Esta situación ha convertido a la juventud en un grupo “Invisible” respecto del mundo político, lo que sumado a las imágenes estigmatizadoras que se empeña en destacar la prensa, Paz Ciudadana y otras instituciones, han conducido a que hoy se les vigile con cierta sospecha por parte del mundo adulto y sin ningún interés desde la política profesional.
Este dato no es menor, puesto que el padrón nacional de electores en la actualidad es ampliamente superior en población adulta, careciendo de voto joven. Tampoco es un misterio que todas las campañas de inscripción electoral han fracasado pues no conducen a un incentivo masivo en la participación en los comicios. Razones para este fenómeno hay muchas y diversas: desde las explicadas más arriba, hasta situaciones empíricas claras como que la media de participación mundial de los jóvenes en actos electorales siempre ha fluctuado entre el 13% y el 18% del total nacional del padrón de electores. Además, incluso en sistemas electorales donde el voto es voluntario la conducta de los jóvenes es la misma, sólo cambia, como también cambia el padrón electoral en su conjunto en situaciones extraordinarias o elecciones con alta trascendencia, es decir, para elecciones presidenciales; plebiscitos como el chileno de 1988; las elecciones españolas después del 11-M o el ejemplo más cercano, aunque con no tanto aumento en el padrón electoral, la elección presidencial donde ganó Michelle Bachelet de Diciembre de 2005, por la contingencia de presentarse con la mayor opción de ganar una mujer.
Este dato de baja participación electoral de los jóvenes hace que en el análisis pragmático electoral de las y los candidatos, el segmento juvenil quede reducido a un par de ofrecimientos o iniciativas para “marcar la imagen” o como “señales mediáticas” y punto, enfrentando al público adulto como principal receptor y objetivo de sus propuestas y trabajo posterior. Dejando a los jóvenes en el desamparo más brutal al que puede ser sometido un individuo o un grupo en sistemas democráticos: el de la carencia de representantes públicos (políticos). Sí, pues en la medida que el enfoque anterior y posterior a las elecciones de los políticos profesionales ausenta a los jóvenes, éstos pierden toda relación con el poder.
Así, el Poder Judicial y el aparato policial siempre serán una amenaza antes que una señal de protección para los jóvenes, el poder tributario y programático del Ejecutivo olvida a la juventud por no ser parte de la población activa del país y si forma parte de ésta, lo es en precarias condiciones que le alejan y lo convierten en paria para las instituciones tanto económicas, como de la seguridad social. Quedando sólo la opción del Poder Legislativo como sostenedor de las opciones y opinión del grupo “juventud” y si este poder no tiene dentro de sus programas de trabajo a la juventud, nos quedamos desprovistos de representación ante el Poder, ante el Estado y en tales condiciones, se aleja a todo un grupo que en cuestión de tiempo se le exigirá un compromiso irrestricto con la nación, el mismo Estado y sus instituciones, generando así ciudadanos adultos para la presente y próxima generación insatisfechos y lejanos de lo público y, más aún, de lo político.
Sin embargo, las conductas de los jóvenes objetan la sospecha que de ellos tiene el poder, como personas peligrosas y distanciadas sólo por cuestiones contingentes. Pese al distanciamiento de lo público o la política formal, los jóvenes efectivamente creen en la democracia como sistema de Gobierno[2].
Además, en contradicción con la imagen de los jóvenes como un grupo social y económico pasivo o individualistas, el instrumento citado muestra una juventud altamente participativa: más del 76% de los jóvenes declara participar o haber participado en algún grupo u organización y de este total, el 47% declara seguir participando hoy en día. Estas organizaciones a las que los jóvenes se acercan y participan, son de las pertenecientes al concepto de Voluntariado.
Nestor Morales
Secretario General Juventud Radical de Chile
Coordinador General Los Verdes PRSD
Director Pública ONG
[2] Un 70,2% está de acuerdo en que la democracia es preferible a otros sistemas de gobierno. Asimismo, la mayoría de los jóvenes (un 75%) considera que la democracia les sirve; cifra que aumenta en alrededor de un 20% respecto a la Tercera Encuesta de Juventud (INJUV, 2000).
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