| La construcción del otro (I) |
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"La identidad no deja de ser una especie de juego virtual
al que nos es imprescindible referirnos para explicar cierto tipo de
cosas, pero sin que tenga nunca una existencia real, ... un límite al
cual no corresponde en realidad ninguna experiencia." (Lévi-Strauss, La identidad).
España, está viviendo un fenómeno migratorio, parecido al que otros países europeos han tenido en los últimos veinte o treinta años. Aunque no es un fenómeno nuevo, a lo largo de la historia la península Ibérica ha sido un espacio físico y temporal de emigración e inmigración. Actualmente se habla del multiculturalismo, de la asimilación, de la integración frente a este fenómeno que no deja de ser un aspecto más de la sociedad globalizada. Plantear la inmigración como problema entorpece su análisis y su interpretación. La inmigración es un hecho social (parafraseando Durkheim) de nuestros tiempos perfectamente explicable dentro de las estructuras económicas políticas, culturales, sociales y jurídicas de las sociedades occidentales. Si hablamos de multiculturalismo, lo que estamos haciendo es el uso de una categoría que ha pasado de ser una moda académica y de la investigación especializada, a ser una moda en los medios de comunicación y los prólogos de toda publicación que se las pretenda de actual. Se establece una equivalencia entre la tolerancia, uno de los valores constituyentes de la democracia liberal en lo que a los individuos se refiere, y el multiculturalismo como espacio de libertad y convivencia entre distintos grupos culturales. Cuando hablamos de tolerancia tomamos como referente al ciudadano, mientras que cuando aludimos al multiculturalismo presuponemos la existencia de comunidades como "personas morales" y, por tanto, susceptibles de derechos y obligaciones colectivas. Es decir como ciudadanos autóctonos reclamamos nuestros derechos individuales y constitucionales, en cambio, ante un no-autóctono, e incluso ante otros autóctonos pero no exactamente autóctonos como nosotros, los vemos como colectivos y tanto ellos como los otros hablan de sus derechos como colectivo. Si uno es “blanco español” es individuo, si uno es de otro aspecto, altura, color o anchura y no español forma parte de un colectivo. Y no sólo eso, colabora a la diversidad, a la multiculturalidad etcétera, etcétera, eso sí, sin preguntar nunca si se quiere y se considera parte de esa colectividad, de esa culturalidad, de esa diversidad. Lo más incomprensible es cuando el inmigrante si quiere ser considerado por el “otro”, ese otro (nosotros) que se pregunta por los otros, tiene que aceptar la diferencia y su catalogación como perteneciente a otra realidad cultural que enriquece la sociedad de acogida. Verdaderamente complicado ya de por sí saber quien es el otro y quien es uno, para pensar que uno es un individuo y el otro es un colectivo, que uno es comprensivo y que el otro es comprendido. Que uno construye y el otro es construido. {mos_mb_discuss:2} Para contactar con el autor puedes enviar un e-mail a gerard.fontdevila@hotmail.com
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| Escrito por David Fornons | |
| lunes, 27 de marzo de 2006 | |
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"La identidad no deja de ser una especie de juego virtual
al que nos es imprescindible referirnos para explicar cierto tipo de
cosas, pero sin que tenga nunca una existencia real, ... un límite al
cual no corresponde en realidad ninguna experiencia." (Lévi-Strauss, La identidad).






