorio sin cuernos, cola y tridente. Curioso muy curioso. Otra peculiaridad, Portablella, que no ERC, propone el paso del túnel por la calle Aragón. ¿Qué pasa, odia a los vecinos de la calle Aragón? ¿Allí vive alguna doncella, posiblemente la única que no cayó ante sus encantos? ¿Qué diferencia hay entre la calle Provenza y la calle Aragón? Malas lenguas afirman un odio Portabellí hacia todo lo que suena a maño (ep, ¡el padre de Carod Rovira era aragonés!) ¿Cómo acabará esta batalla? La única esperanza que uno tiene es que no degenere en una vuelta al pasado y las fuerzas opositoras tomen Montjuic y bombardeen la ciudad, aquella antigua moda que solían tener los ocupantes opresores de la ciudad en los siglos XVIII, XiX y XX. Espero que no entren por la Diagonal, vía Espulgues y menos aún vía Fórum, seria muy, pero que muy feo... como pegar a un padre, o a la madre...
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