PrincipalArtículosOpiniónColumnasRevista "Argumentos"Blogoconversación
lunes, 07 de julio de 2008
Principal arrow Artículos arrow Igualdad de oportunidades y discriminación social arrow Por qué debemos luchar contra la desigualdad de género en el acceso al poder político (y III)
Por qué debemos luchar contra la desigualdad de género en el acceso al poder político (y III) Imprimir E-Mail
Lecturas 1071    

ImageEn el anterior artículo de ésta serie describí el problema de la desigualdad de género en el acceso al poder político en términos de libertad, cómo un problema relacionado sobre todo con la problemática situación en la que forzosamente se va a hallar la autonomía de las integrantes de un grupo social que representa el 50% (más o menos) de la población y que no obstante en muchas ocasiones no llega a controlar ni el 25% de su poder político. Quisiera concluir ésta serie desarrollando ésta idea en una de sus más funestas consecuencias: la falta de visibilidad de los problemas de la mujer.

Todos y todas tendemos a pensar que nuestro mundo es el mundo. Las embarazadas no ven más que embarazadas por la calle, quienes piensan comprar un piso no ven más que anuncios de “se vende” y los que militan en partidos políticos tienden a creer que la gente común piensa como marca la declaración de principios de su organización y que todas las desviaciones de ésta norma se deben a alguna fuerza oscura, llámesele “alienación”, “medios de comunicación” o “conspiración judeo-masónica”.

Que tendamos a pensar que nuestro mundo es el mundo significa que tendemos a pensar que nuestros problemas son los problemas. Los españoles no entienden las preocupaciones lingüísticas de buena parte de la sociedad catalana porque no se ven enfrentados al problema de no poder ver cine en castellano en la mismísima Madrid, los ricos creen que 3.000 euros mensuales “no dan para vivir” y los que no vamos en silla de ruedas no reparamos nunca en que subirse a las aceras puede no ser un asunto tan fácil ni tan trivial como a primera vista pudiera parecer. No se trata de una cuestión de maldad esencial, de que seamos unas bestias insensibles e incapaces de preocuparse de los demás. En realidad, es peor, cuanto menos en términos prácticos: se trata de que nuestra arquitectura mental parece estar diseñada para darse cuenta solamente de la información que resulta relevante para nuestra cotidianidad más inmediata. Lo cual se traduce, cómo digo, en que tendemos a no ver más que aquellos problemas que vivimos en directo.

Ésto no quiere decir que no podamos saber de los problemas de los demás. La información sobre problemas que nos son ajenos puede llegar por múltiples canales: los medios de comunicación, nuestra relación personal con gente que sufre éstos problemas o nuestra simple curiosidad por mirar más allá de nuestras narices. Todo ésto es cierto. Pero nuestra tendencia a creer que nuestros problemas son los problemas tiene al menos un par de implicaciones problemáticas en éste sentido. Primero, que solo podemos saber de los problemas de los demás si alguien nos los explica. Segundo, que difícilmente podemos llegar a entender, a entender realmente, el sufrimiento causado por esos problemas. Podemos saber de que va el asunto, podemos solidarizarnos con quienes sufren, pero por mucho que nos obstinemos en ello nunca sabremos lo que se siente al ir en silla de ruedas y no poder subir una acera si nunca hemos estado en silla de ruedas sin poder subir a una acera. Como dijo Einstein, el análisis de la sopa no sabe a sopa.

A poco que pensemos, podremos reconocer en éste hecho el origen de la tan criticada distancia entre los políticos y los ciudadanos a quienes representan. Los políticos, se dice, suelen despreocuparse de los problemas reales de la ciudadanía y enredarse en luchas de esgrima que en el fondo no interesan a nadie. Bien, quizá seria cuestión de examinar la distancia, no ya entre lo que preocupa a los políticos y lo que preocupa a los ciudadanos, sino entre lo que afecta a los políticos y lo que afecta a los ciudadanos. No es casual que quienes mandan a sus hijos a la escuela privada (y, claro, la mayoría de los políticos -que tienen un buen nivel económico ya sea de origen, ya sea como consecuencia del cargo que ostentan- lo hacen) no se preocupen demasiado de que haya miles de alumnos de clase obrera estudiando en barracones. Puede ser que sepan de éste problema, puede que incluso se solidaricen honestamente con quienes lo sufren, pero aquel inevitablemente ocupará un lugar secundario ante las preocupaciones más cotidianas, más urgentes, de quienes no se ven afectados por la mala calidad de los servicios públicos, en éste caso de la enseñanza pública. Por eso, por cierto, la socialdemocracia más decente del continente europeo, la sueca, tiene por norma no escrita el que sus dirigentes utilicen los mismos servicios públicos que utiliza la clase obrera. A parte de constituir un gesto de proximidad, solo así se aseguran los trabajadores de que estará en el interés de sus representantes el hacer que los hospitales y las escuelas públicas funcionen como es debido.

