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El abuelo Marx se cuenta entre las personas cuya tasa cita/lectura debe ser mas alta. Eso no es preocupante cuando, como es mi caso, uno no se dice marxista, si lo es en cambio cuando uno reivindica una herencia materialista histórica y cree que el motor de la historia es la lucha de clases. Ese es el caso de una parte de la izquierda globófoba. Mientras abominan con una mano del libre comercio internacional reivindican con la otra la herencia de la AIT. ¿Es posible esto? Bueno, dejadme empezar con una provocación: Marx era librecambista.
Querido amigo globófobo, si no has dejado de leer al final del párrafo anterior, intentaré explicar la afirmación. Marx vivió una globalización: fue contemporáneo a la expansión colonial de las potencias europeas. Bueno, ¿que decía Marx sobre el asunto? “Inglaterra tiene una doble misión en la India, una destructiva y otra regeneradora; la aniquilación de la vieja sociedad asiática y la fundación de los fundamentos materiales de la sociedad occidental en Asia”. En efecto, no hay que olvidar que la ciencia de la historia marxista consideraba que el modo de producción capitalista era un estadio superior de la evolución social (después del esclavismo y el feudalismo viene el capitalismo), el anterior a la sociedad sin clases que advendría en la época post-revolucionaria tras la crisis definitiva del capitalismo. En este sentido, el capitalismo tenía una verdadera misión civilizadora para luego pasar al estadio superior. Es cierto que las tesis leninistas y la escuela de la dependencia latino americana cuestionarán este análisis, pero creo que puedo estar parcialmente de acuerdo con la tesis de Marx. No, no creo en el principio del materialismo histórico, pero hay algo que se puede salvar. Lo que la ciencia política nos dice es que los cambios políticos se explican fundamentalmente por la distribución de los recursos. Según la tesis globófoba, habría un problema mayor: la globalización y el libre comercio solo estarían beneficiando a los más ricos: las grandes multinacionales y las elites dirigentes de los países en vías de desarrollo dejando a un lado a los mas pobres: los niños indonesios que trabajan cosiendo zapatillas Nike y los trabajadores de los países desarrollados. Sin embargo, este análisis es trágicamente cortoplacista y horriblemente estático. Intuitivamente, solo echando un pequeño vistazo a la historia vemos que lo que llevó a que los países occidentales pusieran en marcha sus estados del bienestar no fue otra cosa que el capitalismo. Las desigualdades provocadas por el capitalismo son de alguna forma, el motor del cambio político. Lo que hace que afloren sindicatos, reivindicaciones obreras de redistribución de la renta es el capitalismo. En este sentido, pedir una reducción de las transacciones internacionales, vía tasa Tobin (aunque como decía Sala i Martín, sin Tobin) o de otros inventos globófobos no es un camino hacia la mejora de los países del tercer mundo. En realidad, es cuando un país está más abierto a la entrada de capitales extranjeros cuando tiene mas posibilidades de cambiar hacia un sistema democrático (o socialista). ¿Por qué? Cuando un país no puede recibir inversión extranjera, la única posibilidad que existe es vender sus recursos naturales para desarrollarse. Sin embargo, sabemos que la posibilidad de convertirse en una democracia es inversamente proporcional a la de tener recursos naturales, la llamada “maldición de los recursos”. La existencia de estos desencadena una serie de conflictos internos de lucha por la apropiación de los mismos e impiden el surgimiento de una economía productiva volviéndose dependientes de una industria de bajo valor añadido como es la extracción de esos recursos. Es decir, cuando un país está cerrado a la inversión extranjera, los únicos que pueden participar de los beneficios de la globalización son los que detienen los recursos naturales (que, oh casualidad, no son los más pobres). ¿Que ocurre en el caso contrario? Si un país está abierto a la entrada de capitales es posible que los inversores intenten aprovechar la mano de obra barata del país. Decir aprovechar la mano de obra barata es decir una mayor redistribución de los recursos ya que todos sabemos que cuando aumenta la demanda de trabajo también lo hacen los salarios. Es decir también la emergencia de una clase obrera industrial concentrada en grandes urbes con más capacidad para organizarse, y con esto la aparición de sindicatos y de reivindicaciones obreras. Es decir también la emergencia de partidos políticos y de demandas crecientes de participación democrática. Esto es lo que ocurre hoy día en la India y lo que ocurrirá uno de estos días en China si todo sigue como hasta ahora y que ocurriría en África si no estuvieran marginados de la globalización. En este sentido, me permito señalar que la globalización financiera es un sistema de ayuda humanitaria mucho más eficiente que las entradas de ayudas en efectivo. Cuando un país desarrollado manda dinero en efectivo, lo normal es que las elites que dirigen se lo repartan o lo malgasten. Una entrada de capital en cambio, es una forma de crear empleo, y al crear empleo se distribuye la renta entre un número importante de gente y al mismo tiempo se cualifica a la mano de obra (el proceso “learn by doing”) que podrá, gracias a su escasez, reivindicar mayores salarios empleándose en actividades que generen mayor valor añadido. Para apropiarse de las rentas del trabajo habría que poner en marcha un sistema impositivo draconiano lo cuál no es muy fácil desde el punto de vista político (tiene muchos costes). Un cheque de una ONG en cambio es algo mucho más apropiable por parte de las oligarquías locales que el salario pagado a la población. Bueno después de todo esto, creo que puedo decir que Marx habría apoyado la globalización mucho más que las políticas a lo Hugo Chávez: sin capitalismo no hay “lucha de clases” y sin lucha de clases no hay progreso posible. Esto, con algunos arreglos, sigue siendo cierto hoy.
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