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Justo el día en que una gran movilización social, convocada por los más importantes sindicatos del país , tenía paralizada a gran parte de Francia, el Presidente Sarkozy decidió comunicar oficialmente a la ciudadanía, su divorcio legal de quien había sido su esposa durante once años.
El efecto político fue inmediato. La cobertura de los medios, que durante la mañana se habían volcado a cubrir la huelga en protesta por las políticas pro mercado emprendidas por el gobierno, cambió inmediatamente su foco. Incluso el diario Liberation, ideológicamente de izquierda, a partir de aquel momento comenzó a titular en su edición de internet con la noticia del quiebre matrimonial del Presidente, relegando a un segundo plano, la acción sindical. No obstante el coste personal que Sarkozy deberá pagar al ventilar de aquel modo su vida afectiva, el beneficio político que ha obtenido con su mensaje es considerablemente mayor: Logró desviar la atención de los medios y de la opinión pública que hasta ese momento se concentraban en la movilización y en sus motivaciones. En este episodio, al convertirse conscientemente a sí mismo, en pasto de comentarios de la prensa rosa, el Presidente Sarkozy logró salvaguardar de la arremetida de las fuerzas sindicales y progresistas, su proyecto político privatizador y jibarizador del aparato estatal. Al final del día, aunque destrozado afectivamente, políticamente hablando, probablemente habrá podido dormir feliz. En definitiva, aun cuando mi discrepancia ideológica con Sarkozy es considerable, creo que su accionar constituye una jugada política magistral. Si pudiera, Maquiavelo estaría feliz de ver cuan lejos ha llegado su influencia.
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