| En este país se persigue al escéptico y se premia al ufólogo |
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Recientemente el periodista Luis Alfonso Gámez, que ha desmontado gran parte de las patrañas publicadas en Planeta Encantado del “ufólogo” J.J. Benítez ha tenido que pagar una multa por injurias. Parece ser que para el juez (y también para el ingbestigadó) el poder decir que las piedras de Ica que supuestamente prueban la coexistencia de hombres y dinosaurios (aunque se distancian 63 millones de años unos y otros) es un fraude ya que la realizan los campesinos locales a cambio de dinero, o que era imposible que Cristo se sentara en el Coliseo ya que se construyó siglos más tarde, o que no es necesaria una fabulación sobre los moai de la isla de Pascua ya que hay pruebas empíricas de como fueron colocados en su posición definitiva y no necesitamos de explicaciones de rocas levitantes son delitos contra el honor y afectan a la imagen de J.J. Benítez.
No suelo criticar las sentencias judiciales, porqué sé que hay que guardar un extraordinario respeto por ellas hasta conocerlas, pero en este caso me saltaré mi norma y critico la sentencia. Es absurdo que porqué alguien diga que un tercero miente, y además aporte pruebas de ello, se considere que son injurias. Más cuando el tema es de interés general ya que el famoso programa Planeta Encantado le ha costado al erario público unos cuantos millones de € (no sabemos cuantos porqué TVE decidió no hacerlo público) al publicar ese programa en el 2003.
Es curioso que los que supuestamente se llaman perseguidos por “la dictadura de los científicos”, en este caso los ufólogos, parapsicólogos pero también es aplicable a los supuestos disidentes del cambio climático, son los que al final se llevan el gato al agua judicialmente. Que la justicia proteja al señor Benítez no me parece mal. Lo que realmente me parece incorrecto es que si alguien afirma que el señor Benítez miente en sus documentales y lo demuestra sea condenado por injurias. Por varios motivos: porqué en cualquier caso algo que es cierto no puede ser objeto de demanda, yo puedo afirmar que el señor Y miente cuando afirma Z y no debo ser objeto de sentencia condenatoria si puedo demostrarlo. Segundo porqué el interés general al cuál también ha de velar la justicia queda relegado. Lo que es claramente un contenido falso, fantasioso y que se vendió en una televisión pública como una investigación cierta debe ser desenmascarado, y cualquiera que actúe en esa dirección está velando por el interés de todos.
Pero el gran problema en este país y en parte de la sociedad occidental es que la ciencia la utilizamos, la admitimos en sus logros tecnológicos pero que luego a la hora de valorar formas de conocimiento la sentamos al lado de vendedores de humo y paracientíficos. Tenemos la cultura científica de una sociedad premoderna, seguimos buscando románticamente ese mundo misterioso y nos aferramos a cualquiera que nos ofrezca ese pequeño sabor de misterio. El éxito de Benítez, la fuente de ingresos de ufólogos y demás “misteriólogos”, la rama a la que se aferran todos los negacionistas de la ciencia (incluído los que niegan el cambio climático), se basa en la mentalidad medievalista que aún nos embarga... Ahora no creemos en grifos, en duendes, en monstruos pero sí que deseamos creer en hombrecillos verdes, ángeles... Seguimos pensando que la ciencia está muy bien pero que es cosa de unos señores de bata blanca que no tocan la realidad, que la vida son emociones y que hay algo más. Esa búsqueda del “algo más”, ese creer que los científicos son burócratas enfrascados en tubos de ensayo, es la excusa, la piedra a la que el oscurantismo se aferra.
Por ello, no es de extrañar que un periodista que desenmascara las mentiras de un documental parapsicológico sea condenado y el autor de este salga impune del simple hecho de haber presentado como cierto algo que es una falacia, una fantasía, y encima pagado con el dinero de todos. Y lo dejo aquí no vaya a ser que cualquiera que opine en un blog sobre Planeta Encantado se lleve una demanda.
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| Escrito por Jose Rodriguez | |
| martes, 14 de agosto de 2007 | |
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Somos una sociedad que ansía creer.. lo mágico lo que nos aleja de la realidad material nos seduce. En parte la baja formación científica, el desprecio general a los conocimientos científicos y una cultura mitificadora hace que valoremos cualquier capacidad cognitiva de la misma forma: la ciencia empírica la sentamos junto las paranoias de un grupo de periodistas o las fábulas de ufólogos. Al igual que en el debate sobre el cambio climático los negacionistas se basan en la “duda razonable” y la suspicacia hacia la ciencia, los ufólogos, parapsicólogos y demás paracientíficos llevan décadas viviendo del momio en base a fundamentos parecidos. 






