| El botellón I: El uso del espacio público |
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Durante las últimas semanas los medios de comunicación nos han “ametrallado” con el mal llamado resurgir de la cultura del botellón. No me voy a referir a los aspectos violentos, pues independientemente de las formas y objetivos por la cual se concentra ciertos grupos, siempre encontramos individuos que aprovechan las circunstancias para realizar acciones violentas contra bienes públicos y privados (que por desgracia es lo único que aparece en la sección de sucesos de periódicos y televisiones).
No hace falta recordar que beber en la vía pública no es algo nuevo, sino que ya desde hace tiempo es algo habitual dentro de las formas de diversión de la gente joven. ¿Quien de nosotros no habrá experimentado tal diversión con los amigos camino a alguna fiesta, concierto o discoteca? ¿Por qué entonces hay ahora una psicosis social contra una forma de consumición habitual en nuestra sociedad? La respuesta es fácil de encontrar, lo que antes era una diversión espontánea y reducida, las nuevas generaciones las han convertido en una masiva concentración en grandes espacios públicos convocados gracias a las nuevas tecnologías cómo los e-mails i mensajes de móvil. Por tanto, los jóvenes han substituido los espacios cerrados y privados por un nuevo uso del espacio público para divertirse. Y esta diversión no es exclusivamente por el mero hecho de emborracharse, sino para interrelacionarse, conocer a gente. Es decir, lo mismo que se hace en los espacios cerrados. El problema que puede surgir de este nuevo uso de espacio público es que se utilice sin pensar que se está compartiendo un espacio para toda la ciudadanía dónde hay que tener un respeto al entorno y a las diferentes sensibilidades que lo utilizan. De igual forma que se hacen manifestaciones y concentraciones para reivindicar derechos o denunciar injusticias, las concentraciones destinadas a la diversión se deberían juzgar por las misma premisas. Por tanto, por qué hemos de juzgar como negativa una concentración de jóvenes que lo único que buscan es divertirse y interrelacionarse. Desgraciadamente el hecho de ser joven se asocia a personas irresponsables, sin ideales, individualistas y un largo etcétera de despropósitos. Estamos habituados a generalizar y simplificar las cosas. Las cosas no son blancas ni negras, hay una gran variedad de grises que es necesario visualizar y analizar; porque sino, nos convertiremos en una sociedad simple, si no nos estamos convirtiendo ya en ello. Busquemos soluciones constructivas y viables al uso del espacio público donde participen todos los estamentos. Las asociaciones y movimientos juveniles (aquellos que no visualizan los medios de comunicación) hace tiempo que lo están reivindicando, esperemos que las administraciones competentes hayan tomado nota que los problemas no se solucionan mediante prohibiciones o dónde se ha demostrado la inutilidad de normativas basadas en la coerción y la sanción. Comenta el artículo
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| Escrito por Mónica Palet | |
| jueves, 06 de abril de 2006 | |
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Durante las últimas semanas los medios de comunicación nos han “ametrallado” con el mal llamado resurgir de la cultura del botellón. No me voy a referir a los aspectos violentos, pues independientemente de las formas y objetivos por la cual se concentra ciertos grupos, siempre encontramos individuos que aprovechan las circunstancias para realizar acciones violentas contra bienes públicos y privados (que por desgracia es lo único que aparece en la sección de sucesos de periódicos y televisiones).






