| Recetas de libro viejo |
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El Beisbol es un deporte viejo; los primeros equipos profesionales empezaron a emerger en 1869. Como deporte antiguo que es, los reglamentos que lo regulan son a veces excepcionalmente farragosos, y llenos de instrucciones escritas basadas en un contexto muy distinto al del deporte actual. Los jugadores no son los mismos, las reglas no son las mismas, la pelota utilizada no es la misma y los estadios son totalmente distintos, haciendo que algunas cosas dejen de tener sentido.
En la reglas del deporte hay desde tiempo inmemorial una prohibición en cuanto a la composición de los bates. Un bate de beisbol, se supone, tiene que estar construido de una sola pieza de madera sólida, sin ningún otro material en él. El peso del bate está abierto a lo que prefiera el bateador (con ciertos límites), pero no puede haber nada más que madera en él. La regla se basa en la idea, ámpliamente extendida, que un bate modificado con un alma de corcho o un material más ligero es de hecho mucho más efectivo. De vez en cuando pillan a un jugador utilizando un bate trucado de este modo; el último fue Sammy Sosa en el 2003. Lo curioso es que hasta hace unos meses a nadie se le había ocurrido comprobar si esta regla del siglo XIX tenía algún sentido, a ver si era cierto que estos bates eran mejores. Curiosamente, y para sorpresa de muchos, no lo son; de hecho son bastante peores que un bate de madera sólido, ya que son mucho menos eficientes transmitiendo energía a la bola cuando hacen impacto. ¿Qué hace una regla como esta en los libros? Sin ser un experto en la materia, hay varias explicaciones lógicas. La más sencilla se deriva del cambio de varias reglas. A principios de siglo un partido de beisbol se jugaba entero con una misma pelota. Es fácil imaginar cómo acababa la pobre el partido; darle de tortas con una estaca a cualquier cosa durante tres horas, chapoteando en barro, y uno verá sus efectos rápido. La bola era mucho más "blanda", y por tanto difícil de golpear lejos; ser capaz de darle mejor de forma consistente (algo fácil de hacer con un bate grande pero "aligerado") tenía sentido. Por añadido, hasta 1920 los lanzadores podían hacer todo tipo de triquiñuelas extras a la pelota para darle más efecto, incluido poner resina en sus manos y guarradas de este estilo. Los pitches, por tanto, eran mucho más difíciles de predecir, y era el control sobre el bate, y no la potencia, lo que te daba ventaja. Cuando la potencia ganó importancia sobre el control, sin embargo, estos cambios no eran del todo evidentes. La norma probablemente sobrevivió en los libros ya que nadie se preocupó de comprobar si era válida, y pasó con el tiempo a convertirse en una leyenda, un mito sin prueba empírica. Si los bates trucados están prohibidos, será que son mejores. O en otras palabras, un imán para jugadores emprendedores con ganas de mejorar sus estadísticas. Las reglas escritas en piedra se convierten en verdad revelada. ¿A qué viene toda esta diatriba sobre el beisbol? Lo cierto es que tras escuchar a los obispos ayer manifestándose por Madrid no pude evitar pensar en ello. La Iglesia se paseó diciendo que la familia tradicional, la que marca la Biblia, etcétera, etcétera es la base de todo y que los ataques a esta son ataques a la democracia y a la esencia de nuestra sociedad. Más allá de eso; según Rouco Varela (que le den una cátedra en relaciones internacionales ya) la familia hace que la paz mundial sea posible, y quien la obstaculiza provoca guerras. Vamos, que la cosa tiene su profundidad. Digo esto como católico, heterosexual y hombre casado (así que soy de los que se cree esto del matrimonio): ya les vale. Tenemos a un grupo de gente, miembros de una institución que acaba de aceptar que la democracia en España es aceptable, dando lecciones sobre civilización, cambio social y paz mundial extrayendo lecciones de un libro de reglas que tiene, por lo bajo, unos 1.900 añitos de antigüedad. Aún creyendo que existe un ente todopoderoso que se hizo carne y murió en la cruz para salvarnos (uno, que no siempre es científico), me parece razonable creer que lo nos dijo hace casi 2.000 años es necesariamente lo que nos diría ahora. El viejo testamento prohibe de forma explícita utilizar ropa que mezcle varias fibras, por ejemplo (Levítico 19:19), afeitarse (Levítico 19:27) o comer marisco (11:11); me parece que al igual que estas, hay otras normas cuya interpretación debe ser atenuada o revisada, ya que no parece cosa segura que tengan sentido a estas alturas. Todas las reglas escritas tienen sus motivos profundos, y sus motivos derivados del contexto. Un bate trucado evita que nadie tenga una ventaja injusta sobre otros jugadores (profundo), en un contexto donde el control y precisión son lo más importante (contexto). El amor es probablemente el motivo profundo detrás de la insistencia bíblica en el matrimonio; es hora de revisar, me parece, si el contexto es distinto y es hora de revisar alguna de las prohibiciones absurdas. Es ridículamente fácil glorificar y mitificar un libro de reglas; incluso los jugadores de beisbol caen víctimas de ponerse las anteojeras de la "sabiduría de los antiguos". El ser religioso no debe equivaler a ser poco razonable, algo que la iglesia católica (y el PP, aplaudiendo desde las esquinas) parecen emperrados en reincidir.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| jueves, 03 de enero de 2008 | |
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El Beisbol es un deporte viejo; los primeros equipos profesionales empezaron a emerger en 1869. Como deporte antiguo que es, los reglamentos que lo regulan son a veces excepcionalmente farragosos, y llenos de instrucciones escritas basadas en un contexto muy distinto al del deporte actual. Los jugadores no son los mismos, las reglas no son las mismas, la pelota utilizada no es la misma y los estadios son totalmente distintos, haciendo que algunas cosas dejen de tener sentido.







