| Suma Cero |
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Agradezco que tenga tanta consideración por las personas que sufren malaria, malnutrición, guerras y falta de acceso a la educación. Pero en primer lugar, hay que notar que, como todo buen planificador sabe, lo más urgente no siempre es lo más importante. Claro que no son más importantes las vidas de los que sufrirán a causa del recalentamiento que las de los que mueren abatidos por las guerras civiles, pero sí es más importante la magnitud del problema. Porque una hambruna se puede paliar con el envío de alimentos que parcheen la situación, pero como se nos fundan los casquetes polares no va a haber diques que contengan la catástrofe.
Así que, si bien es necesario aunar esfuerzos para resolver los acuciantes problemas que nos afectan- especialmente a la mitad sur de nuestro globo- no resulta muy inteligente aparcar el asuntejo del calentamiento global a la espera de terminar nuestro proyecto de mundo feliz. El sr. Sala habla de urgencia en referencia a los efectos, pero es posible que para evitar esos efectos sea necesario actuar con urgencia ahora. El cambio climático es lo que tiene, que es un cambio lento... pero inexorable. Como el señor es economista, a lo mejor le sirve una metáfora: una empresa debe poder invertir de vez en cuando en mejoras tecnológicas que le permitan adaptarse a los cambios del mercado. Si lo hace verá reducidos sus beneficios a corto plazo, pero garantizará su supervivencia a la larga.
Por otro lado, el argumento de si debemos elegir entre luchar contra el cambio climático o contra la pobreza en el mundo contiene una bonita falacia. El sr. Sala dice:
Sí, ya sé que algunos dirán que no hace falta priorizar porque luchar contra el cambio climático no impide luchar también contra la pobreza. Pero eso es falso. Las restricciones presupuestarias existen y cuando un gobierno dedica dinero o capital político a luchar contra el calentamiento, no puede dedicar esos medios a la cooperación internacional. Del mismo modo, cuando una empresa dedica recursos de responsabilidad social a mejorar el medio ambiento, no los dedica a promocionar infraestructuras de agua en África.
Lo que resulta falso es pretender que la suma de los esfuerzos a realizar sea una suma cero, que viene a ser que cuando uno gana, otros pierden. Los recursos son escasos, sí, pero tienen la curiosa cualidad de multiplicarse en las condiciones adecuadas. Invertir en fuentes de energía que reduzcan o eliminen las emisiones es una forma de luchar contra el cambio climático, pero también de ser más eficientes y productivos. Si una empresa dedica sus recursos de “responsabilidad social” (en mi pueblo lo llamamos lavado de cara) a reciclar sus residuos en vez de abandonarlos en las aguas de algún país al que puedan pagar para convertirlo en el vertedero del mundo, habrá contribuído un poquito en preservar las reservas acuíferas. Y si en vez de comprar el café a 2 céntimos el kilo lo compramos a un precio justo, mejoramos las condiciones de vida de los cultivadores de café y desincentivamos a los que se tuvieron que dedicar a cultivar coca porque el café no daba para vivir.
Bueno, esto último no tiene mucho que ver con el calentamiento, pero sirve para ilustrar el punto.
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| Escrito por Mireia Ortega | |
| jueves, 08 de noviembre de 2007 | |
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El Dr. Xavier Sala i Martín publica un artículo en el Cato Institute en el que critica la urgencia con que se nos apremia a afrontar el cambio climático. Hay, dice, otras prioridades más urgentes.






