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viernes, 05 de diciembre de 2008
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El misterioso mundo de los bancos centrales Imprimir E-Mail
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ImageSiguiendo con mi larga tradición de escribir artículos en los que tomo a todo el mundo por idiota, hoy toca dar un somero repaso a ese ente oscuro, misterioso y sospechosamente independiente, el banco central. Para ser una institución con tan buena prensa en círculos políticos (no en vano, casi todos los paises serios ahí fuera tienen un banco central sólidamente autónomo), estos días he leído bastantes críticas lanzadas a estas instituciones, como si fueran una especie de aberración cósmica misteriosa.
Lo cierto es que el banco central independiente es un engendro relativamente reciente. Aunque la institución de los bancos centrales es bastante antigua, historicamente eran o bien extraños arreglos publico-privados (hasta los años treinta), o bien (hasta los ochenta), instituciones directamente dependientes del ministerio de economía. Su trabajo también fue variando con el tiempo, pilotando la creación del papel moneda, el patrón oro, el sistema Breton-Woods de "patrón dólar" y finalmente el sistema de dinero "arbitrario" puro del mundo actual.

En los años setenta, tras la decisión de Nixon de cargarse de forma más o menos declarada el sistema Breton Woods, el sistema monetario mundial se ve en una situación curiosa. Las divisas del mundo, que antes cotizaban en relación a un dólar que tenía una convertibilidad estricta con el oro, pasan a ser un depósito de valor puramente basado en la confianza en la divisa misma.

Este es un arreglo bastante extraordinario: de repente el marco, franco, dólar, libra, lira y resto de monedas pasan a tener valor únicamente porque todo el mundo que tiene estas monedas espera que otros le van a dar algo a cambio cuando intenta pagar con ellas. Si yo tengo $250 en mi bolsillo, el valor de ese dinero no viene por el hecho que pueda ir a la reserva federal y cambiarlo por 7 onzas y pico de oro; su valor viene por que estoy casi seguro que si voy a Target podré convertir esos trozos de papel por una Nintendo Wii nuevecita (si la tienen, que aún cuestan de encontrar), nada más que eso.

Si los mercados empiezan a pensar que el dólar es una cosa menos creíble (no confían en que todo ese dinero que tienen los bancos o circula en deuda vaya a ser pagado sin problemas), el valor del dólar respecto a otras monedas baja. Si se creen que el dólar es un depósito de valor sólido, ya que a largo plazo con él podré comprar muchas cosas, su valor sube. Todo ello está basado en este término tan nebuloso llamado confianza, un intangible nacido de la evaluación colectiva de los mercados sobre la solidez de una economía.

A finales de los setenta, por tanto, tenemos a la mayoría de países desarrollados (no el bloque soviético; esos seguían ignorando la ley de la gravedad) confrontados con un problema curioso. Sus monedas no están ancladas a ninguna parte, al controlar el banco central, pueden mover los tipos de interés y la impresión de billetes, y al redactar los presupuestos, pueden mover el gasto público. Un ministro de economía tiene en sus manos un arsenal casi ilimitado para gestionar la economía; el único limite al que se enfrenta es que los mercados se lo crean.

Si el tipo parece saber lo que hace, no está gastando más dinero del que tiene, y no se dedica a torturar la moneda con excesiva inflación (que no es más que pérdida de confianza, derivada del hecho que es mejor tener algo sólido que algo intangible), los mercados seguirán confiando en ellos, y la moneda no se desplomará. Si empiezan a sospechar... bueno, las cosas no irán demasiado bien.

Ahora poneros en la piel de un ministro de economía de un gobierno de izquierdas en una situación de este estilo. Como progre irrendento que eres, sabes que tu gobierno cree en el gasto público, no está asustado de los déficit fiscales, prefiere crecimiento sólido con inflación a crecimiento moderado sin subidas de precios, y ama los tipos de interés bajos. También sabes que todo esto es una receta para crear inflación, y generar miedo en el mercado que sus inversiones en tu divisa no conserven su valor, no importa cuales sean los fundamentos de la economía. La política económica del gobierno genera incertidumbre, y eso te deja a un paso que alguien la pifie y te la echen a patadas barranco abajo.

¿Qué alternativa tienes? El gobierno puede prometer que hará las cosas bien, que la inflación será vigilada con fuerza, y que el gasto público no creará un déficit que presione los tipos al alza. El problema es que el hecho de tener a un político diciendo esto es bastante irrelevante; hablar es gratis, los políticos no son creibles, y quién garantiza a un inversor que antes de las elecciones no tengan tentaciones de gastar como posesos para mantenerse en el poder a base gasto público. Para el pobre ministro de economía, es cuestión de ingeniársela para hacer una promesa que los mercados vean como sólida. Y esa promesa es, en esencia, crear un banco central independiente.

Básicamente, un banco central separado del control directo del gobierno es una promesa formal de no hacer el tonto con la economía; es el ministro diciendo que somos tan serios con esto que haremos que otro tipo sin tentaciones electorales lleve las cuentas en el lado monetario del asunto. Nos atamos las manos en lo monetario, y eso nos obliga a ser responsables en lo fiscal, así que podeis confiar en nosotros; confiad en nuestra divisa y dejadnos hacer.

Lo curioso es que la promesa funciona. A pesar que el gobierno puede cargarse el banco central tan fácilmente como cuando lo creó, el hecho que la rotura de la disciplina monetaria exige ahora un paso previo dramático reduce de hecho la desconfianza en la economía. Como la moneda ahora mismo es sólo confianza, cualquier arreglo en esta dirección vale su peso en oro.

¿Son los bancos centrales malvados, entonces, al ser un límite al control de los políticos sobre la economía? En mi opinión, no. Es un arreglo que tiene sus ventajas y sus inconvenientes, siendo las ventajas más relevantes en este caso. El banco central no es, desde luego, una solución mágica (escribiré más sobre ello en otro artículo), pero es un arreglo bastante aceptable, y mucho más flexible que esa camisa de fuerza llamada patrón oro.

Comentarios de los usuarios (3) RSS feed comment
Escrito por juanma, on 27-09-2007 22:09,
1. Dinero desvirtuado.
Si quiero algo que no tengo, alguien me lo puede prestar, y ya le pagaré en el futuro poco a poco. Es necesario que el otro lo tenga, es obvio. Pero esta obviedad la aniquilan los bancos centrales al dar no un piso, sino unos billetes que ellos fabrican gratis. Prestan dinero a raudales y crean crisis econmómicas y burbujas inmobiliarias.
 
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Escrito por juanma, on 27-09-2007 22:22,
2. inflaccion¿
¿quieres gastar mucho en tu gobierno?, tranqui, endéudate, pide al banco central que baje tipos para que circulen muchos billetes, así aumentará la inflacción y en el futuro tu deuda devaluada será fácil de pagar. ¿magia?, no, práctica general en gobernantes, el truco del almendruco, la forma más sutil de cobrar impuestos a los ciudadanos.
 
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Escrito por Uno que pasaba, on 28-09-2007 00:11,
3. Je..
Anda que no... las burbujas inmobiliarias las inventan los bancos centrales. Otro austríaco de manual. Que noooo.. que la especulación no la inventan los bancos centrales, los privados se las inventaron y las siguen aplicando. Incluído los bancos privados que también han apostado. Los BC tan sólo ayudan a empujar, pero el que tira es el ansia de dinero fáicl.
 
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