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Nunca es tarde si la dicha es buena: la ley de la memoria histórica, aunque tarde, muchos de los que quisieron verla por desgracia llega tarde y no lo harán, es una buena noticia para la democracia española. Pero sería una grandísima noticia para España, no solo para Cataluña rendir de una vez por todas, el debido homenaje y reconocimiento a la figura de LLuis Companys y hacerlo el valor y atrevimiento que él mismo utilizó en la defensa de sus convicciones democráticas.
Lluís Companys junto con Salvador Allende son los dos ejemplos más próximos en la historia mundial de dirigentes víctimas del fascismo. Dos presidentes de un gobierno legítimo que fueron asesinados por militares sublevados ante la legalidad, es decir ante la voluntad de sus respectivos pueblos. Capturado por la GESTAPO (por si alguien aún cree que no tuvieron relación Hitler y Franco) y entregado a los sublevados, para ser asesinado bajo el disfraz de un juicio sumarísimo. Cataluña necesita que el juicio (la infamia) a Lluís Companys sea revocado reconocido como lo que fue: una farsa más del régimen. Pero seguramente sea España la que necesite más reconocer la figura de Lluís Companys. La España democrática que superando los odios del pasado, superándose a lo que parecía ser su trágico destino, tiene ahora una oportunidad histórica para reconocerse. Cómo, reconociendo la figura de Lluís Companys. Sería un gesto precioso para toda la ciudadanía y para la democracia española una plaza en Madrid que llevara el nombre de Lluís Companys en su recuerdo. El recuerdo del dolor, de la rabia, de la pérdida de la libertad y de la dignidad. Y precisamente porque se trata de la dignidad, un gesto así nos honraría a todos los que creemos en la democracia. Al mismo tiempo seria un homenaje a Madrid, en donde reside el gobierno democrático de todos. La figura de Lluis Companys es la figura de un político de un tiempo incierto, lleno de incertidumbres, difícil, errático, erróneo, seguramente como él mismo. Uno de los gestos que más me impresiona de él fue que como padre el cual sabiendo las consecuencias de quedarse en Francia por su hijo enfermo no abandonó Francia y con ello su trágico destino. No tan solo cumplió con su deber político sino también humano, que los transciende. Fue asesinado en el Castillo de Montjuic, castillo desde el cual Barcelona ha sufrido durante su historia innumerables actos de brutalidad ante los intentos, muchas veces logrados de someter su libertad y sus derechos. Fue un 15 de octubre de 1940, una fecha para recordar. Los demócratas necesitamos un gesto sobre la figura de Lluís Companys. Es un homenaje a la dignidad. Un gesto simbólico como el que él hizo antes de ser ejecutado: no quiso que le vendaran los ojos y quiso descalzarse para sentir su suelo, el suelo, su Catalunya. Necesitamos recordarlo aquí en Catalunya y en España. No tan solo es memoria histórica de Catalunya; es memoria de España. Lluís Companys es patrimonio de todos. Junto con Allende son ejemplos de cuando todo esta ya perdido, los valores de la democracia uno permanece, la dignidad. Vindico desde estás líneas el reconocimiento de la infamia franquista y la lógica propuesta de nulidad del juicio. También, y quizá sería el más grande homenaje a la democracia y a la república, recordar al presidente asesinado en Madrid, con una plaza en la capital que recuerde su figura.
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