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Hace poco veíamos de nuevo a una organización de la derecha religiosa, el Foro de la Familia, autoproclamarse (ya desde el nombre) portaestandarte de los derechos de “las familias”. Y a sus colegas políticos y religiosos jalearla. Naturalmente, ni unos ni otros se refieren realmente a los derechos de las familias. Se refieren al derecho a imponer mediante la fuerza del Estado su propio modelo de familia: tradicional, patriarcal, heterosexual, monogámica.
Pero vamos a dejar a un lado si creemos que las familias deben o no seguir rígidamente el esquema que desde el Foro de la Familia consideran como el único válido. De si las familias reales deben romperse y deshacerse, aún cuando estén fuertemente unidas por el amor, para no molestar al abstracto ideal familiar del sector más reaccionario del catolicismo. Dejemos esto a un lado y, hecho esto, preguntémonos: ¿qué puede querer decir defender a “las familias”?
Bien, no se lo que pasará en el mundo del Foro de la Familia, pero en el mundo real “las familias” reales andan preocupadas por cosas que no tienen mucho que ver con el matrimonio gay o el aborto. Por ejemplo, andan preocupadas por el hecho de que sus hijos van a escuelas públicas de calidad más que lamentable, no teniendo por otro lado dinero para pagar una escuela privada o incluso “concertada”. También andan preocupadas por la imposibilidad de conciliar la vida familiar y la laboral, por la ausencia de guarderias públicas en las que dejar a sus hijos sin dejar con ellos un ojo de la cara, por las dificultades para llegar a fin de mes, por el precio de la hipoteca que este mes no saben siquiera si podrán pagar. Eso es lo que preocupa a “las familias”. Eso es lo que les supone una amenaza.
Pero, curiosamente, el espacio político en el que los señores del Foro de la Familia se hallan ubicados parece muy poco preocupado por éste tipo de cosas. Es más: de sobra es conocida la desatención, cuando no directa hostilidad, que la derecha tiene hacia la escuela pública, hacia la guardería pública, hacia todo lo que en general pueda oler a igualitarismo y a laicidad. Mientras la derecha se dedica a pelear contra los fantasmas que su fanatismo religioso le hace ver, son las izquierdas las que, mal que bien, realmente defienden a las familias reales de las amenazas reales que se les plantean en su vida real. Por eso me sorprende que la derecha se erija en defensora de “las familias”. A mi juicio, queda claro que las únicas familias favorecidas por la política de la derecha son las familias, ya saben, “de bien”. Esas que viven en el Paseo de Gracia o en el barrio de Salamanca. Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.
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