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Dispensario escolar, Centro de planificación familiar |
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Matar moscas a cañonazos, es lo que parece, a simple vista, la decisión de los colegios de Portland de proporcionar anticonceptivos a sus alumnas.
Claro que es una medida peligrosa. Si los anticonceptivos hormonales ya provocan considerables efectos secundarios en muchas mujeres adultas, cuánto menos en las niñas apenas preadolescentes. Pero peores son los efectos que un embarazo tendrá en esas mismas niñas, y parece que la educación pro-abstinencia no tiene un gran efecto en reducir ese riesgo (afortunadamente, Maine es de los pocos estados que se mantienen mínimamente cuerdos y rechazan generalizar ese tipo de “educación”). Sin embargo, la educación no basta para prevenir situaciones de riesgo, y menos en adolescentes. En la emoción del momento uno no está para pedirle al otro que se acuerde de los condones, y también resulta incómodo pedirle dinero a los papás para comprarlos (es que, a eso, uno no se atreve ni a los 30). Así que lo más sencillo es obtenerlos a través del dispensario del centro. Y si éste proporciona también anticonceptivos hormonales, nos evitamos esas absurdes discusiones con el noviete sobre si la gomita quita sensibilidad o si es un engorro o si total por una vez no pasa nada. Que por cierto, curioso resulta que la noticia haya levantado tanto revuelo ahora, cuando esos mismos centros han estado dando condones a sus alumnos desde el año 2000 sin tanta alharaca.
Comentarios de los usuarios (1)
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Escrito por Mireia Ortega
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viernes, 19 de octubre de 2007 |
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