| Partido demócrata europeo versus socialdemocracias europeas |
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Como expuse en el anterior artículo, la propuesta de crear un partido demócrata europeo es en el fondo un reducionismo. La simplificación de la riqueza discursiva de los partidos y movimientos progresistas corren un grave peligro: primero de desparecer y después de diluirse en un binomio muy, como expuse, americano, es decir republicanos contra demócratas en el caso europeo conservadores demócratas.
Bajo la hipótesis que los tiempos están cambiando, que los partidos de izquierdas están anticuados y denostados surge esta idea sobre un partido demócrata europeo que llevará ineludiblemente a unificar el territorio del debate y discurso político a la mera bipolarización. No solo supone una reducción de la posibilidad de la ciudadanía de escoger sino que esta bipolarización permite un mayor control por parte de estamentos de la sociedad civil de la política. Este último argumento es fundamental: pensamos que los partidos políticos actuales están lejos de la ciudadanía y controlado por la sociedad civil. Si comparamos los partidos europeos con los dos grandes partidos de los EEUU a pesar de, supuestamente, tener un funcionamiento anacrónico dan más posibilidad, y pruebas hay de sobras, de una cierta originalidad y de cierto posibilismo político lejos de la posesión de unos recursos o medios económicos. Las campañas electorales internas de los partidos americanos como las presidenciales son luchas personalistas que esconden la batalla de corporaciones económicas por el poder político.
La política norteamericana está sujeta a un sistema que se financia demasiado directamente por lo que denominamos sociedad civil. El problema está que lo que concebimos como sociedad civil no es equivalente a ciudadanía. Por poner un ejemplo bastante típico y distorsionante en España: las asociaciones de vecinos; parte de la sociedad civil; no son ni mucho menos la representación de la ciudadanía, pero gracias a ellas ciertos grupúsculos de ciudadanos e intereses políticos que no se han consagrado por las urnas adquieren la posibilidad de ejercer un poder desmesurado en relación a su “peso” como ciudadanía.
En definitiva la socialdemocracia debe, evidentemente evolucionar y los partidos que la configuran también. Pero esta evolución no está motivada por que sus valores y propuestas no tengan sentido en la actualidad globalizada. Al contrario siguen vigente. El proceso de cambio es necesario por la misma evolución del capitalismo o la economía de mercado.
No es necesario un partido demócrata europeo. Un partido socialista europeo resultante de la federación de los diversos partidos socialistas europeos que trabajen juntos ante retos como la globalización económica mundial entra en una lógica democrática actual. También es importante que sindicatos como la UGT y CCOO trabajen codo a codo y compartan intenciones y objetivos entre ellos y con sus homólogos europeos. Frente a un mundo que se globaliza económicamente, es preciso que políticamente y sindicalmente se globalice también, pero esto sin perder lo propio y genuino de cada país, puesto que la cercanía, la proximidad también es importante, es la Democracia.
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 03 de septiembre de 2007 | |
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Dicen que en la variedad está el gusto. La propuesta de crear un partido demócrata europeo lleva implícita la idea de unicidad. Bien ni el socialismo es único y unívoco, las socialdemocracias europeas tampoco con toda diversidad de partidos progresistas, ni de momento ha sido un disgusto esta variedad.






