| El ocaso de los intermediarios |
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Una de las más arraigadas costumbres en la izquierda ha sido desde siempre despreciar a los intermediarios. Nunca he acabado de entender demasiado bien por qué algunos se empeñan en ignorar alegremente la racionalidad económica de contratar expertos o gente que pone en contacto a compradores y vendedores, pero lo cierto es que banqueros, agentes inmobiliarios, vendedores de coches usados y mayoristas siempre se llevan todas las tortas.
Bueno, para todos aquellos que comparten esta peculiar manía, algunas cosas están cambiando. Una de las bellezas de este nuevo mundo conectado en que vivimos es que la información está cada vez más accesible. Pongamos, por ejemplo, que un servidor quisiera vender una casa que tiene en New Haven. Tengo dos opciones; la primera es ir a un agente inmobiliario, decirle que me venda la casa, y darle una comisión. Es una decisión hasta cierto punto racional; es bastante posible que yo no tenga ni idea qué trámites legales tengo que hacer para vender una casa, lidiar con los bancos, ni tenga la más remota idea sobre cómo está el mercado de venta en New Haven, qué buscan los compradores, o ni siquiera qué puede pedir por mi vivienda. No es una tarea fácil, y la verdad, si un experto sabe lo que hace, es bastante probable que saque más dinero por la casa que lo que yo podría conseguir vendiendo al tuntún. Evidentemente, siempre puedo decidir lanzarme a la aventura, y tratar de hacer las cosas yo solito. Hace unos años, la cosa era bastante difícil; toda esa información sólo se podía conseguir a base de experiencia, buscar papeles en ayuntamientos y torturarse con horas de autoeducación sobre la materia. Ahora, sin embargo, todo esto es mucho más sencillo: uno no tiene más que utilizar Google, un par de páginas con estimación de precios y listados de casas en venta, y con un esfuerzo razonable pilotar la venta de una casa sin pillarse los dedos. En términos económicos, esto se traduce en algo muy sencillo: los costes de transacción, y de forma más precisa, los costes de obtener información, han disminuido de forma considerable. Los intermediarios, en su forma más pura, no son más que policías de tráfico, dirigiendo compradores a la ventanilla del vendedor más adecuada (con algunas reservas). Si de repente todos los conductores tienen mejores "mapas" totalmente de gorras, el precio de la información disminuye... y con ello, las comisiones. ¿En que se traduce esto en el mundo real? En que las comisiones medias de los intermediarios en muchos mercados, como por ejemplo los agentes inmobiliarios, están disminuyendo poco a poco. Esta disminución no es excepcional; se repite en todos aquellos mercados donde la información se hace más accesible, desde el mercado de coches de segunda mano a contratar seguros de vida. Sólo en aquellos mercados dónde existen barreras a la entrada más o menos estrictas (notarios, agentes de bolsa y cualquier otra profesión con barreras de carácter gremial) o en mercados que requieren información excepcionalmente especializada (transacciones financieras ultracomplicadas) esta disminución se hace menos aparente. Y no dudeis, esas barreras caerán. Del mismo modo que muchos contables americanos envían las declaraciones de renta de sus clientes por internet a la India, donde ejércitos de contables a un tercio del sueldo pueden hacerlo igual de bien (beneficiándonos a todos), poco a poco los costes de la información caerán, así como el precio de los intermediarios. Y sí, un mercado con información completa es un mercado más eficiente.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| miércoles, 10 de octubre de 2007 | |
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