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viernes, 16 de mayo de 2008
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La fragilidad de la democracia: la imbecilidad política Imprimir E-Mail
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Decía Fernando Savater que se preocupaba por la estupidez política de los demás porqué estos tomaban decisiones que le afectaban a él en el espacio de la política. Yo como el filósofo abogo por una sociedad donde los individuos intenten tener un cierto grado de impliación política, se esfuercen por tener un criterio político y luego ejerzan corresponsabilidad en el espacio de la política. Pero la racionalidad no es un requisito para ser humano y al final la realidad puede ser algo más dura.


La democracia funciona de mejor manera para todos cuando los individuos que eligen gobiernos y los presionan en un sentido u otro tienen bastante información, una cierta visión del beneficio común, una identificación clara de sus intereses y como estos se pueden adaptar mejor en el conjunto de intereses generales y estos se corresponsabilizan de lo que se realice en la esfera de la política. En un escenario ideal los individuos libres deciden con toda la información las acciones en la esfera de la política que maximizan alguno de los óptimos (el “liberal” sería el óptimo de Pareto, y el óptimo más izquierdista el de Rawls). El problema puede radicar cuando ideológicamente los individuos se adscriven a grupos con proyectos divergentes, pero aún así se pueden construir contratos sociales y consensos alrededor de los ejes esenciales e ir alternando las opciones de gobierno.


Pero el mundo no es tan ideal y las personas no somos tan racionales. Un gran problema es la adscripción emocional a una ideología a un proyecto, esta implicación emocional es necesaria para mantener la constancia y el esfuerzo personal en informarse, reflexionar y luego corresponsabilizarse en una decisión, pero esta implicación emocional hace que luego sea más difícil el debate racional: una vez implicados emocionalmente luego el coste de cambiar la visión sobre un tema no es sólo el paso racional de ir marcha atrás y reconocer el propio error, sinó resignarse a perder las energías emocionales destinadas en esa dirección. Por tanto, lo que más costará es conseguir que los individuos cambien una visión sobre algo en lo que se hayan implicado emocionalmente, pero a la vez para que los individuos asuman costes y gasten energías en una opción se han de implicar en menor o mayor manera emocionalmente.


ImageEs la pescadilla que se muerde la cola, sin implicación emocional no hay corresponsabilidad ni implicación política, pero debido a esa implicación emocional es mucho más difícil modular o corregir errores o cambiar ideas en política. Ante ello el conjunto de recursos racionales, que pueden venir de la educación, pero también ser aprendidos en el propio desarrollo personal, permiten ir salvando ese coste emocional y poder asumir los errores políticos y aceptar nuevas ideas.


Por ello es importante identificar que en democracia la imbecilidad política es muy costosa... Por un lado existe el pasota, el que no logra implicarse emocionalmente ni en la menor manera en el espacio de la política, estos asumen un coste personal (Bourdieu fragüó la frase de “si no haces política la harán otros en contra de tus intereses”) alto, pero el resto también.. Su falta de implicación permite que minorías que controlan resortes de poder puedan disponer de ellos de forma más tranquila... cuando en una gran mayoría activa sus mecanismos de poder individuales (por contactos personales o familiares) se diluirían, estos quedan en mayor relevancia cuando la participación efectiva en política es muy baja.


Por otro lado tenemos el que se adscrive emocionalmente en una causa o por una idea pero carece de los recursos cognitivos para poder alejarse de esa opción si racionalmente la identifica como incorrecta. De ahí sale el doctrinario, el seguidista, el sectario.. Una persona que se adscrive a una idea, propuesta o proyecto y que se ciega en él, hasta el punto que su implicación emocional domina toda la faceta de su relación con el proyecto. Lo racional queda a un lado y estas personas tienen muy difícil modificar su forma de pensar... son selectivas con los mensajes que les llegan, aceptaran alegremente los que ssean favorables a sus tesis preconcevidas con las que se identifican y serán refractarios a argumentos que les contradigan.


En el fondo, el escenario ideal se va diluyendo por un lado por la falta de impliación (emocional) en la esfera política, por otra el sectarismo y la incapacidad de trascender la implicación emocional y no dejarse dominar por ella. Y digo “trascender” porqué no es quedarse a un margen.. sinó trascender, ir más allá de la pura adscripción emocional, testear y poner a prueba las ideas y aceptarla de forma racional y aprovechar el tirón emocional para defender el proyecto.


Parece que la democracia tiene un enemigo muy peligroso: la imbecilidad política del pasota o la del sectario. Lo malo es que los que intentamos ir perdiendo esa imbecilidad tenemos un escenario con bastantes pasotas y un cierto número de doctrinarios y que estos lastran nuestra evolución colectiva y malbaratan recursos y tiempo. El gran problema de la izquierda democrática es que ha creído que la educación pública podría generar individuos libres, responsables y racionales; y aunque es verdad que la educación puede conseguir que los individuos tengan ciertas habilidades cognitivas y emocionales incluso, lo que no puede hacer es fomentar la implicación emocional en el ámbito de la política y su posterior trascendencia para evitar ser un sectario. La educación puede ayudar a generar un escenario social que potencie esas actitudes, pero se olvida que hay otros efectos en ese espacio social que tienen igual o superior fuerza; un abandono de ciertos principios que en una gran parte comparten las tradiciones socialistas, pero también liberales, anarquistas, etc... que son la corresponsabilidad y la capacidad de asumir esfuerzos si estos son necesarios, el interés común y en especial de los más desfavorecidos, la corresponsabilidad con las decisiones tomadas, etc.. y que la educación no es el más fuerte de estos efectos. Por tanto el riesgo de que nuestras sociedades estén plagadas de pasotas o sectarios es alto, incluso las personas con cierta implicación política, no estamos exentos de estas actitudes por mucho que las identifiquemos o podamos prever sus efectos... y por tanto el riesgo de que las democracias (representativas o participativas) pierdan mucha efectividad es alto.



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Escrito por Jose Rodriguez   
miércoles, 05 de diciembre de 2007
 
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Groucho Marx
"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados."
 
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