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Me pregunta un amigo cómo puedo compaginar mis creencias religiosas – cristianismo – con mi adscripción ideológica – socialdemocracia o eurocomunismo – y la respuesta es fácil y automática: prescindiendo del Vaticano. En mi opinión, y me consta que ni soy el primero ni el único que piensa de esta manera, Jesucristo fue – y no tengo la más mínima duda – el primer comunista o, en todo caso, el fundador del comunismo. Baste recordar que para Cristo todas las personas, independientemente de cualquier otra consideración, somos iguales ante Dios; que echó a los mercaderes del templo (ahora no es que hayan vuelto a él es que lo han comprado); y que predicó con el ejemplo, decantándose siempre por el más débil (prostitutas, leprosos, pobres, el pueblo en general) en detrimento de ricos y poderosos varios: suyas son las palabras “es más fácil que un camello atraviese el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de los cielos” – interprétese por aguja lo que a uno le venga en gana –, a diferencia del Vaticano, que siempre ha orientado su acción a favor de la autoridad competente, legitimando dictaduras cuando ha sido menester. Es pues, en mi opinión, sencillo ser de izquierdas y cristiano; otra cosa es la Iglesia Católica, que hay que darle de comer a parte.
¿Y cómo sabe uno, así a bote pronto, quién es cristiano y quién se lo hace, o quién es de izquierdas y quién sólo lo parece? En mi opinión esto es lo verdaderamente complicado. Desde mi punto de vista comparto la creencia de que “el movimiento se demuestra andando” y que no basta con decir que uno es cristiano o socialista para serlo, hay que demostrarlo. Se me podría acusar de conductista, o de funcionalista, o de gestáltico, y no faltarían pruebas que soportaran tales afirmaciones, pero se quedarían cortas, porque ese “andar” que demuestra el “movimiento”, además, ha de ser inconsciente, o por lo menos espontáneo, no premeditado, ni buscando la demostración como un fin en sí misma. No me vale el que una persona diga que es socialista y, acto seguido, se ponga a demostrar su socialismo militante a golpe de forzadas declaraciones de intenciones; ni que una persona diga que es cristiana, corra a ver “Pueblo de Dios” y no salga en cuatro días de misa. Lo que vale es la trayectoria vital de largo recorrido, ustedes ya me entienden. A estos jerifaltes de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que van tras la pancarta de kikos, opusdeístas, requetés carlistas y reaccionarios diversos, pidiendo el voto para el PP, agitando el pendón del Apocalipsis y la caída de una democracia en la que no creen – como tampoco me consta que compartan el mensaje cristiano – los conoceréis por sus actos. Ya lo decía mi abuela cuando sentenciaba que “el hábito no hace al monje”, ni la púrpura al obispo – añado furioso –, porque estos obispos y cardenales de la derecha reaccionaria encuentran su reino en este mundo, a diferencia de quienes nos consideramos cristianos, que sabemos por boca del profeta que el reino de Dios es trascendente. Pero eso ellos no lo saben. Perdónalos, Señor, que no saben lo que hacen, ni lo que dicen.
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