Mariano sueña, claro, como todos los mortales. Además, y para no entrar en equívocos, no es lo mismo el sueño de Mariano que un sueño Mariano. Como de la misma forma no es lo mismo ser el candidato del PP a las elecciones generales que ser el general de las elecciones del PP. Se parece, pero no tiene porqué ser lo mismo, ¿no?
Pero vayamos al grano: ¿en que sueña Mariano? Descartando el tipo de sueño absolutamente inconsciente y freudiano referido a aspectos naturales y con-naturales de la especie como podría ser en su caso soñar con Norma Duval (esa gran icona sexi) o con Bertin Osborne, hay que referirse al sueño dulce, maravilloso, happy flower que, no podemos negarlo, todos tenemos.
El sueño de Mariano es ser presidente del gobierno español. Que su éxito en las elecciones le lleve a una ceremonia de nombramiento y el traje le quede tan bien como le quedaba a John Major, aquel sucesor casi olvidado de Margareth Thacher. Porque Mariano si algo no es, es ambicioso. Sabe que su lugar en la historia es a la sombra de Jose Mari con el agravante que Jose Mari es más vien corto de talla y la sobra que proyecta es mas bien escasa. En su sueño, Alberto y Espe se quieren, es más se desean y en su frenético amor no hay cabida para el odio hacia Mariano, puesto que la fogosidad entre ambos les quita las energías fraticidas y conspirativas. Así, metafóricamente hablando, su culo está a salvo.
Porque, pobre Mariano, ¡pobre Mariano! Todo el día vigilando que no se caiga por las escaleras, que no pise una piel de plátano, que no le estalle la cafetera. Cuando Espe o Alberto le invitan a cenar, a sufrir: no sabe si su hora está llegando. Dicen malas lenguas que no es el primero en tomar bocado, que dura es la política. Y no solo eso, rezando el pobre para que ni Jose Mari, ni los dos desamantes digan alguna frase que sea célebre por alejarlo a él de su sueño, contenido, de ser el presi de todos los españoles. En el mismo sueño ve a Jose Luís, alias talante, el cual en el fondo siempre le ha gustado puesto que no deja de ser un tipo simpático al cual los trajes también le caen bien y su risa no es sardónica como la de Jose Mari. En el sueño, José Luís le felicita y le dice; no pasa nada, hace cuatro gané yo y ahora tú, no te guardo rencor aunque a ser posible déjame de pisar los juanetes y echarme la culpa de todo incluso de la halitosis en España. En el mismo sueño aparece Jose Mari y le dice: Bravo campeón. Además te pido perdón por las pasadas elecciones y por mentir con lo del once de mayo. Me pasé tres pueblos, pero pensaba que los españoles eran tontos, bien aún lo pienso, y que colaría la trolilla, porque tan solo fue una mentirijilla; en fin, no sé porqué se lo tomaron tan mal.
Pero una cosa son los sueños y otra lo real. Una cosa son las verdades y otras la realidad. Como siempre sucede en estos casos suena el despertador. Mierda, piensa Mariano, otro día aguantando las interferencias de papi Jose Mari, los dos niños peleándose, Espe y Alberto, el abuelo Manuel que se centra y todos, absolutamente todos esperando mi herencia. Y para más inri tengo que soportar al sonrisitas buen rollo de Jose Lluis seguramente cuatro o más años. En fin es un sin vivir. Nunca debí dejar Santiago de Compostela.
No, por favor. No podemos permitirnos que sean lso políticos los que regulen la economía, sería igual de malo que permitir que lo hayan hecho los neocons.
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