| Discurso, generación y sentido histórico |
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Le decía a Berlin Smith el otro día, aunque ya se lo he dicho muchas veces, que su énfasis en la libertad individual en sentido liberal clásico, es un producto arcaico y antihistórico. Esto es algo que poca gente puede entender por eso que Ortega llamaba “falta de sentido histórico”.
Publicado originalmente en "La ley de gravedad"
Las ideologías políticas son siempre y en todo caso, un mecanismo de respuesta a problemas históricos concretos. Esto puede sonar marxista y ultramaterialista, pero es un hecho que es así. Una determinada cosmovisión responde siempre a problemas reales y no ideales y por lo tanto está históricamente enraizada. Por supuesto, dentro de estos mecanismos de respuesta, los hay de dos tipos: los que son coherentes y los que no lo son. Es decir, algunas ideologías simplemente se basan en falacias de hecho y otras, casualmente, son un magnífico mecanismo de organización de la vida en común. Esto significa que no todo es igual, el entendimiento está ahí para algo y cada uno puede decidir lo que le parece ético o no. Desde mi punto de vista, más o menos todos estamos de acuerdo en qué es aceptable y en que no lo es (universalidad) aunque probablemente no todos hayamos leído a Rawls para explicarlo con el argumento del velo (particularidad). ¿Qué relación tiene esto lo que yo decía? Bueno, la historia de las ideas sí ha progresado. Hay debates caducos y debates que son actuales. El siglo XIX, por ejemplo, significó el triunfo de un conjunto de ideas que yo llamaría “liberales” (en sentido amplio) sobre el valor del individuo, su lugar en la historia y la importancia de conceptos como el honor, la tradición etc… Los debates de aquélla época tenían que ver con el dilema fe-razón, la soberanía popular o no, el lugar de la iglesia en la sociedad. El debate “liberalismo-conservadurismo” fue, sin ningún género de dudas, una victoria histórica para el primero. Sin embargo, aunque hoy todavía hay quien reivindica la creación inteligente en lugar del evolucionismo y la república en lugar de la monarquía, etc,… a nadie se le escapa que estos debates no son importantes. Si usted coge un libro de filosofía política, no encontrará un solo párrafo donde se cuestione que la democracia es un buen sistema de organización, al menos para occidente, o que la iglesia no debe ser capaz de censurar a los científicos. Encontrará, eso sí, problemas sobre bioética, pero no sobre el dilema fe razón. Con el dilema “socialismo-capitalismo” ocurre algo análogo. Durante casi un siglo y medio, el dilema trabajo-capital, libertad-igualdad, etc… fue algo que estuvo de actualidad. La división del espectro político giraba en torno a estas dos cualidades. La división este-oeste, Rusia-EUA, OTAN pacto de Varsovia… El fin de la guerra fría significó también el triunfo de la democracia liberal sobre la organización de tipo comunista. Hoy no hay ningún libro de economía que hable de Oskar Lange ni ningún gobierno del mundo desarrollado que tenga a Marx como modelo. Dejadme que cite a Ortega:
Y es aquí donde entra el sentido histórico. Yo nací en 1985 y voté por primera vez en 2003. Mi generación no ha vivido jamás bajo el pánico de una guerra nuclear ni ha vivido la miseria de las fábricas del siglo XIX donde se fraguó el marxismo. Aunque los aficionados a la arqueología ideológica pueden jugar con ello, hablar hoy de la dicotomía individuo-comunidad solo tiene sentido como discusión académica, nunca política. El bautismo político de mi generación fueron las manifestaciones de la guerra de Iraq y los atentados del 11 de septiembre. Nuestro imaginario político no está marcado por la división este-oeste, sino por las manifestaciones de Seattle contra la OMC. Son esos acontecimientos los que marcarán nuestros posicionamientos. Sin embargo, es evidente que una parte importante del panorama político sigue anclado en el pasado. Es cierto para la izquierda que sigue hablando de “capitalismo” para referirse a la globalización. El debate sobre el capitalismo, sin embargo, no existe. No hay nadie que cuestione que la economía de mercado de un sistema de asignación de recursos mas o menos eficiente. Lo que si es un problema es en qué medida los costes y beneficios de la globalización estarán concentrados en unos o en otros. Es ahí donde está el debate: el debate sobre la distribución la riqueza existe, pero el debate sobre como se crea esa riqueza no. Es cierto para los liberales que siguen hablando de “socialismo” como un término despectivo para referirse al bloque del este. Sin embargo, el debate sobre el socialismo no existe. Lo que existe es un debate sobre la sostenibilidad de la sociedad occidental y de la civilización frente a la barbarie. El debate individuo-comunidad no existe, lo que existe es un debate sobre la proporcionalidad de los medios utilizados para luchar contra el terrorismo. Lo que existe es un debate sobre el llamado choque de civilizaciones (existe o no? Qué hacer contra él?). Lo que existe es un debate sobre el lugar y la forma de la identidad del individuo en la comunidad y sobre la relevancia de esta identidad. Cualquier proyecto político que se precie, conservador o progresista, debe responder a los imperativos del momento histórico conservando su esencia. Lo demás, es jugar contra la dirección histórica y por lo tanto, reacción. Como decía Ortega “Europa no tiene remisión si su destino no es puesto en manes de gentes verdaderamente «contemporáneas» que sientan bajo si palpitar todo el subsuelo histórico, que conozcan la altitud presente de la vida y repugnen todo gesto arcaico y silvestre. Necesitamos de la historia íntegra para ver si logramos escapar de ella, no recaer en ella.”
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| Escrito por Citoyen | |
| viernes, 21 de diciembre de 2007 | |
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