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viernes, 05 de diciembre de 2008
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Liberalismo e izquierda: el homo individualista corresponsable Imprimir E-Mail
Lecturas 1884    

ImageRecientemente un artículo de José Zaragoza, secretario de organización del PSC y la réplica algo dura de Marc Vidal, ponían en solfa la tradición liberal de cierto socialismo. Hablaban del social liberalismo, que en grandes rasgos podría identificarse con las tesis del nuevo laborismo británico, inspiradas entre otros por Giddens (aunque creo que hay algunas posturas de Giddens que son más izquierdistas de lo que en principio nos puedan parecer). Pero ante este debate, cuyo interés ideológico es crucial, quiero aprovechar para recuperar ciertos valores del liberalismo que sin ellos la izquierda moderna no existiría.


Definir liberalismo es como definir socialismo, sus formas son múltiples, sus matices son amplios, no es lo mismo Sala-Martí que Hayek, y estos dos no se parecen en nada a los ultraliberales ancaps, pero sí que es más sencillo conseguir identificar las ideas que se evocan cuando hablamos de liberalismo, al menos desde un izquierdista.


La victoria en los años 70 y 80 de ciertas tesis neoliberales dentro de los propios liberales, al menos desde un planteamiento ideológico-político, al tener el apoyo de líderes como Tatcher o Reagan hace que el liberalismo que nos llega popularmente esté relacionado con el apoyo al gran capital, las desregulaciones de mercados laborales, el desmantelamiento del estado del bienestar y la loa al individualismo sin mecanismos de reequilibrio que busquen la igualdad de oportunidades. La siguiente victoria de la globalización hace que las tesis neoliberales de los años 80 se vean apoyadas nuevamente por una economía global y unas grandes corporaciones que necesitan vestir ideológicamente sus estrategias de enriquecimiento. Por otro lado el blogue socialista se hunde, dejando al socialismo democrático sin “la excusa” de que si hay ausencia de estados del bienestar fuertes la alternativa es la revolución, aunque en un principio el pacto “capital-trabajo” se basó en un mútuo beneficio, a través de estados del bienestar fuertes que dotaran de servicios que el capital privado no podía proporcionar a sus trabajadores y de un estado fuerte que dotara de infrastructuras, seguridad, etc.. que el capital privado por sí solo es incapaz de conseguir. El neoliberalismo consiguió convencer “al capital” que el pacto capital-trabajo, el new deal, la “paz social”, ya no era necesaria... la gran victoria de las tesis más radicales liberales dentro del propio liberalismo y la constatación de que no era necesaria concesiones a la igualdad de oportunidades real, fué la verdadera derrota de otras formas de liberalismo.


Pero el liberalismo no es sólo una loa al mercantilismo, a conseguir lucrarse aún a costa de los semejantes, del “laisserz-faire”, aspecto que incluso el mismo Hayek reconoce que es una piedra angular del liberalismo que se interpreta de forma tosca:


nada ha hecho tanto daño a la causa liberal como la rígida insistencia de algunos liberales en ciertas toscas reglas rutinarias, sobre todo en el principio del "laisserz-faire".


Image
Eugène Delacroix - La liberté guidant le peuple
De hecho, sostengo, que no podemos entender el socialismo democrático sin el liberalismo, o sin al menos, bastantes de sus principios ideológicos. Hasta el punto de llegar a poder defenderse que el verdadero heredero del pensamiento liberal democrático lo es más el centroizquierda o la socialdemocracia que lo que ahora llamamos neoliberalismo.


Uno de los principios del liberalismo es la relevancia de la libertad individual, para algunos liberales, algo sagrado. Y hay que decir que la defensa libertad individual frente a los poderes del estado es un ingrediente esencial para poder tener una sociedad mínimamente democrática. El “riesgo totalitario” siempre existe, y de hecho las sociedades democráticas se han dotado de mecanismos que protegen al individuo de abusos del estado: tribunales, defensores del pueblo, sindics de greuges, garantías legales de derechos individuales inalienables... y es un reconocimiento a que el estado puede llegar a conculcar esa libertad y que los individuos queremos poner límites a lo que el estado puede hacer con nuestras libertades.


