| La izquierda y el mito de la participación |
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Pero, como en el mito de la caverna, desde las organizaciones de los partidos sólo se ven las sombras de esa participación ciudadana: Por un lado, la demoscópica, que define los problemas cuando formula sus preguntas; de otro, los procesos participativos y de debate impulsados por los propios partidos y que su propia inercia "aparatchik" (leninista añadiría) impone las respuestas que esperan oír. Las inquietudes y deseos de la ciudadanía líquida y dispersa, más preocupada por lo que, desde los partidos denominan "intereses particulares" son, pues, las figuras inaccesibles que proyectan su sombra en la caverna en la cual se encuentra encadenado el político. Y como en un teatro de sombras chinas, los políticos son quienes mejores sombras crean. Pero, las sombras se desvaneces si una pequeña agrupación del PSC convoca a sus simpatizantes y militantes para que, con total libertad, expresen sus propuestas para la ciudad y el barrio y cuando estas propuestas, ni dirigidas ni mediatizadas, llegan por fin a los responsables políticos elegidos. El trabajo del político es mirar a la cara a la sociedad líquida y no a la sombra que proyecta.
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| Escrito por Antonio Linde | |
| viernes, 16 de noviembre de 2007 | |
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Los partidos de izquierda siempre han tenido la ilusión de la participación (de los ciudadanos), que la democracia es más que votaciones cada 4 años (aunque en Catalunya lo hacemos casi cada año).





