| Reconocer el holocausto |
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En un anterior artículo de Socialdemocracia.org, La negación del Holocausto, afirmé que la negación del Holocausto es el Holocausto. Ahora pretendo vindicar el recuerdo del Holocausto no como la maquinaria de la destrucción genocida organizada que fue, sino como patrimonio de toda la humanidad: ella puede reconocerse en el lado de las víctimas como también de los verdugos. En definitiva la humanidad lleva el gen de los verdugos y de las víctimas.
Los protagonistas del Holocausto fueron seres humanos, tanto en un lado como en otro. La negación del Holocausto por parte de algún historiador y grupúsculos políticos varios a parte de ser una falsedad infame, impide que todos podamos reconocernos en el Holocausto. Y si de verdad queremos que no se produzcan más Holocaustos es necesario que todos veamos en él la doble faceta: tanto como de víctimas como de verdugos. La historia de la humanidad está plagada de genocidios varios que siguen un macabro guión: exterminar al “otro” en el que no tan solo no nos reconocemos, sino sobre el cual depositamos toda la irracionalidad y la brutalidad que podemos ejercer. Es en el ejercicio de esta irracionalidad cuando al otro lo deshumanizamos, lo violamos, lo asesinamos bajo argumentos que muy bien pueden agruparse en uno: la privación de las victimas de su humanidad. Especie curiosa la nuestra, la cual se permite el lujo de descatalogar semejantes de su misma taxonomia. La vil arma de la deshumanización ha sido motor de los grandes desastres de la historia. El Holocausto por su parte afecta al reconocimiento individual del otro humano como tal, mediante adjetivaciones varias. Pero también es una deshumanización colectiva: una supuesta comunidad de otros dehumanizados son las víctimas: pasan a ser lo no humano objeto a exterminar por parte de otra colectividad. Así en la Segunda Guerra Mundial, el nazismo catalogó el otro no humano bajo la excusa de pertenencia racial y religiosa; los judíos, en tanto lo mismo hicieron los japoneses con el “otro” bajo la excusa racial, cultural y geográfica. En la deshumanización y el exterminio entra la ley salvajista; el derecho adquirido por supremacía del más fuerte, ergo humano, frente al más débil, definido por el anterior como no humano. Así pues la ley del pez más grande que engulle al más pequeño. Esta pequeñez refiere principalmente a la imposibilidad de la víctima de responder y defenderse frente quienes le deshumanizan y exterminan. Un ejercicio del poder brutal, desigual e inhumano. Se suelen utilizar los motivos culturales, históricos, sociales y económicos en la explicación de los procesos genocidas. Pero estas explicaciones no son el pretexto ni la excusa del porqué sucedieron. Estas explicaciones son la certeza que la humanidad está en los dos bandos. Un pueblo puede ser víctima en unas circunstancias y verdugo en otras. Así mismo las actuaciones individuales de los humanos pueden ser como víctimas o como verdugos. Entonces, el recuerdo del Holocausto, de los genocidios, deben servir para que todos nos reconozcamos como víctimas y verdugos con el compromiso ético que a pesar de que la naturaleza humana ha incluido el genocidio y el Holocausto, es precisamente por la misma naturaleza humana, por la razón y por la ética que jamás debemos volver a deshumanizar al otro, jamás debemos volver a deshumanizar pueblos y naciones enteras, jamás debemos dejarnos llevar por el desconocimiento, miedo y odio hacia el otro. En definitiva, la humanidad lleva el gen de los verdugos y de las víctimas, pero hay genes recesivos que incluso llegan a desaparecer. Hay que vindicar el recuerdo del Holocausto, puesto que debe ser recordado en honor a la humanidad, una humanidad capaz a veces de lo mejor y capaz a veces de lo peor, capaz de la belleza absoluta pero también del horror absoluto.
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| Escrito por David Fornons | |
| martes, 25 de diciembre de 2007 | |
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