| Para qué es útil el individualismo metodológico |
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Sin demasiado esfuerzo nos damos cuenta de que en la sociedad moderna las ideologías han desaparecido, dejando en su lugar distintas formas de gestionar un mismo y consagrado sistema socio-económico.
La explicación se encuentra en la sutileza ideológica de hacernos creer que la economía es una ciencia exacta, aun reconocida formalmente como ciencia social. Con esto se consigue que el resto de ideologías se difuminen en un perfecto sistema de mentiras implícitas, aceptadas dogmáticamente de forma inconsciente. Esto es aprobado, en tanto que es parte del paradigma occidental, por prácticamente todos aquellos que se congratulan de saber economía. Sujetos hiper-especializados a los que no les importaría vestir bata blanca con tal de sentirse autorrealizados en su labor. Y es que la intención última es convertir al ser humano en un simple apéndice que encaje, así sea a presión, en un modelo capaz de representar las elecciones humanas, y que a su vez se establezca como normal o correcto, creando así un sistema auto-organizado. Es lo que se conoce como racionalización. Se encierra a la realidad en un modelo coherente pero con premisas equivocadas. Este modelo, en su propio desarrollo, y mediante la influencia ideológica, transforma el sentido común de la sociedad –lo que está bien y lo que es normal-, dirigiéndolo hacia posiciones compatibles con el modelo original. Un alienante círculo vicioso. En un primer acercamiento a lo que es el homo oeconomicus, comprobamos que estamos hablando de un sujeto ficticio, frío y pretendidamente racional. De acuerdo con esto, el análisis de la sociedad se conseguiría, desde el punto de vista ortodoxo, limitándonos a realizar observaciones atentas en las elecciones de los individuos –supuestamente libres e independientes-. Es la imitación directa del método empleado en las ciencias exactas, básico en el paradigma occidental, y que tan buenos resultados ha dado en nuestra sociedad. El problema está en que, como nos recuerda Bernad Guerrien1, a ningún físico se le ha ocurrido todavía la locura de construir un modelo compuesto por millones de partículas todas ellas diferentes. Esta metodología excluye, obviamente, toda filosofía materialista y dialéctica a la hora de estudiar una sociedad cualquiera, estabilizando de esta forma el status quo, impidiendo cualquier transformación real y efectiva en su esencia. Mientras la maquinaria racionalizadora trabaja, haciendo creer a los individuos que los gustos y preferencias impuestos desde fuera son realmente propios, desde la academia se afanan por ocultar que todo el sistema económico depende en última instancia de motivaciones psicológicas, que no obedecen a criterios rígidos o controlables. Comenta el artículo Guerrien, B. (2006): “¿Podemos conservar algo de la teoría neoclásica?”, 2.
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| Escrito por Alberto Garzón | |
| martes, 04 de abril de 2006 | |
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Sin demasiado esfuerzo nos damos cuenta de que en la sociedad moderna las ideologías han desaparecido, dejando en su lugar distintas formas de gestionar un mismo y consagrado sistema socio-económico.







