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El país del Cedro, ha padecido una densa y trágica historia, producto de su situación geográfica. Fue ocupada por fenicios, asirios, griegos, romanos, árabes, turcos otomanos. Protectorado francés, hasta su independencia en 1943. Tendencia que se mantiene con posterioridad, con la presencia directa de Siria e Israel, e indirecta de otros muchos. Parece una realidad insoslayable que muchos países de la zona tengan el derecho de dirimir sus diferencias en su territorio.
En el Líbano, la población de religión musulmana se divide entre suníes, chiíes y drusos. Los cristianos son fundamentalmente maronitas, aunque también hay griegos católicos y ortodoxos. Esta composición religiosa tiene su reflejo en su constitución política. La Presidencia de la República es para los maronitas, la Jefatura del Gobierno para los musulmanes suníes y la Presidencia del Parlamento para los musulmanes chiíes. En el momento de su independencia los maronitas tenían preponderancia, lo que provocaría en 1958 la rebelión musulmana de fuerzas drusas y chiíes, y refugiados palestinos, que sería aplastada por marines norteamericanos. De 1975 a 1990 hubo una cruenta Guerra Civil entre más de treinta diferentes grupos. Además para agravar la situación interna entraron las potencias vecinas. Israel en 1978 para destruir las bases palestinas del sur del Líbano, bombardeando el Beirut musulmán en 1982. Los días 16 y 17 de septiembre del mismo año se produjeron las matanzas por parte de la Falange libanesa en los campos de refugiados palestinos de Chabra y Satila, en territorio ocupado por los israelitas. Poco después, en abril de 1983 se produjo el atentado ante la embajada norteamericana, La intervención judía provocaría la aparición del grupo chiíe Hezbolá en 1982, propiciado desde Irán. En 1976 irrumpió Siria, a instancias de la Liga Árabe, para mediar en la Guerra Civil. Esta terminaría tras los acuerdos de Taif de 1989. Mas las secuelas serían irreparables, destruyendo la economía más próspera de todo Oriente Próximo. Esto no significaría de momento la marcha de Israel y Siria. El primero lo haría en el 2000, aunque en el verano de 2006 retornó para luchar contra Hezbolá. El segundo, tendría que hacerlo tras el movimiento prooccidental y antisirio de 14 de marzo de 2005, formado por suníes, drusos y la mayor parte de cristianos maronitas, tras el asesinato de Rafic Hariri. Enfrente está el grupo prosirio, compuesto de chiíes de Hezbolá y Amal, y otros grupos cristianos, el del Presidente de la República, Emile Lahud, y Michel Aoun. La historia se ha vuelto a repetir en el Líbano. Un nuevo atentado con coche bomba, segó la vida al diputado cristiano y antisirio Antoine Ghanem y a otras ocho personas. Como en el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, de febrero de 2005, el bloque prooccidental culpó al régimen de Damasco. Sostienen que el Gobierno sirio quiere neutralizar la exigua mayoría parlamentaria del primer ministro, Fuad Siniona, a golpe de coche bomba o a tiros. Siria, que tuteló a su pequeño vecino hasta abril de 2005, rechaza sistemáticamente las acusaciones. La oposición prosiria, encabezada por el partido islamista Hezbollah, prometió bloquear cualquier candidato para la Jefatura del Estado que desaprueben, y pueden boicotear la votación evitando que se reúna el quórum necesario de 85 diputados. Estos crímenes políticos nunca se esclarecen. Ni siquiera el tribunal internacional promovido por la ONU para aclarar el asesinato de Hariri ha llegado a arrancar. La parálisis política es, desde hace meses, absoluta. Gobierno y oposición no acuerdan absolutamente nada. Pero el consenso es imprescindible para elegir al nuevo presidente, que por ley debe ser cristiano. El Parlamento tiene previsto iniciar el proceso para la sucesión de Lahoud, cristiano prosirio, el martes próximo. Los partidos que respaldan al Ejecutivo y la oposición discuten hace semanas sobre el primer paso: el quórum necesario para reunir a la Cámara. El partido-milicia chií Hezbolá, que encabeza la oposición prosiria, busca una minoría de bloqueo que haga imprescindible el consenso en este país donde viven 18 confesiones religiosas. El presidente Emile Lahoud culmina su mandato el 24 de noviembre, y el oficialismo ve en las elecciones la posibilidad de ocupar el cargo con un político propio en una votación que se definirá por una mayoría simple de 65 diputados. Pese a los asesinatos, el bloque antisirio todavía tiene los votos necesarios como para lograrlo. Tras la muerte de Ghanem, el número de diputados de la mayoría parlamentaria es de 68, en un total que pasa ahora de 128 a 127 diputados. El primer ministro, Siniora, prometió hoy seguir adelante con los planes de celebrar una reñida elección presidencial en el Parlamento la semana próxima. Igualmente el presidente del Parlamento, Nabih Berri, afirmó que la convocatoria de los diputados para elegir al sucesor del presidente se mantiene en el próximo 25 de septiembre. Muchos libaneses temen que la división por la Presidencia derive en la creación de dos gobiernos rivales, una ominosa perspectiva para un país que fue devastado por una guerra civil (1975-1990) que todavía proyecta su sombra sobre la fracturada sociedad y sobre los esfuerzos de reconciliación nacional.
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