| CSI Ausonia |
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Hasta hace poco no había oído hablar de uno de los detalles más insólitos (y escabrosos) que conozco de la reciente historia del mundo detrás del Telón de Acero: la “policía de la menstruación”, instaurada en la dictadura de Ceaucescu entre un paquete de medidas destinadas a incrementar la natalidad- que fracasó estrepitosamente al producirse un horrible aumento de la mortalidad infantil, es lo que tienen esas políticas que obligan y prohíben en vez de incentivar.
Para asegurarse de que toda mujer en edad fértil aprovechara su útero al máximo, se realizaban exámenes entre mensuales y trimestrales para determinar si estaban embarazadas, y controlar a su debido tiempo si habían dado a luz, no se les fuera a perder el crío por el camino. Evidentemente, la pérdida del bebé era considerada de incio como un hecho sospechoso hasta que se probara que el aborto se había producido de forma natural. Que tan estrictas leyes carecían de base moral- como no fuera la necesidad de proporcionar pequeños camaradas para el Estado- el hecho de que sí era legal el aborto en el caso de riesgo para la vida de la madre, si ésta ya tenía cuatro o más hijos o si era mayor de 40 años (en los tiempos actuales, en los que se embarazan las abuelas de 60 gracias a los adelantos de la técnica, me temo que esa cláusula hubiera sido borrada de un plumazo). En todo caso, las consecuencias las pagaban mujeres que debían sobrellevar un embarazo en condiciones sanitarias muy deficientes y dar a luz a niños de menos de 1500 gramos que tenían una posibilidad nula de supervivencia. Y esto ha salido a colación porque el Tribunal Supremo de Colorado ha dado luz verde a una propuesta de ley que establecería que la personalidad comienza con la fertilización (para un total efecto dramático, insértese música de El Sentido de la Vida ). Y claro, una se pregunta, si la personalidad se inicia, no ya con la implantación del blastocisto en el útero, sino con la llegada a la meta del espermatozoide más afortunado, lo lógico sería considerar la pérdida del cigoto como una muerte humana y, en consecuencia, cada menstruación como un posible escenario de un crimen. Y al igual que la “policía de la menstruación” rumana hacía seguimiento de todo embarazo que no llegaba a su término, en Colorado tendrán equipos de investigadores dedicados a rastrear indicios en compresas y tampones, y los jueces extenderán certificados de defunción en caso de hallarse el cuerpo de la “víctima”. Algunos se preguntan también si tendrán que cambiar su fecha de nacimiento y moverla a unos 9 meses antes, o si habrá que usar todos los embriones fertilizados en las fecundaciones in vitro. ¿No querías niños? ¡Toma 8! No se trata de salvar bebés: si así fuera tendría más sentido proponer una inciativa que mejore la educación sexual y el acceso a anticonceptivos, o que proporcionara guarderías públicas e incentivos económicos a las familias. En resumen, esas políticas que normalmente sí tienen éxito a la hora de reducir el número de abortos. Pero aquí de lo que se trata es de mantener bajo control a la mitad de la población, unas intenciones tal vez ocultas en el subconsciente, bajo una pátina de romanticismo quijotesco, por la ilusión – ilusa, no ilusionada- de que se están salvando cientos de vidas de niños adorabilísimos. La necesidad de control y el odio misógino son, sin embargo, lo que mueven a los líderes de este movimiento. Un paralelismo evidente se establece con la Rumanía de Ceaucescu, y también surgen otros como las leyes que surgieron en la Inglaterra victoriana para atajar las epidemias de ETS, y que consistían básicamente en detener y someter a examen médico a cualquier mujer de la que se pudiera abrigar la mera sospecha de que fuera una prostituta, aunque la única base para la sospecha fuera que andaba sola por la calle. La draconiana medida no tenía, evidentemente, ninguan utilidad; pero era un arma perfecta para controlar y someter a las mujeres que en la visión moral de la época son principio y fin de todo mal.
La iniciativa legislativa aún tiene que pasar un plebiscito que probablemente rechazará la propuesta. En todo caso, sería para echarse a reir si no fuera porque el riesgo que suponen este tipo de iniciativas para la salud y la vida de muchas mujeres no tiene ninguna gracia.
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| Escrito por Mireia Ortega | |
| jueves, 29 de noviembre de 2007 | |
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Hasta hace poco no había oído hablar de uno de los detalles más insólitos (y escabrosos) que conozco de la reciente historia del mundo detrás del Telón de Acero: la “policía de la menstruación”, instaurada en la dictadura de Ceaucescu entre un paquete de medidas destinadas a incrementar la natalidad- que fracasó estrepitosamente al producirse un horrible aumento de la mortalidad infantil, es lo que tienen esas políticas que obligan y prohíben en vez de incentivar.






