Es difícil hablar de desilusión en los jóvenes. Uno de los rasgos característicos de esta etapa es la vitalidad, la alegría y toda emoción energética que impide el desanimo.
Pero, al hacer un breve recorrido por la opinión de las y los jóvenes respecto de su vida y la de su comunidad, la respuesta más común es que se sienten “desilusionados”. Claro, cualquier adulto que cree venir de vuelta de toda inocencia pensará que es muy poco el tiempo de vida como para hacerse de ese sentimiento. Y puede que tenga razón. Muchas veces las personas tendemos a emitir juicios que al expresarlos en el lenguaje no significan bien lo que deseábamos explicar.
Así, la desilusión juvenil es más bien un sentimiento de perplejidad, de desasosiego respecto de una de las palabras más esquivas para una persona de entre 14 y 30 años: las oportunidades. Son estas oportunidades las que nos hacen mostrarnos indóciles al tiempo que abúlicos respecto de nuestra vida y nuestro entorno. Todo esto elevado exponencialmente si vives en lugares donde la guerra, la pobreza, el hambre, el analfabetismo y la enfermedad son cosas comunes, formando una especie de niebla que impide ver más allá de la humareda que arrojan los cadáveres en la hoguera.
El ejercicio ciudadano, es decir, aquella forma de participación que involucra a las personas en las cuestiones públicas o, dicho de otra forma, en las cosas que nos importan a todas y todos, requiere de cuotas básicas de instrucción y conocimiento de conceptos y valores imprescindibles para poder ejercer esa participación. Las destrezas y herramientas necesarias para poder “moverse” dentro del sistema político y cívico al que estamos enfrentados deben ser enseñadas en la Escuela. Es ese el único sitio donde con más igualdad las y los jóvenes pueden acceder en condiciones de equidad, a esos elementos fundamentales para el tránsito por las instituciones políticas y ciudadanas. El papel del Estado y la relación con éste requiere del aprendizaje cívico directo. Es así que las asignaturas que ponen estos temas en discusión son fundamentales que tengan un desarrollo mayor en Chile.
Pero no sólo destrezas y claves de acceso necesitan las y los niños y jóvenes para entrar en el campo democrático o ciudadano. También se requieren valores. Sí, palabras manidas las de valores, ética, moral, pero al final del día, son las que logran hacer que una decisión se comporte en forma más o menos humana. Son estos valores democráticos los que harán que las y los jóvenes puedan desarrollar vidas más plenas. Sin garantizar con ello la felicidad o el bienestar, el ejercicio de los valores democráticos o humanistas sí garantiza altas cuotas de dignidad que es la pieza fundamental para vivir en libertad. La pregunta, entonces, es cómo enseñar estos valores.
Los valores, a diferencia de las herramientas o destrezas que la Escuela debe entregar para saber o conocer las instituciones políticas y ciudadanas, son aprehendidos, es decir, captados a través de otras formas de conocimiento y aprendizaje, las que tienen más que ver con el lenguaje holístico. Se trata de una forma de conocimiento más integral que requiere de varias alas: conductas reiteradas, reflejo en el ejemplo de otros, lectura, memoria genética, y toda otra forma que pueda ser importante para la construcción del discurso de vida de un individuo. Los valores, podemos concluir, no se aprenden, sino que se degustan, como lo hacen los niños con los helados y los adultos con el buen vino. Los valores son pilares de la respuesta y propuesta que entregamos al medio donde vivimos, sea social, político, natural, etc. Es en ellos que forjamos nuestra ética, ese carácter del que nos fraguamos a medida que transcurre el tiempo y nuestra experiencia de vida y si, al preguntarnos por la ética en las y los jóvenes, es necesario decir que sí existe la ética de y en cada joven. Que ésta se transforma, muta y progresa con los años y la acumulación de experiencia, también es cierto. Pero no es posible desconocer el juicio de los jóvenes. Su aporte al debate social y a la construcción de las políticas públicas, sobre todo las que afectarán siempre más a éstos que a los habitantes adultos. La participación juvenil en el mundo cívico y político es necesaria y útil.
Pero qué hacer con los números. Es decir, cómo explicamos el progresivo distanciamiento que muestra la juventud de la política formal. Si revisamos, brevemente, los resultados de la Cuarta Encuesta Nacional de Juventud, estos muestran que los jóvenes tienen una baja confianza en personas e instituciones del ámbito político[1].
Nestor Morales
Secretario General Juventud Radical de Chile
Coordinador General Los Verdes PRSD
Director Pública ONG
[1] 10.7% está de acuerdo con la afirmación “los partidos políticos representan mis intereses” y un 79.6% de acuerdo con la afirmación “los políticos tienen poca preocupación por los jóvenes”
Estoy con David Me ha encantado este artículo. Soy del mismo origen que el President y si viviera en Cataluña haría todo lo posible por aprender catalán, aunque...
... Miguel:
Insisto, te pido que el debate lo ciñas extrictamente a lo que hablo aquí, y sobre lo que hable en otras entregas en este tema. Porqué al...
¿? He dicho simplemente lo que pienso: todos los mensajes que han llegado a Cataluña se le ha expoliado y mensajes constantes de que Cataluña tiene que...