Actualmente, nos encontramos que cada vez son más las mujeres que se
deciden por emprender, y dedicar su vida laboral a crear su propia
ocupación. Nos encontramos lejos todavía de conseguir que los ratios de
mujeres empresarias sean similares a los de los hombres, y por eso
todavía nos encontramos con muchas dificultades, muchas de ellas
culturales, a la hora de que una mujer se decida con firmeza por esta
opción.
Aun cuando desde la UE y el resto de administraciones públicas se
intenta hacer un esfuerzo llevando a cabo programas con acciones
positivas que fomenten dinámicas igualitarias de cara a que la mujer
esté presente en todos los ámbitos de la vida laboral, todavía hay
ciertos aspectos culturales, que parecen de lenta solución que tienen
en España, en clara desventaja respecto a otros países en este
aspecto. Posiblemente los más de 40 años de dictadura
divino-paternalista sufridos nos hacen ir a la cola de Europa en ese
aspecto.
Parece mentira ver, como en profesiones de las que la mujer tiene un
porcentaje muy alto de participación tradicionalmente, como por ejemplo
peluquerías o cocina, los empresarios o figuras más conocidas del
sector sean hombres, como Llongueras o Ferran Adrià, y sin duda esto se
debe a un problema cultural que asocia al hombre al éxito en los
negocios. Parece que sea más “cool” un hombre líder que no una mujer,
aun cuando esta sea mucho mejor profesional que el hombre.
Sólo hace falta hacer una visita por algunas Escuelas de Negocio, como
ESADE o IESE, por ver que la mayoría de los alumnos futuro empresarios
o directivos, son hombres, y lo que todavía es más preocupante, lo son
también la mayoría de profesores. Esto puede dar una sensación
equivocada de que los expertos en determinadas materias deben traer
americana y corbata. Es como si el sexo, debiera formar parte de
l’estereotipo de experto o de persona con éxito.
Hace poco me comentaba una profesora de unos de estos cursos, que había
dejado de dar clases en algunas escuelas porque estaba harta de tenerse
que pasar la primera media hora de cada clase ganándose el respeto de
los alumnos, cosa que no les sucede a sus compañeros de profesión.
Sin ir a tan altas esferas como las escuelas de negocios, día a día
nuestras emprendedoras deben convivir con actitudes machistas, como la
no contratación para trabajos que se asocian tradicionalmente a los
hombres, como me comentaba una de ellas. Ha tenido que cerrar su
negocio de reformas de domicilios, porque las personas no le
contrataban por no generarles confianza una mujer en ese trabajo. Lo
peor de todo, es que muchas veces quienes le transmitían ese
motivo eran también mujeres.
¿Cómo generar el emprendimiento entre las mujeres?
En primer lugar, deberíamos plantearnos la creación de figuras
empresarias de éxito, del mismo modo que los medios de comunicación y
las campañas de marketing han creado los modelos masculinos. La mujer
debe sentirse identificada con los modelos de éxito, de cara a que
pretenda imitarlos y enriquecerse personal y profesionalmente a través
del autoempleo. Para ello es necesario no sólo la creación de estos
modelos desde una perspectiva de género, sino darles cabida a las
mujeres en las escuelas de negocio, que en estas escuelas se imponga la
paridad entre los profesores, contar con expertas en medios de
comunicación y mesas redondas que habitualmente están copadas de
hombres con americana, corbata y gomina, y que de una vez se tenga en
cuenta la cuestión lingüística para no marginar a la mujer en esos
ambientes. Palabras como Directivo, Empresario, Emprendedor, Director,
Delegados, etc., deben dejar de usar el masculino siempre, para usarse
desde una perspectiva genérica, que no excluya a la mujer del término.
¿Cuestiones culturales que se deben corregir?
Aún sabiendo que será tarea difícil, debemos trabajar en que las nuevas
generaciones entiendan que la conciliación de la vida laboral y de los
hijos, no es tan sólo un problema femenino. Tradicionalmente las
mujeres han sido las encargadas de cuidar a los hijos, de estar siempre
pendientes de ellos, pero debemos empezar a implicarnos los hombres
mucho más en estos aspectos de lo que lo hemos hecho. ¿Por qué nosotros
podemos tener derecho a una vida profesional plena, y no nuestras
parejas? Este es un problema que ira solucionándose a medida que las
nuevas generaciones vayan perdiendo la perspectiva del tradicionalismo,
pero que va a ser un camino duro, y tortuoso sin duda, ya que se trata
de cambiar una construcción afianzada desde hace miles de años en
nuestra sociedad que parte del modelo judeo –cristiano, en que la madre
es responsable del cuidado de sus hijos.
¿Con que datos contamos?
Según el informe GEM sobre Emprendimiento en la Unión Europea, cada vez
disminuye más la orquilla del diferencial entre las mujeres y los
hombres que emprenden en España. Cada vez son más las mujeres que
deciden emprender, y además, el porcentaje de supervivencia de las
empresas iniciadas por mujeres es mayor al de las empresas que crearon
hombres a partir de los 5 años. A este dato, podemos unir el
hecho de que la mayoría de los microcréditos (cerca de un 80%)
destinados a emprender que se están dando desde la Obra Social de las
diferentes Cajas de Ahorro están dándose a mujeres emprendedoras. De
este modo, parece evidente que si en el futuro conseguimos dotar del
prestigio social que se merecen estas personas, conseguimos crear
iconos de éxito femeninos en los negocios, todavía esta práctica será
más común entre las mujeres españolas.
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