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domingo, 12 de octubre de 2008
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El catalanismo; Karl Marx accionista de Texaco Imprimir E-Mail
Lecturas 991    

ImageSigamos el Blogodebate. El artículo es algo así como, mi turno de palabra, en respuesta al artículo titulado “La Constitución no permitiría la independencia, aunque fuera la opción mayoritaria en un territorio”, por Jose Rodríguez. Podemos empezar por el título. Efectivamente toda ley impide que una situación se de si esa ley impide tal situación, pero toda ley con otra ley se cambia. La Constitución es un marco de “variaciones normativas”, pero lógicamente, y por mero sentido común, no están reflejadas aquellas opciones más minoritarias: amigos míos, no encontrarán ustedes ningún capítulo que explique un método para nacionalizar la Banca, por mucho que el sector marxista-leninista de Izquierda Unida así lo exija. Esto, me temo, pasa en todas las Constituciones del planeta tierra, y la española, no es una excepción… somos raros, pero no tanto.


Yo no voy a pedir la invalidación de toda la Constitución española por no haber reflejado literalmente a los marxista-leninistas, tampoco deberían hacerlo, por mera proporcionalidad democrática, los catalanes con sus independentistas.


Por eso expliqué que la Constitución, y los Estatutos, son en parte marco de posibles respuestas, y también, parte de la respuesta en si misma. Las Constituciones, y esto siempre es así, no solo son una mera “norma de Estado”, no, también son textos definitorios de un cierto orden social, político y económico, lo mismito que paso con el último Estatut de Cataluña, sin ir más lejos.


¿Qué quiere decir esto?, que cuando izquierdas, derechas, y centralistas, autonomistas, federalistas y nacionalistas se sentaron juntos en una Asamblea, pactaron un texto que también fuera, en parte, un consenso de contenidos, no solo de formas, ¿por qué?, porque si no hubiera un consenso de contenidos no se podría haber empezado a avanzar en la construcción de un Estado que representara, en lo elemental, al conjunto de la sociedad española; las oposiciones serían radicales, y los Gobiernos también podrían ser radicales en sus posiciones, cambiando, cada dos o tres legislaturas, total y absolutamente, la labor de los gobiernos anteriores, es decir, un absoluto y total caos sin control, y fermento de verdaderas fracturas sociales, entre mayorías, así pasó en España con todas las Constituciones españolas, y así se llegó, en varios casos, a graves enfrentamientos civiles. La historia es testigo de ello.


Todos los Estados democráticos del mundo, todos, nacen en base a un consenso básico que permite asentar unas bases, amplias, pero unas bases, sobre las cuales poder trabajar, y evidentemente una Constitución que refleja el cuestionamiento mismo del propio pacto, como es la integridad territorial votada por el pueblo español democráticamente, no era plausible políticamente; como ya dije antes, ningún Estado nace esperando morir.


La cosmología política del independentismo gira entorno a un solo objetivo diferenciador de otros proyectos; la segregación de un cierto territorio de un Estado. Evidentemente si el 90% del resto de la Asamblea discrepa de dicho objetivo, seguramente ese grupo independentista jugara en dicho consenso con el 90% del resto de su cosmología política: política económica, social, medioambiental y demás… dejando a un lado su apuesta segregacionista, que no podría transaccionar con absolutamente nadie, porque, ¿a cambio de qué?.


El pueblo español voto, por mayoría aplastante, que quería, entre otras cosas, un país integrado. Los independentistas son minoría dentro del Estado español y a su vez dentro de todas las Autonomías. Bien, la decisión es democrática. ¿Cuál es el problema?, yo no veo ninguno… a menos que no se acepte una decisión democrática. Esa es otra cuestión.


José Rodríguez comenta:


Por otro lado, y sacado a colación en un debate con una persona de tendencias independentistas, ¿qué mensaje estaremos dando si el Tribunal Constitucional cercenara tanto el nuevo Estatut que diera al traste con algunos de sus puntos esenciales?, en definitiva sería que el actual marco constitucional no nos es suficiente a los catalanes (al menos así lo expresamos con el apoyo al nou Estatut), y que si queremos avanzar en esa dirección sólo cabe dos vías: convencer al resto de españoles para que modifiquemos la Constitución, o bien buscar vías independentistas... bueno, o lo de siempre, aguantarnos un rato.”


Como explique desde el principio, en el caso hipotético de que una mayoría aplastante de ciudadanos de una Autonomía decidiera que dicha Autonomía debía pasar a tener un Estado propio, la Constitución quedaría invalidada, lo cual, no quiere decir que la Constitución no sea democrática, y que los Estatutos de Autonomía tampoco lo sean; lo único que sucedería es que los equilibrios variarían de manera brutal, y el consenso que esa Autonomía, firmando un Estatuto que regulase su nivel de autonomía, y sus ciudadanos, votando una Constitución con el resto del pueblo español, variaron no solo en formas sino en contenidos, lo cual quiere decir que abría que explorar, como se hizo reformando el Estatut en Cataluña por ejemplo, un posible consenso; en este caso fue posible por dos razones: porque se hizo el esfuerzo y porque no era una propuesta inabordable por las dos partes.


A la opción independentista no se le exige una opción más amplia que cualquier otra mayoría social para llevar adelante una reforma de Estatuto de Autonomía, a excepción del Estatuto de Guernica por las razones anteriormente explicadas; desde la mínima ética política, debe ser así.


