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Cuando un demócrata, una persona de izquierdas y republicana defiende con inteligencia y educación una idea como la independencia de Cataluña de España con argumentos consistentes y democráticos (aunque como demócrata progresista no creo en la independencia de Cataluña, puesto que para mí el proceso hacia el que vamos es la Unión Federal de naciones europeas) es un auténtico placer escucharlo y quizá algún día dialogar con él.
Vi la intervención del señor Carod-Rovira en la televisión, concretamente en el programa “tengo una pregunta para usted”. A parte de las múltiples y diversas interpretaciones (nunca mejor dicho) entre lo mucho que dijo hay una idea absolutamente seductora y compartida, de la cual hablé en un artículo anterior: Españas, en plural, no España en singular. Ante esta argumentación, ante la clarísima distinción que siempre hace Carod entre el nacionalismo (él no lo es nacionalista) y el independentismo, uno no puede más que celebrar esta invitación al diálogo constructivo, al diálogo entre iguales, al diálogo que mira al futuro y no al pasado. Quizá Carod debería explicar más de lo que ya hace, la diferencia entre los nacionalismos, y en específico el catalán y el independentismo. El primero no habla de una secesión o separación de una nación de una entidad política, estado, hasta aquí todos de acuerdo. Versa sobre demandas, exigencias clasificatorias, en el que el concepto igualdad no se refleja. Los nacionalismos suelen llevar inmiscuidos el gen de la diferenciación, de la clasificación entre los ciudadanos. En cambio el independentismo, guste o no y a pesar de su contundencia semántica y significativa, habla de estados, de diferenciación administrativa de estados no de ciudadanos. Es decir, el nacionalismo busca o bien la diferenciación entre los ciudadanos o bien obligar a la unificación de diferencias entre ciudadanos siempre bajos aspectos supuestamente culturales ideas preconcebidas sobre una supuesta nación organismo vivo. En el nacionalismo, la historia nos muestra cierto interés económico y de control de élites sobre la ciudadanía, sea cual sea el tipo de nacionalismo. Es decir todos los nacionalismos catalán, español, vasco, francés, se fundamentan en lo mismo. Nacionalismo versus étnia, independentismo versus política. El independentismo habla de organización política y como siempre repite Carod, de adscripción de identidades de forma libre e igualitaria. Es decir un nacionalista catalán puede considerar a un no nacido en Cataluña como ciudadano no “tan catalán” como el sangíneamente oriundo. El independentismo habla de una comunidad de iguales que se gobierna, de una nación de ciudadanos iguales que se gobierna sin importar origen, generaciones y otras historias étnico-genéticas. La persona en la comunidad frente al grupo de personas que ostentan o quieren ostentar el poder de la comunidad. Por esto es curioso que desde una perspectiva democrática, en la que la libertad y la igualdad son los raíles por los cuales circula el tren de la convivencia parezca más peligroso la idea de independentismo, propuesta por Carod, que no la de nacionalismo propuesta por PNV y CiU. Cuando las cosas se pueden hablar, debatir, en un marco de libertad e igualdad, no se puede estar de acuerdo con la idea del otro, pero es un orgullo y un placer poder hacerlo. El simple hecho de esta posibilidad es ya la muestra que algo está cambiando, que finalmente la vivencia y convivencia entre los múltiples y diversos pueblos y naciones que configuramos este pequeño e insignificante planeta es posible. Josep Llúis Carod-Rovira, fue un placer oírle.
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