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Escribir un artículo para socialdemocracia es un placer. Pero escribir un artículo para socialdemocracia el día de Todos los santos y viendo documentales sobre vampiros en el canal Historia puede convertirse en una estupidez. Llevo dos tediosas horas viendo un programa sobre la historia de los vampiros y una original pregunta resuena en mi mente: ¿existen los vampiros hoy en día?
Bueno, no sé si soy yo la persona adecuada para contestar esta cuestión, pero abusando del poder que da ser el que escribe me tomaré la libertad para opinar sobre el respecto. Sí, sí que existen. Pero no seamos inocentes o excesivamente crédulos: de la misma forma que no existe Santa Claus ni David el Gnomo, los vampiros tal y como los ha mostrado la literatura tampoco. Las leyendas vampíricas sitúan sus orígenes en la Edad Media. El vampiro se sitúa geográficamente en Transilvania. Este vampiro hace de un lema, la sangre es vida una especie de lifemotive. El vampiro transilvánico es una especie de buen cristiano descarriado al cual se le va la olla que en vez de dejarse aconsejar por la curia romana se rodea de curiosos murciélagos y otros seres demoníacos. Y así se pasa la eternidad mordiendo compulsivamente bellas damiselas, las cuales acaban pareciendo adolescentes después de un concierto de operación triunfo. Pero tras la Edad Media las cosas cambiaron. Apareció el capitalismo, con lo que el lema la sangre es vida pasó a ser la pasta es vida. Cuando digo pasta me refiero a la pasta en su sentido monetario, no en el sentido alimenticio. Lo aclaro porque para mí, la pasta italiana es vida, nada como unos macarrones a la boloñesa y una pizza de cuatro quesos. Aclarado el asunto, la pasta-dinero es la vida. Así pues, si nos atendemos al lema podríamos fácilmente asociar a la banca o al gran capital como al menos simpatizantes del vampirismo o a caso discretos militantes. De hecho el vampiro clásico accedía a la vida eterna, el vampiro moderno vive más, mejor y sin dar un palo al agua, en cierta medida está más cerca de la vida eterna, y posiblemente del cielo o del nirvana, que no la mayoría de los pringados mortales que nos levantamos a las siete de la mañana para ir a trabajar. Se incluye lógicamente a los que trabajan en turno de tarde o de noche, faltaría más. Otro aspecto importante en la búsqueda del vampiro moderno que puede alejarnos, o no, del gran capital como secta vampírica esta en el hecho de la seducción de las víctimas por el vampiro. Vaya, que han de dar algo más que morbo. Dada mi falta de datos sobre el sexapil del empresariado actual - no he tenido el placer de ser seducidos por ellos - no acabo de ver claro que cualquier mortal acabe pirado por un banquero. Normalmente los sex simbols actuales suelen ser modelos hormonizados (bulto aquí, bulto allá), actores aniñados que en sus ratos libres son ecologistas o adoptan niños africanos o músicos yonkis rompe instrumentos. Claro que quizá la seducción del vampiro moderno sea la cartera. Lo que representa una desviación de la antigua pasión de la víctima por los ojos o por la voz del vampiro. Ahora la seducción no es esa voz hechizante de vendedor de telefonía móvil o esos ojos hipnóticos rojos de fumador crónico de marihuana; no, es una cartera repleta de tarjetas de crédito subtipo oro y platino que a más INRI son de verdad. En definitiva, creo que todo lo asociado con el vampirismo actual arranca desde el descubrimiento de América, aquel doce de octubre de 1492. Es el capitalismo. Así pues, Estados Unidos es la nueva Transilvania, la bolsa de Nueva Cork es su nuevo castillo, la cocaína con una pureza por encima del cincuenta por ciento es su vino y los clubes sociales elitistas son su cementerio sus refugios nocturnos. Ya no muerden a la yugular solo a jóvenes vírgenes, ahora si se tercia se tiran a la yugular de cualquiera. Si alguien tras leer estas líneas cree que me equivoco, tiene la oportunidad de iniciar un debate sobre la cuestión. Aviso; los políticos no son los herederos de los vampiros, aunque chupen de las arcas del estado y parasiten con las ilusiones del resto de los mortales. Más bien son la versión moderna de los tele predicadores de antaño. Si en una semana no me recupero del shoc vampírico escribiré una disertación titulada: El político telepredicador. david.fornons@hotmail.com
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