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El Banco de España confía mucho en su poder para controlar la inflación. Incluso demasiado, diría una, después de leer a Galbraith y su teoría sobre el escaso alcance de las políticas monetarias en el devenir de la economía. Por si acaso, el BE nos pide que echemos un cable y nos moderemos a la hora de pedir el aumento de sueldo.
A grandes rasgos, parecería que lo que dicen tiene sentido. A mayor salario, mayor gasto y mayor inflación: todos los que hemos pasado por alguna facultad de ciencias sociales nos sabemos la ecuación. Pero sólo tiene sentido si la subida tiene consecuencia un aumento del poder adquisitivo. Equiparar los salarios al aumento del coste de la vida sólo tiene como consecuencia un mantenimiento del gasto en la mayoría de casos – y una reducción de la deuda en otra parte significativa de ellos. Dado que desde el año 2000 el salario medio ha aumentado escasamente un 1% por año, dudo mucho que las subidas salariales sean responsables de la inflación. Que ha estado rondando entre el 3% y el 4% en el mismo período; curiosamente además, el mismo organismo reconoció que el aumento del precio del combustible y los alimentos disminuyen la renta disponible de los hogares. A una, con todo el respeto, se le queda cara de gilipollas. Dejemos una cosa clara: el BE asegura que la actual escalada de la inflación es una situación “transitoria”. Bueno, me lo creo. Pero no me van a hacer creer que tras esta subida momentánea los precios van a volver mágicamente al nivel de enero del 2007. Al contrario, crecerán más moderadamente (un 2% según las a mi parecer optimistas estimaciones del BE), pero seguirán creciendo. Ahora dejemos una segunda cosa clara: ¿quién es el guapo que se ofrece voluntario para mantener el sueldo de enero del 2006 sabiendo que a diciembre del 2008 los precios estarán, con suerte, un 6% más altos? La inflación es el coco malo de la economía, el ogro que se come los niños de nuestra productividad, el dragón contra el que hay que lanzar todos los Sant Jordi de los que uno disponga. Pero emplear para ello armas de alto poder destructivo es un recurso que nos puede salir tarado: la disminución de la renta disponible de los hogares acarrea una menor confianza que repercute negativamente en la actividad económica. Y repercute aún más negativamente en la calidad media de vida, que a los ciudadanos de a pie es lo que les importa de verdad.
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