Esto puede parecer algo menor, porqué algunos neoliberales han llegado a extender su libertad individual a todas sus posesiones y lo que hacen con ellas, para evitar que haya mecanismos que limiten la libertad empresarial, por ejemplo, en lo que pueden contaminar; pero más allá de ciertos histerismos con los que estos acusan de “liberticidas” a los que creemos que los impuestos son necesarios y que un estado del bienestar es imprescindible para poder garantizar la autonomía de los individuos, el hecho de que defendamos al individuo frente al Leviatán es esencial para cualquier forma de izquierda democrática. En pro de la igualdad o de cualquier otro fantástico principio ideológico no podemos sacrificar al individuo al altar del estado. Peor aún ante ciertas formas premodernas de entender la sociedad... ya que el liberalismo emerge frente al comunitarismo en una defensa a que el individuo asuma sus propias decisiones y responsabilidades y no se someta a la comunidad en todos los ámbitos de su vida. Hoy en día no podríamos defender el derecho a que los homosexuales puedan realizar uniones matrimoniales, adoptar niños, a que las parejas puedan deshacer sus matrimonios, o cualquier otro derecho de una minoría, sin considerar que en esto somos hijos del liberalismo que valora los derechos del individuo y su libertad individual.


Aunque el anterior aspecto es algo a lo que es bastante fácil llegar hay un valor esencial del liberalismo que es bastante olvidado. Olvidado porqué a la cultura dominante le interesa y por la actual crisis de la “ética del trabajo”. Antes de presentarlo hablaré de un problema que se le achaca a la cultura del consumo moderna en la que vivimos. Cuando los ciudadanos no asumen responsabilidad de la vida política, abandonan el espacio de la política y tan sólo votan cada cierto tiempo (y algunos ni eso), cuando vemos que en general nos desentendemos de los problemas de los demás, y que en comparación con las sociedades comunitarias pasamos bastante unos de los otros y no ayudamos a los demás lo achacamos al individualismo. Craso error... porqué el gran problema no es que seamos individualistas y defendamos nuestros intereses, valoremos nuestros beneficios y asumamos un rol más egoista en base a no someternos a un interés colectivo, sinó en la ausencia de corresponsabilidad y en cierto grado de estupideza social.


Me explico de otra forma. El ser corresponsables en el espacio político, asumir participación en el interés colectivo tiene un beneficio directo ya que cierta esfera de nuestro desarrollo y de lo que nos afecta en el día a día no depende sólo de nosotros, sinó de lo que hagamos de forma más colectiva. Un señor empresario de éxito puede tener muchas cosas solventadas, pero si no existiera un buen sistema de I+D en ámbitos que no son rentables a largo plazo su actividad económica no podría aprovechar mejoras y avances de una investigación aplicada que requiere de avances generales em ciencia que no producen a priori resultados directos ni productos ni servicios nuevos, pero forman la base de investigaciones más aplicadas. Es más, ese señor empresario, si no se gestionara de forma correcta el sistema legal que le proteje del incumplimiento de contratos o le garantiza cierta seguridad en las transacciones vería cómo su actividad económica se vería resentida. Todos podemos trazar una línea de aspectos de nuestra vida que no podemos decidir nosotros, ni valernos sólos con nuestros recursos y capacidad de comprar bienes y servicios, y que requieren del espacio de la política (en el sentido más amplio) para resolverlos. El hecho de abandonarlos no es fruto del individualismo, sinó de la estupidez. Bourdieu ya lo decía “si no haces política, alguien la hará en tu contra”, y desde un punto de vista individualista esto es así. Pero esta intervención en el espacio común, tampoco puede ser de forma que juguemos a ganar-perder, sinó buscar el beneficio del máximo número de personas, por tanto hemos de buscar la colaboración, porqué en ese espacio siempre estaremos en minoría frente al resto de individuos que también buscan maximizar sus beneficios, pero que en el fondo mantenemos muchos más puntos de interés común: por ejemplo todos querremos que haya seguridad, buenas infrastructuras, que se garantice un grado de formación básica a todos los ciudadanos, etc...


Es decir, el individualista que inspira el liberalismo no es un saqueador cortoplacista sinó un personaje corresponsable y que le interesa seguir pudiendo llegar a acuerdos y pactos en el espacio político-social. A diferencia de la imagen del ejecutivo agresivo de los años 80 que no conoce padre ni madre a la hora de prosperar, lo que inspiraría el liberalismo menos cortoplacista es el ciudadano que vela por sus intereses pero es corresponsable.


En frente de este homo corresponsable, las tesis comunitaristas ofrecen el homo sometido, el obediente de la tradición, el que no se cuestiona el interés general y que se sacrifica por la colectividad, y las tesis neoliberales ofrecen el cortoplacista que intenta maximizar sus beneficios en todo momento sin considerar las consecuencias a terceros. Tan sólo hay que identificar los iconos ideológicos de cada una de las tesis: el ejecutivo agresivo de los años 80 por un lado, y el soldado soviético que sacrificaba su vida en el frente en el otro.


