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Este es un país en el que la política se hace en playback. Unos hacen como que cantan y los otros simulamos que nos lo creemos. Los temas se despachan siguiendo el ritual de la credulidad. Unos pocos llegan a un acuerdo y nos hacen creer al resto que hemos participado todos. Los pactos nacionales, los acuerdos de estado, los grandes discursos patrióticos y otras meriendas son presentados como las respuestas a las peticiones de la sociedad civil.
La pegajosa fanfarria nacionalista española que ha sonado durante estos días, y cuyo punto culminante fue el discurso real de Rajoy, ha venido a demostrar que la política, cuando entra en territorios electorales, no responde a las preocupaciones reales de la gente. Los que vivimos el debate ideológico desde la “periferia” nos sorprenden cada vez menos estas derivas interesadas. Hace tiempo que Zapatero aparenta ser un estadista responsable y comprensivo hacia la diferencia. Mientras no llegó la mentirijilla del Estatut y el fracaso del proceso de paz, el presidente procuró hacer pedagogía y representar el papel del respeto. De ahí surge un pacto no escrito con ERC, un discurso en común para aprobar presupuestos con el PNV y una línea de descuento abierta con Duran i LLeida.
Zapatero y Rajoy abrazan con fuerza la idea de España, la nombran, la embaban y la rellenan para devorarla después. Se les llena la boca, se hace insoportable tanto lienzo heroico. No he entendido nunca eso del “orgullo de ser español”, como tampoco entiendo el “orgullo de ser catalán”, es como estar orgulloso de ser griego, chileno o ugandés. Presumir que la providencia te hiciera nacer en un lugar u otro es tan absurdo como ridículo. Es como estar satisfecho de ser guapo y no haber leído un libro en tu vida, o endiosarse por tenerla de 28 cm. y desechar el expresionismo abstracto porque “eso lo puede hacer un niño”. Ser nacionalista, español o catalán no debería de tener nada que ver con el orgullo y si con el respeto.
El presidente actual y el aspirante popular se han puesto de acuerdo en ese ejercicio de nombrar España hasta la extenuación. Mientras tanto continúan sin entenderse en materia educativa, sanitaria, económica, social y exterior. Estos dos son los mismos que se juegan a los chinos los miembros del tribunal constitucional y los mismos que durante el proceso de paz fueron incapaces de ponerse de acuerdo en un tema tan sensible. Política moviendo los labios pero sin cantar.
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Escrito por Marc Vidal
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viernes, 19 de octubre de 2007 |
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