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viernes, 16 de mayo de 2008
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El pensamiento automático II: lo políticamente correcto y lo “antipolíticamente” correcto Imprimir E-Mail
Lecturas 989    

ImageEn el primer artículo de la serie iniciaba una reflexión alrededor de lo que es el pensamiento automático, y lo definía como el llegar a conclusiones que deberían ser racionales a través de apriorismos no testeados, prejuicios y afinidades emotivas. En este artículo analizo como estos mecanismos se activan ante conceptos que forman parte de lo “políticamente correcto” o su reacción.


Sobre el concepto “políticamente correcto” se puede escribir y bastante... se utiliza para atizar a izquierda y derecha, y aunque definirlo de forma unívoca es algo complicado sí que podemos dar algunas características del pensamiento políticamente correcto. Cuando se establece una idea “políticamente correcta” es que existe una dicotomía ideológica, que como mínimo en apariencia es confrontativa. Por poner un ejemplo, “los emigrantes no son malos” es un argumento ideológico, antepuesto a “los emigrantes son malos”. Suele también contener una carga argumentativa absoluta, por ejemplo, “los homosexuales son personas equilibradas” se expresa como un absoluto (como argumento políticamente correcto), da poco espacio para la matización y la excepción. Tienen también un componente de sanción y presión social. Por ejemplo, si alguien critica los inmigrantes siente un prurito de que es mirado como alguien racista, cuya actitud es rechazable.


En general es una especie de neoconsenso ideológico social, nacido de una reciente confrontación ideológica dicotómica. Si hasta los años últimos años del siglo XX la homosexualidad era motivo de befa, de crítica, de persecución, a partir de las décadas 70, 80 y 90 del siglo pasado se pasa a ser algo normalizado y defendible. El pensamiento “políticamente correcto” se aplica a favor del nuevo giro ideológico que ha triunfado: los homosexuales no son personas malas, ni tienen que ser marginados, perseguidos, etc...


Ese pensamiento automático tiene una parte positiva... fuerza a que una nueva idea se sobreponga a ciertos prejuicios previos. Si ahora hay pensamiento políticamente correcto alrededor de temas como la homosexualidad o la inmigración es porqué se ha combatido (y aún se combate) la homofobia y la xenofobia.


Ahora bien, este mecanismo genera dos cosas perversas.. la primera es la adopción de lo políticamente correcto como norma acríticamente aceptada y que la reacción se canalice como “antipolíticamente correcto”, en lugar de analizar las fuentes de esa crítica de una forma algo más racional.


A veces se llega al absurdo que si un responsable policial dice que los inmigrantes realizan un mayor número de atracos sea tildado de racista. Es bueno que los mecanismos de presión social tengan cierto efecto sobre el individuo (sinó seríamos verdaderas islas ideológicas y nos costaría más tener nuevos planteamientos que hayan sido testeados por un amplio grupo social), pero de ahí a asumirlos de forma acrítica y que supongan un obstáculo para conseguir nuevo conocimiento va un paso.


Lo contrario, la reacción “antipolíticamente correcta” aún puede ser más nefasta. Expresiones como “yo no soy racista (se está curando en salud) pero los de tal etnia son más manguis” o “yo no soy homófobo, los respeto mucho, incluso tengo amigos, pero no deberían poder adoptar críos”, que luego vienen con la interminable queja de que “no puedo opinar porqué existe la dictadura de lo políticamente correcto” indica que hay mecanismos lógicos truncados y enturbiados. Si alguien no es racista y hace una afirmación de que los Yanomami son unos manguis, debería poder sostenerlo de forma racional y estar abierto a que se lo rebatan y sobretodo tener la conciencia tranquila.. no hace falta la aclaración. A lo mejor los Yanomami son más manguis porqué en su sociedad la propiedad privada no es entendida como en la nuestra. O a lo mejor los mayores índices de hurtos en los Yanomami se dan porqué están en una situación de mayor pobreza y tienen vecinos con riquezas cosa que no les pasa a los de un pueblo a 2 continentes de distancia.


Aún es más, este tipo de reacciones muchas veces esconden fobias que nos son naturales y que activan mecanismos de pensamiento automático. Muchas personas son xenófobas en cierto grado, les causa miedo las personas que tienen costumbres y aspectos distintos. Forma parte de mecanismos de adaptación social y de cohesión de grupo... tendemos a agruparnos a aquellos que se nos parecen más y que tienen costumbres más parecidas. Es consustancial que haya grupos sociales que nos parezcan más agradables que otros. El poder entender porqué unos tipos que bailan regeeton hasta las tantas en la calle, que tienen un aspecto distinto a nosotros y un habla diferente nos pueda causar cierto rechazo es importante. Pararse a pensar y poder analizar que es loque nos hace sentir amenazados y porqué es una verdadera vacuna contra el racismo, pero también para identificar las actitudes que tal vez no queremos aceptar en el especio público. Podemos entender que el miedo a alguien que tiene un color de piel distinto no está fundado, pero en cambio que su costumbre de montar juergas a las tantas de la noche despertando el vecindario no deberíamos tener que aceptarla. Bien, limitarse a “los inmigrantes son buenos” o “los inmigrantes son malos”, es evitar el análisis serio. Por ejemplo, ante la aparición de conflictos de convivencia serios, ese pensamiento nos bloquea. Ante los vecinos (nacionales) que se lanzan a gritar a los inmigrantes que les han causado molestias los vemos como una panda de racistas que no saben tolerar al diferente, en lugar de tal vez identificar que haya una base en su protesta que también debería ser trabajada (como por ejemplo la costumbre de montar jarana a las tantas de la noche), y los vecinos (nacionales) que reaccionan transforman la queja fundada en un rechazo a un grupo étnico y no a unas actividades concretas.