Que uno piense que sus problemas son los problemas y tenga serias dificultades para darse cuenta de los problemas de los demás o para entender lo que se siente al sufrirlos puede quedar simplemente como una nota desagradable de las muchas que presenta la naturaleza humana. Pero cuando quienes tienen esta nota son los que tienen en sus manos el legislar y gobernar sobre nuestras propias vidas, la cosa pasa a ser de un hecho psicológico desagradable a constituir un problema político de primer orden. Y dado que éste tipo de sesgos cognitivos afectan a todos los humanos, y que de momento no disponemos de la oportunidad de ser gobernados por otra cosa que por humanos, quizá la solución, o al menos la mejor solución, será el luchar activamente para que todos los grupos sociales con algún rasgo relevante asociado a sus problemas tengan una representación política similar, al menos, a su peso demográfico.

Por ejemplo, en el tema que nos ocupa, un Estado cuyo poder político estuviese dividido al 50% entre manos masculinas y femeninas sería un Estado seguramente mucho más decidido en materia de políticas de género. Estaría en el interés de las propias legisladoras el defender los intereses de la mujer, es decir, sus propios intereses, y dispondrían del poder político necesario para, cuanto menos, intentarlo con posibilidades de éxito. Más aún: dispondrían de la voz suficiente para simplemente hacer llegar éstos problemas al ágora pública. Podrían al menos introducirlos en la agenda política sin esperar al visto bueno de un parlamento compuesto mayoritariamente por hombres, que muchas veces tienen muchos privilegios que perder con cada paso en dirección a la emancipación femenina.

En definitiva, cuesta mucho creer que luchar activamente por la igualdad de género en el acceso al poder político no sea una exigencia derivable de los propios ideales de la izquierda. Al fin y al cabo, es en la izquierda donde nace la idea de que para que todas las voces cuenten por igual todas deben tener un poder similar. Allí donde un grupo social es apartado (o se aparta, tanto da) sistemáticamente del poder político existirá una veda abierta para el despotismo. Y la izquierda, si no es decididamente anti-despótica, no puede ser coherente consigo misma. Cualquier concentración de poder en unas solas manos está en contradicción con los ideales de la izquierda. Y ésto vale lo mismo para el rey Luis XIV que para el sexo masculino.

Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo. 



Comentarios de los usuarios (0) RSS feed comment

Ningún comentario guardado

Añade tu comentario



mXcomment 1.0.3 © 2007-2008 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
Compártelo:
Meneame
Delicious
Digg
Technorati
YahooMyWeb
Calificación del usuario: / 0
MaloBueno 
Escrito por Lluis Pérez   
domingo, 30 de septiembre de 2007
 
< Anterior   Siguiente >
Aforismos
Unamuno
"Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha"
 
Últimos comentarios
¿Quieres asistir a un congreso de...
VERDAD
BASTA DECIR LO QUE ES Y NO MAS , PUES MUCHAS VECES LOS POLITICOS DICEN COSAS QUE NO SON , BASTA CON DECIR LO QUE ES.EL QUE ESTE LIBRE DE PECADO QUE...
04/07/08 18:03 Más...
Por ELISEO

¿Quieres asistir a un congreso de...
opinion
basta decir las cosas conretas y no con significados distintos.basta con decir lo que es y no mas pero el hombre es asi.
04/07/08 17:58 Más...
Por eliseo

Wikipedia o rebelión: ¿realidad...
Hola Citoyen
Hola Citoyen encantado de charlar contigo. Recojo tus comentarios e intentaré en el próximo artículo o en otro comentar las diferencias, según los...
03/07/08 19:18 Más...
Por david

Usuario y registro





¿Recuperar clave?
¿Quiere registrarse? Regístrese aquí

"European Trade Union Council"
En pleno debate de las 65 horas dejamos
este vídeo sobre "que és la ETUC" y
como funcionan los sindicatos europeos.
Agregador de blogs de www.socialdemocracia.org realizado en feevy y fusilado por Carlos Guadián, refrito por Jéssica Fillol y rematado definitivamente por José Rodríguez.
Redes amigas
Image Las Ideas.org
Red Economia Crítica XLaIzquierda
Extremadra en positivo Mas Ciudadanía
Image Image