Ejemplo: si un capitalista llegara a un país regido por un sistema anarco-capitalista debería, al menos, nacionalizar a la Policía y los Tribunales. ¿Un capitalista nacionalizando?, claro, todo depende desde donde parta. El caso es, ¿qué diferencia a un catalanista, tan habitual en Cataluña, de un independentista?, en teoría cosas sustanciales, pero curiosamente solo veo a catalanistas argumentando a los independentistas, explicando incluso como podría independizarse Cataluña y cuanta razón tiene Carod Rovira en todo lo que dice. Eso es Carlos Marx desarrollando un manual de privatizaciones para Ronald Reagan… “yo no soy tu, pero si lo fuera, atacaría por aquí”.


Es curioso, y sorprendente sin duda. Podríamos estar de acuerdo en que si un catalanista llegara a una Cataluña casi segregada del todo de España, podría devolver parte de las competencias asumidas a Madrid, teniendo en cuenta que “tan poca unidad” con respecto al resto de España no estaría acorde con su visión de las cosas, con lo que el cree que debe ser el armazón, el esqueleto que sostenga a España como Estado federal.


Si les pareciera bien dicho reparto de las cosas, quizás tenga que ver con que catalanismo e independentismo, en el fondo, es hoy en día la misma cosa, y si no es así, desde luego la tendencia no indica lo contrario. El problema es que yo no veo al catalanismo devolviendo nada a Madrid, y esto parece que tiene que ver más con la bajada de pantalones ideológica general, del catalanismo, ante su independentismo, minoritario, pero verdadero motor de todo lo que se dice y piensa, hoy en día, en Cataluña.


Recuerdo que Alfonso Guerra (uno de los firmantes de los pactos fundacionales del actual PSC) dijo una vez que se les propuso, unas cuantas veces, a las fuerzas nacionalistas en España, plasmar en un documento sus peticiones definitivas. Siempre rechazan esa oferta. Nadie sabe porqué… ¿o sí?.


Con respecto al trato fiscal, comparando recaudación e inversiones, y cosas como la inflación (que en Cataluña en estos últimos años ha estado más alta que la media española) en Cataluña con respecto al resto de España, existen extensos debates tanto en las Comisiones del Congreso como en el Consejo de Política Fiscal y Financiera. No se hasta que punto se ha desgranado todo el flujo de capital tal y como propuso el ex presidente Felipe González, sin embargo sí se que desde el independentismo se ha usado entremezclándolo con el hecho cultural; el primero es más efectivo porque causa confusión, el segundo es fácilmente rebatible, pero siempre hay un Manuel Marín al que echarle las culpas.


La sostenibilidad económica del modelo no importa para justificar su existencia; debe serlo, pero no es la causa de su origen, por eso no quería hablar de él; materialmente, podríamos eliminar las Autonomías y asentar un Estado jacobino, de hecho, así eliminaríamos muchas administraciones paralelas y reduciríamos en al menos un tercio toda la burocracia (unos cuantos miles de millones de euros), sin embargo no lo haremos, porque las Autonomías no se crearon en pos de una supuesta eficiencia, si no por un hecho histórico, que era justo, y se hizo.


Sea como fuere, y tal y como explico, las tesis independentistas son las que marcan el paso en Cataluña, y no porque no puedan ser rebatidas, que lógicamente se puede, dado que por esa regla de tres un Estado jacobino como Francia no podría ser sostenible desde un punto de vista material, sin embargo sí lo es como cualquier otro, si no porque el catalanismo no ha plasmado su propia visión cosmológica de lo que debería ser la España federal.


El autonomismo no está en crisis, compartible o no, tiene sus razones, el independentismo tampoco, compartible o no, tiene sus razones, pero veo una grave crisis ideológica en el catalanismo, como enorme amalgama sin motor propio; siempre lo pide prestado.


José Rodríguez comenta:


“… desde el estado español no debería atacarse una identidad nacional catalana que sienten (compartida o no con la española) una mayoría de catalanes.”.


Que desde la Administración General del Estado se dedican a hacer proselitismo contra una identidad cultural en España es una paranoia difícilmente igualable; en serio no veo a un Director General de ningún departamento elaborando un maquiavélico plan anti-catalanista. Se dedican a hacer su trabajo, mejor o peor, pero se dedican a ello exclusivamente. Dejemos las conspiranoias a otros por favor.


Uno tampoco puede escudarse en el hecho de que las ideologías sean como la lluvia: inevitables. Por esa regla de tres, nunca sostendríamos un cierto discurso político sobre absolutamente nada; si total, todos los españoles se van a volver filo-fascistas y van a votar a un Le Pen español, ¿por qué me voy a molestar en defender que los negros son seres humanos?. Estamos hablando de elementos ideológicos, los cuales se propagan entre otras cosas mediante discursos, como todo en política. Por eso empecé diciendo aquello de Porqué no se podía criticar el independentismo.


Estoy esperando un artículo de un catalanista convencido, criticando el independentismo catalán, no por quedarse corto, si no por pasarse en sus peticiones tendentes a la segregación.


Sería probable esperar leerlo alguna vez, sería lógico, sería coherente, sería normal. Pues bien, no creo que lo vea nunca, y eso da cuenta de cual es la realidad de las cosas, quien lleva el timón, y quien va a remolque; el capitán del barco es bajito y con bigote, y ojo, no es Aznar.



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Escrito por Miguel Núñez Ríos   
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