Profundizando en estos valores liberales, ¿cómo pueden ser compatibles con el socialismo democrático? ¿realmente el socialismo democrático engloba algunos de los valores esenciales del liberalismo?. A mi entender, sí. El socialismo democrático sólo puede comenzar a actuar cuando los ciudadanos se encuentran cerca de la libertad que promovía el liberalismo, no sometida su dignidad ni sus derechos individuales más inalienables al estado. Sin individuos libres intentar cualquier medida de igualdad de oportunidades o de fomento de la autonomía de los individuos no tiene sentido... Los socialistas democráticos buscamos la “igualdad de oportunidades” para que todos puedan acceder al mismo grado de libertad y autonomía real, si esta libertad no existe tan sólo estaríamos gestionando las migajas de la autonomía personal, tendríamos las mismas oportunidades pero para no poder ejercer nuestra libertad.


De hecho, y rizando el argumento, sigo convencido que en la esencia del objetivo de maximizar la libertad y la autonomía individual tan sólo ciertas formas de socialdemocracia o de social liberalismo permiten maximizarla. Los mercados son imperfectos y además tienden a que los que se encuentran en situaciones privilegiadas se mantengan y además incrementen sus ventajas sobre los que comenzaron algo por debajo... Tan sólo hay que evaluar los índices de Desarrollo Humano en los países que menos corrijen mediante un estado del bienestar estas imperfecciones, no sólo a través del PIB por cápita podemos deducir la riqueza y el grado de desarrollo de un país. Es en aquellos donde se aplican ciertas medidas socialdemócratas como los nórdicos los que consiguen mayor índice de desarrollo humano, y en menor medida los países con sistemas social liberales (Holanda, Suiza o Irlanda) consiguen mejorar sustancialmente su posición en este índice. En este aspecto el poder disfrutar de todas las libertades formales pero no poder ejercerlas por no tener acceso a una educación de calidad, a una sanidad digna, a un grado de autonomía personal, o el tener cierto grado de seguridad personal, no sirve más que a una pequeña élite que sí se puede garantizar por sí misma estos servicios.


Es allí donde se aplica la socialdemocracia o medidas socialistas del estado del bienestar donde el liberalismo puede conseguir la sociedad de hombres libres y emprendedores con la que sueña, donde la pobreza se logra reducir, donde los individuos en su conjunto tienen mayor grado de libertad y capacidad para ejercerla. Pero también en aquellas sociedades donde los individuos son corresponsables se puede aplicar ciertas medidas socialistas democráticas: sin un compromiso de la mayoría social en unos servicios sociales de calidad, invirtiendo impuestos, sin una corresponsabilidad en las normas de convivencia (las de tráfico por ejemplo), sin estos ciudadanos libres, individualistas pero corresponsables, las medidas sociales no tienen tanto efecto: es imposible conseguir un tráfico rodado pacificado, los ciudadanos no querrán invertir una cantidad significativa de dineros en sistemas sanitarios y educativos para todos, etc... Por tanto, y esto la izquierda parece que lo ha olvidado o lo ha obviado, no podemos aspirar a mejorar nuestros servicios públicos si antes no promovemos la cultura de la corresponsabilidad que hemos obviado de nuestros orígines liberales. Es más, nos encontramos en una fea tesitura, porqué la corresponsabilidad sólo puede ser asumida por los individuos de forma libre, valorando los beneficios que obtienen en su conjunto al largo plazo, sopesando lo que ellos esperarían cuando a lo mejor las cosas no les fueran tan bien; algo que es difícil promover en sí... que es el ejercicio de la propia libertad en todos nuestros ámbitos.



Comentarios de los usuarios (2) RSS feed comment
Escrito por miguel nuñez rios, on 28-11-2007 21:48,
1. Desde que..
Hace tiempo, y en socialdemocracia se nota mucho, me doy cuenta que de lo que mas se enorgullecen los socialistas democraticos en España hoy en dia... es de lo poco socialistas que son, y siempre remarcan más su parte liberal... esto siempre me deja un sabor agridulce; todavia no se porque son socialistas los que dicen que son socialistas.
 
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Escrito por Jose R., on 28-11-2007 22:39,
2. ¿orgulloso?
Hola Miguel: 
 
Yo no dejo de ser "socialista" en la búsqueda de la igualdad (al menos de oportunidades), lo que no soy es marxista y sí socialdemócrata, y por tanto puedo estar orgulloso de Rosa de Luxemburgo pero también de los que lucharon por la libertad en el XIX. 
 
Por otro lado si crees que SD no tiene suficientes artículos "rojos" siempre puedes aportar tu granito...¡que ya tocan!
 
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