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viernes, 16 de mayo de 2008
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Socialismo y Liberalismo Imprimir E-Mail
Lecturas 929    

ImageHoy es muy típico que la gente recupere la frase de Fernando de los Ríos en su famosa entrevista con Lenin, que se recupere la frase de Pablo Iglesias, etcétera. Hoy en día, seguimos reforzando, una vez más, todo lo que podemos tener de liberales, pero del socialismo nadie habla, nadie lo defiende y nadie lo explica. Este es un espacio en internet que se llama Socialdemocracia.org, pero a veces el conjunto de sus títulos no se diferencia mucho del foro Liberalismo.org, en el cual participe muchas veces hace años. Hoy en día los que se hacen llamar socialdemócratas (cualquier socialdemócrata alemán o finlandes en España podría votar a Izquierda Unida) parecen más interesados en justificar su enorme y desproporcionado liberalismo inserto en su supuesto socialismo, como si el socialismo fuera, directamente, un mal menor. Para eso, amigos mios, nos definimos como liberales, y acabamos antes. Yo, desde luego, no. Yo soy socialista.

Soy mucho más moderado que la mayoría de mis compañeros de la Internacional Socialista, seguramente lo más ajustado sería decir que soy socialdemócrata, sin embargo tengo que aclarar ciertas cosas, que tienen que ver más con la descontextualización histórica que otra cosa.

En el siglo XIX cualquier militante de Izquierda Unida sería liberal, y un liberal del siglo XIX hoy en día podría ser Comunista, ¿por qué?, por la sencilla razón de que los posicionamientos ideológicos estan absoluta y totalmente determinados por las circunstancias históricas de las cuales no nos podemos abstraer, uno no puede emanciparse de la realidad en la que vive inmerso si quiere aspirar a liderar un movimiento social más o menos voluminoso y representativo, por la sencilla razón de que la gente debe poder sentirse reflejado en tu discurso y tus aspiraciones.

España es hoy el Estado de Derecho y la democracia parlamentaria que Fernando de los Ríos podría defender ante Lenin y su comunismo de los soviets, en donde no había separación de poderes; era lógico, era normal, que cualquier socialista democrático en España fuera más liberal que sus amigos de la Internacional Socialista, y con las circunstancias políticas de España, exigieran mayor libertad y control del poder, nuestra lucha era también, por tanto, una lucha liberal.

Aristóteles hablaba de democracia, sí, pero su sistema político era misogino, racista y abslutamente clasista, y el estatus de “ciudadano” estaba absolutamente restringido a ciertas élites; el sistema político de Aristóteles, hoy en día, sería más inaceptable que el marroquí o el egipcio. Eso da cuenta del extremo cuidado con el que deben hacerse ciertas afirmaciones, que hacen temblar los muros de la perspectiva histórica y del sentido de los movimientos ideológicos en los momentos en los que se produjeron.

Decir hoy que en España es completamente necesario un voluminoso movimiento liberal es tanto como cargar un café con 20 cucharadas de azúcar cuando ya tiene cinco cucharadas; sobrecargar algo cuando no existe una necesidad real impulsada desde las capas populares es pura retórica redundante. Puede haber, y lo hay, ciertas reclamaciones históricas con respecto a la independencia judicial, el movimiento de dignificación de los ciudadanos homosexuales, y otras cuestiones facilmente asumidas por una lógica liberal, e importantes, pero ni en broma (a menos que queramos hacer el más absoluto de los ridículos) puede compararse esto a la lucha liberal para derrumbar el despotismo de los antiguos regímenes absolutistas que tenían derecho sobre vida y muerte sobre todo ser humano, y en donde la palabra “ciudadano” todavía no existía como la entendemos hoy en dia.

Creo que estamos todos de acuerdo en que equiparar ambas cosas es una animalada considerable.

En el seno de las democracias liberales, institucional y jurídicamente asentadas, como la española, en donde podemos, porsupuesto, hablar tranquilamente sobre si nuestro sistema electoral es el más fidedigno y democrático posible, sin que por ello el Gobernador civil de turno nos meta en la cárcel por expresarnos libremente, siguen existiendo (y esa es la realidad presente que podemos ver en las estadísticas tanto oficiales, como no oficiales, de las que todos disponemos y de las que hemos hablado largo y tendido muchas veces) fuertes desigualdades sociales, inherentes seguramente a la economía de mercado, y que siguen siendo una enorme motivación real para todos aquellos que pueden votar, que pueden presentar una denuncia ante un Tribunal, que tienen libertad de expresión, pero que a lo mejor no pueden comer todos los días o no tienen un techo sobre sus cabezas; es decir, y lo que es importante entender, es que si las libertades por las que luchamos hace décadas fueron ya conseguidas, existe todavía una deuda pendiente con aquellas motivaciones que hacen que el socialismo tenga hoy, no solo toda la vigencia del mundo, si no además más sentido que nunca.

