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En alguna parte hemos leído una interpretación de George Orwell que lo secuestra del ideario de la izquierda y se lo apropia como un símbolo del liberalismo. Si bien las críticas al estalinismo en “Rebelión en la Granja” o “1984” (aunque la carga ideológica de esta última obra merece otras interpretaciones que dejaremos para más adelante) podrían darlo a entender en una lectura somera, el testimonio que nos deja en su menos conocida “Homenaje a Cataluña” es de lo más esclarecedor.
“No ignoro que está de moda, hoy en día, negar que el socialismo tenga nada que ver con la igualdad. En todos los países del mundo una inmensa tribu de escritorzuelos de partido y de pequeños profesores de Universidad se han ocupado a “probar” que el socialismo no es más que un capitalismo de Estado más planificado y que mantiene completamente su lugar como presto a la rapacidad. Pero afortunadamente existe también una forma de imaginar el socialismo del todo diferente a ésta. Aquello que atrae al común de los hombres al socialismo, aquello que hace que estén dispuestos a arriesgar la piel por él, la “mística” del socialismo, es la idea de igualdad; para la inmensa mayoría de la gente, el socialismo significa una sociedad sin clases, o no significa nada”.
Hace ya varios años que leí “Homenaje a Cataluña” por primera vez, en la versión francesa que me regaló mi tío abuelo. Le tengo a ese libro un cariño especial, no sólo por el valor sentimental del regalo, sino porque las vivencias de Orwell en aquella guerra me atraen, por alguna extraña conexión subconsciente, la imagen de mi abuelo a sus apenas 15 años recorriendo los kilómetros que separan Barakaldo de Gernika para ayudar a sacar de los escombros a las víctimasde los bombardeos.
Y de este modo George Orwell se convirtió en una versión de mi abuelo, más adulta si se quiere, relatándome las luchas y las penurias pero también la atmósfera irreal que reinaba en las trincheras de Aragón, en las que las diferencias de clase se habían diluído en lo que el autor llamaría “un anticipo del socialismo”, aún consciente de su fragilidad, como queda demostrado tras los disturbios de Barcelona.
Aunque de ideas anarquistas, Orwell participa en buena medida del ideario de revolución socialista que busca la igualdad por encima de todo, y es sobre todo un firme opositor al sistema imperante, lo que le lleva a criticar duramente ciertas posiciones comunistas que defienden la alianza en el Frente Popular con determinados sectores de la sociedad capitalista. Pero entre el gobierno de Negrín – más a la derecha de lo que el autor querría – y la amenaza de Franco, no existe lugar a dudas: “sean cuales sean los defectos del gobierno de la posguerra, una cosa es cierta: que el régimen de Franco sería peor”.
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Mireia Ortega
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miércoles, 22 de marzo de 2006 |
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