Es más obvio el ejemplo de la homosexualidad. Personas de izquierda te indican que no son homófobos, que respetan que dos adultos hagan lo que quieran en su vida privada, que expresen su afectividad de la forma que ellos quieran, etc.. pero en cambio te dicen (alertándote nuevamente que no son homófobos) que no creen que los homosexuales deban poder adoptar, y que por favor no creas que ellos odian a los homosexuales por ello... Bien, aquí se evita una cosa, bastante razonable cuando se analiza friamente. Una persona que indica que alguien por el hecho de ser homosexual y sin poder sostenerlo con argumentos racionales, no puede hacer algo que sí puede un heterosexual tiene cierta homofobia. No nos llevemos a engaños, la mayoría de occidentales somos homófobos en mayor o menor medida... en general deseamos más que nuestros hijos sean heterosexuales que homosexuales, vivimos en una sociedad que aunque ha avanzado en este aspecto sigue siendo una cierta lacra ser homosexual, seguimos mirando de reojo las muestras de afecto público de las parejas homosexuales.


El negar esa fobia y someternos al pensamiento “políticamente correcto” sin analizarlo es preparar el caldo de cultivo de la reacción antipolíticamente correcta. Por el momento ninguno de los que me han indicado que no creen que los homosexuales deban poder adoptar me han dado un sólo argumento convincente (e incluso lo han tenido que reconocer), incluso llevando el debate al ámbito más científico no se pueden encontrar estudios que indiquen que niños educados por dos hombres o por dos mujeres en lugar de hombre-mujer o que vivan en hogares donde la familia no es la clásica de “papá y mamá” no han de verse especialmente lastrados en ningún aspecto. Si el niño tiene un entorno afectivo sano, es indiferente que sus papas sean dos señores, una señora sola, un chico y una chica, su abuela o dos señoras que se quieren. Es más importante que el ambiente en el hogar sea tranquilo, le de estabilidad, que haya afectividad que si los adultos se organizan como pareja heterosexual o son las dos abuelas que lo crían. Bien, aunque existiera un estudio que contradijera todo esto, la mayoría de personas que expresan sus miedos al respecto no pueden sostenerlo con argumentos racionales, tan sólo son emotivos y basados en tópicos. Argumentos peregrinos de alguien que se tilda no homófobo como “es que los hijos de homosexuales van a ver como normal la realación de sus padres homosexuales y puede que crean que eso es lo bueno”. Alguien que no es homófobo no tiene problema porqué los hijos de quien sea vea normal una relación homosexual, o que este chaval sea homosexual. De hecho un chaval que entiende que una relación afectiva entre dos adultos es siempre sana cuando los dos están de acuerdo y se quieren (o se desean, que no estamos dibujando el cuento de Cenicienta) tendrá menos traumas a la hora de aceptar su homosexualidad o menos fobias y rechazo como heterosexual ante las personas que se declaran o muestran su homosexualidad.


Pero a lo que vamos, en este caso en lugar de analizar racionalmente en que se basan sus objecciones a la adopción por parte de las parejas homosexuales, y poder aceptar que puedan tener un fundamento irracional e intentar desterrarlo o al revés, descubrir que a lo mejor hay un argumento racional que fundamenta su fobia e intentar profundizar en él, se adopta el rol de lo antipolíticamente correcto.


Y es que el “seguidor acrítico” de lo políticamente correcto esconde un reaccionario en su interior. Tiene un conflicto interno en mayor o menor medida, su “emoción” le indica una fobia, en cambio la presión social le lleva a cohartarse a sí mismo y no expresarla. Y eso se evidencia cuando hay un pequeño dato que justifica o corrobora los argumentos emocionales. Cuando sale publicado que los inmigrantes tienen una mayor tasa de delitos menores que los nacionales, o cuando un grupo de jóvenes inmigrantes le zurra a otro grupo de jóvenes nacionales es fácil hacer saltar la chispa.. Todo lo que ellos llevaban sintiendo está justificado con un sólo acto. Esa autolimitación impuesta por su sometimiento a lo políticamente correcto salta de golpe, y a veces de forma violenta.


Son interminables las discusiones sobre la mayor población presa entre los inmigrantes. Hay el que lo niega, o el que se niega a escuchar que más allá de esos datos puede haber justificaciones basadas en el nivel de renta del colectivo o en aspectos sociológicos que van más allá del grupo étnico (es mucho más frecuente los delitos como hurtos, contrabando, etc.. entre personas con rentas más bajas porqué su incentivo social es mucho mayor y sus entornos sociales están algo más degradados [para entendernos un chaval del Bronx tiene más posibilidades de meterse en una banda que uno de Boston, simplemente porqué hay más y se cruzará con ellas más veces]).


En definitiva, el pensamiento políticamente correcto y el pensamiento antipolíticamente correcto son dos mecanismos que instauran automatismos emocionales en lo que deberían ser argumentos racionalizados y ambos se retroalimentan.



Comentarios de los usuarios (2) RSS feed comment
Escrito por Miguel Nuñez Rios, on 20-09-2007 10:46,
1. Muy Interesante
Muy interesante y totalmente de acuerdo.
 
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Escrito por peter henry, on 28-01-2008 01:37,
2. implantacion de la hipocresia
No se trata de cambiar de nombres; se trata de cambiar al hombre. La ideologia de lo politicamente correcto tiene un transfondo materialista, que lo hace vivir de espaldas a la verdad. Ideologia espurea que sera con el tiempo repudiada por la Realidad de la existencia humana.
 
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