| Disciplina de partido y libertad de expresión |
|
|
Una reflexión que viene al hilo de aquél meme propuesto por Happy Butcher, en el que nos pedía que vendiéramos nuestra alma al mejor postor. Será porque yo nunca he seguido demasiado eso que llaman disciplina de partido, y creo que el hecho de militar en una formación política no restringe mi derecho a opinar y a criticar, desde el respeto y con argumentos, lo que considero criticable, que estas opiniones me resultan especialmente descorazonadoras. ¿Está realmente tan extendida la opinión de que cuando militas en un partido, todas tus opiniones en política están “filtradas” de alguna manera por el colador ideológico del partido? No sé si es una opinión extendida, lo que sí sé es que es errónea. Creo que cuando una persona entra a militar en un partido político, no pierde por ello su capacidad de análisis y de crítica de aquéllo que considera que se debe cambiar en nuestra sociedad: al contrario, se le abren vías de trabajo internas para lograrlo. Y si el propio partido no está haciendo las cosas bien, la obligación del militante comprometido es hacer llegar su opinión a quien corresponda. Cierto que entre tener una reunión con el primer secretario o el secretario de organización de la agrupación o federación que corresponda, y actuar como lo ha hecho Rosa Díez hay una distancia insalvable. El respeto y la utilización de las vías internas establecidas precisamente para canalizar la crítica de forma constructiva están para utilizarlas. Esto no significa que, de puertas para fuera, tengamos de alguna forma prohibido criticar aquéllo que el partido no hace bien y tengamos que ceñirnos al 100% al argumentario oficial. Por mi parte, nunca me he encontrado con ningún problema, y mira que las he dicho gordas. No me considero ni la enfant terrible del partido, ni tampoco alguien a quien haya que mimar especialmente y tratar con condescendencia. Siempre he sostenido, y lo sigo haciendo, que es preferible que un amigo te diga lo que haces mal con voluntad de reconducirte por la vía correcta, a que sea un enemigo quien te saque las faltas con ánimo de destriparte. ¿Que el partido se convierte en una olla de grillos si cada uno mantiene una posición distinta sobre cada tema? No, hombre, no. Se presupone que cuando uno decide afiliarse a un partido político lo hace con el convencimiento de que comparte una parte importante de su ideario. Por seguir con el ejemplo de Rosa Díez, no tiene sentido seguir militando (y en ese caso además tener un cargo público obtenido por figurar en una lista del partido) y sostener en prácticamente todos los temas que trataba públicamente la misma opinión de otro partido distinto. Esto no significa que cuando uno pida el carnet de militante tenga que compartir obligatoriamente el 100% de las posturas oficiales del partido, habrá unas que sí comparta y otras que no, igual que en lo que respecta la práctica diaria de la política; pero afiliarte implica por lo menos que compartes, si no todas, la mayor de las posturas oficiales del partido respecto a los grandes temas políticos. ¿Y si no las compartes, para qué te afilias? (¡ejem! ese sería otro tema…). Pero que compartas la mayor parte de las posturas del partido no quiere decir que tengas que guardar silencio en aquéllas que no compartes, sino todo lo contrario. Y, para finalizar con esta reflexión ad hoc, creo que es mucho más honesta una postura personal en la que se puedan defender las posturas oficiales del partido en las que uno cree, pero sin necesidad de asumir con falsedad aquéllas en las que no está de acuerdo. No podemos hacerlo todo bien, todo el tiempo. En algo, invariablemente, nos equivocaremos, porque cualquier partido está formado por personas que hacen su trabajo lo mejor que pueden porque creen en lo que hacen y creen que con su trabajo podrán contribuir a que una mayoría de ciudadan@s vivan mejor. Y en esta tarea hay cosas que hacen bien y cosas que hacen mal, como todo el mundo. Por eso creo que resulta mucho más convincente una postura honesta, crítica cuando tiene que serlo, con la política y la práctica política del partido en el que se milita. El partido no debe limitar la libertad de expresión de nadie, pues es precisamente esta libertad de expresión su mayor activo, con lo que conseguirá que sus dirigentes se ganen el respeto y la confianza de la ciudadanía, que bastante desencantada está con la política y sus representantes (no estaría de más una reflexión interna sobre hasta qué punto la asunción acrítica de los argumentarios del partido y la falta total de autocrítica han contribuido a llegar a esta situación).
|
Ningún comentario guardado
mXcomment 1.0.3 © 2007-2008 - visualclinic.fr
License Creative Commons - Some rights reserved
| Escrito por Jessica Fillol | |
| miércoles, 28 de noviembre de 2007 | |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|
RSS


Hoy me he puesto al día con 





