| Ese “problema” europeo que empieza por D IV: El déficit democrático subjetivo |
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En realidad, el déficit democrático, es precisamente eso, una sensación. Se trata de una cuestión de carácter puramente subjetivo, una ausencia de participación subjetiva de los ciudadanos. Mientras que en todas las democracias nacionales los medios de comunicación siguen las actividades del gobierno y los ciudadanos sienten tener a estos gobernantes bajo control, mientras que en las democracias nacionales existe un debate democrático en la sociedad civil nada parecido ocurre en la unión europea.
Esto se debe en primer lugar a la idea común de lo que es una democracia. Por democracia entendemos, básicamente, el modelo democrático de división de poderes que hay en las democracias nacionales. El esquema comunitario, como se ha visto, difiere sustancialmente de éste y por eso es mas difícil percibirlo como una democracia.
En segundo lugar, se debe fundamentalmente al carácter acéfalo de la unión europea es decir el hecho de que no exista ningún órgano visible que represente la acción europea, impide que exista una relación agente principal entre la opinión pública y los órganos europeos. No existen “políticos” europeos, porque lo que el ciudadano europeo percibe como sus representantes son los políticos nacionales, no los europeos. El ciudadano medio vota en las elecciones europeas al candidato que presenta su partido en las nacionales. Por otro lado las decisiones europeas no son suficientemente políticas para interesar a la gente. Mientras que todo el mundo se interesa por la reforma educativa, muy pocos lo hacen por la última directiva sobre seguridad e higiene en la hostelería.
Incluso cuando esto ocurre, las decisiones tienen un carácter transpartidista que no se corresponden con la división tradicional izquierda y derecha. El sentimiento europeísta o euroescéptico no es propiamente de izquierdas ni de derechas. Por otro lado los partidos políticos juegan un papel de estructuración de la opinión, algo así como un mercado ideológico que la ciudadanía plebiscita, sin embargo, al no existir partidos políticos europeos (un miembro del PS francés tiene muy poco que ver con un laborista inglés) esta función estructurante del debate no existe y por eso no hay debate europeo.
El problema es por tanto puramente subjetivo. No es tanto que no se pueda participar en las instituciones europeas, sino que el ciudadano tiene la sensación de no participar, cuando en realidad, sí lo hace. El ciudadano no mantiene bajo control a las instituciones, aunque en realidad éstas están muy controladas. Por esta falta de participación, las instituciones europeas necesitan adaptarse: en lugar de haber un debatep úblico, lo hay con las organizaciones de la sociedad civil (lobbies, asociaciones, sindicatos...) y con los Estados, en lugar de haber un gobierno nombrado exclusivamente por el parlamento, está también nombrado por los Estados.
¿Cuál es la solución a este problema? La solución pasa por crear una opinión pública europea. Para que esto ocurriera, tendría que haber un debate público europeo y por tanto unos medios de comunicación europeos donde este debate se llevara a cabo. Sin embargo, estos tienen muchos obstáculos. En primer lugar, no existe una lengua común en la que debatir. En segundo lugar, no existen temas de interés que debatir (como decía, la seguridad e higiene no es un tema apasionante). Por eso los dos primeros pasos para la superación de este déficit subjetivo debería ser un sistema educativo europeo progresivamente armonizado (y no oponerse al proceso de Bolonia) y la transferencia de competencias con contenido más político a la UE (como ya argumenté en otro artículo, la política exterior sería un primer paso).
Lo que carece de sentido, sin embargo, es quejarse del sistema, contra el sistema, cuando el problema no reside en él.
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| Escrito por Citoyen | |
| domingo, 05 de agosto de 2007 | |
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Lo que he explicado en anteriores artículos puede parecer sorprendente. Según esto, no existiría nada parecido a un déficit democrático y sin embargo, no existe ninguna sensación de control sobre las instituciones europea. (Continuación de los artículos: 