Los socialistas hoy en día somos tan liberales como los liberales de hace cien años sin que tenga sentido serlo más, porque eso sería ir más allá de las motivaciones de aquella época, y por lo tanto, desnaturalizar la casuística de dicho movimiento, que tenía todo el sentido del mundo.

Cuando abandonamos el marxismo no fue para ser “menos de izquierdas”. Sí quizás para ser más moderados, pero no para dejar de entender el sentido del socialismo. Fue un cambio más cualitativo que cuantitativo; no para ser “menos de algo”, si no para ser algo distinto. Un “no marxista” no es un “no socialista”, es otra manera de entenderlo, que es distinto. El marxismo tenía un déficit brutal sobre su Teoría de Estado, como explicó en su momento Norberto Bobbio (autor que recomendaría leer), y esta claro que llenamos ese vacío con el Estado liberal, sin embargo, satisfecha esa necesidad histórica, hay que recordar que olvidarse del sentido del socialismo, su motivación intrínseca, es olvidarse de porqué uno es socialista, y por lo tanto es lógico que uno deje de serlo, incluso aunque siga diciendo que lo es.

Se era socialista a fuer de liberal porque sin que pudieran defenderse en la práctica las libertades y los derechos de las personas, sería imposible articular un socialismo efectivo, que no actuara al albor de los caprichos del poder, sino sobre derechos inviolables propiedad de los ciudadanos; el derecho a la sanidad universal, o la educación gratuíta, reflejada en nuestra Constitución, no es propiedad del Estado, o de los partidos políticos, no, es propiedad del pueblo español, que es el que consagró su Constitución, que es del pueblo, y de nadie más. Ese, y no otro, es el matrimonio que yo entiendo entre la mejor tradición liberal, la Constitucionalista, y el socialismo democrático de izquierdas.

La lucha política de los republicanos en España, hace más de un siglo, era genuínamente liberal, porque es la misma teoría liberal la que defendía la instauración de una República, con una democracia parlamentaria y sufragio universal, como marco idóneo para que los socialistas (unidos a los primeros en la primera alianza entre republicanos y socialistas a principios del siglo pasado) pudieran actuar y promover sus programas sociales, abandonando la teoría inicial de Pablo Iglesias de que al Parlamento “solo se iba a hacer proselitismo y propaganda”, negando de una manera rotunda la legitimidad de un Parlamento que Pablo Iglesias adjudicaba a una democracia burguesa y corrupta en manos de las élites sociales. Son sus propias palabras, no mías.

Hoy en día, cualquier Diputado del Congreso podría adscribirse a ese antiguo liberalismo, ¿quien podría, en su sano juicio, cuestionar las elementales conquistas a las que aspiraban los antiguos republicanos, hoy ya conseguidas?, completamente nadie.

Reclamar ese liberalismo constantemente hoy en día, por tanto, es como recordar todos los días que el cielo es de color azul. Podría publicar un artículo todas las semanas en Socialdemocracia.org recordando la importante y absolutamente fundamental idea de que el cielo es azul, sin embargo me voy a abstener de dicha empresa, dado que me parece tan completamente obvio que la cosa podría acabar siendo un poco cansina.

Los socialistas españoles siempre velaremos por las libertades en España, es una parte bien trabajada, no debe ser el centro del discurso como si tuvieramos las mismas necesidades de hace cien años, lo cual no quiere decir que ya no nos importe, sin embargo si algo da sentido hoy en día al socialismo es su motivación inicial, la materialista, aquella que no se ocupó de qué Estado queríamos si no cuales eran las relaciones entre el capital y el mundo del trabajo.

Recuerdo una conversación con un amigo de simpatías conservadoras. Me pregunto, ¿que opinas sobre el matrimonio entre homosexuales?, le respondí: estoy completamente de acuerdo. Me respondió: ah, entonces eres liberal, no socialista!. Le respondí: no, para mi la libertad es tan obvia como el aire que respiro o el suelo que piso, no necesita ser justificada, es válida por si misma, no necesito autodenominarme políticamente sobre algo que necesite una especial motivación, porque para mi no la necesita, sin embargo, sí me preocupa algo que necesita una explicación: por qué hay 8 millones de personas en España que viven por debajo del umbral de la pobreza.

Somos socialistas, siendo tan liberales como hace un siglo.

Si alguien se preocupa tanto en denominarse, sobre todo, liberal, hoy en día (seguramente inspirado en ciertas teorías anglosajonas), es porque sus aspiraciones máximas sobrepasan todo aquello por lo que un socialista, es socialista, creyendo que el café necesita 20 cucharadas de azúcar, y no 5, y esa “sobrecarga de glucosa” tiene una motivación muy clara, que ya no tiene absolutamente nada que ver con lo que decía Fernando de los Ríos, que era más liberal que Lenin (lo cual no era muy difícil) pero que era, total, y completamente, socialista.

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Escrito por Miguel Núñez Ríos   
lunes, 03 de diciembre de 2007
 
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