| De la flexibilidad de los partidos |
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José Rodriguez escribía hoy sobre partidos políticos y sus problemas en cuando a organización interna. En su explicación, los partidos son mediocracias, organizaciones burocráticas relativamente inflexibles diseñadas para ganar elecciones. Su explicación tiene algo de verdad, pero peca de simplista; en contra de lo que pueda parecer los partidos son organizaciones que han cambiado muchísimo desde el nacimiento de la política de masas a finales del siglo XIX, y son maquinarias mucho más ágiles y eficientes de lo que aparentan.
Eso no quiere decir "honestas", "justas" o "mentalmente estables", por cierto. Veamos por qué. Los partidos políticos de principios del siglo XXI son unas maquinarias curiosas, que tratan de parecer ser muchas cosas sin serlo. Para empezar, deben respetar a los antiguos. Como toda institución que valora la estabilidad y fidelidad de sus miembros, un partido político debe respetar ciertas convenciones de los viejos partidos de masas: hablar de compañeros, tener militantes pegando carteles y repartiendo octavillas, honrar a los fundadores y usar viejas estructuras organizativas y nombres. La política estos días no tiene nada que ver con la creación de conciencia de clase, tener agrupaciones en las fábricas y publicar octavillas; sin embargo partidos como el PSOE respetan y honran ese pasado de forma más o menos explícita. Por añadido, los partidos no sólo son máquinas de convencer electores, también son el oyente fiel que escucha y atiende a los deseos de los electores. Las organizaciones están llenas de puntos de contacto con el electorado, reales o ficticios; los candidatos escuchan, se habla con las organizaciones sociales, se abren a la blogosfera, todo para saber lo que quiere el pueblo. Con eso, los partidos representan; no son sólo agentes persuasivos y buenos oyentes, también son una encarnación del país. Por ahí van todos diciendo que ellos son España / Cataluña / Euskadi / Poldavia, y que sus líderes son mejores que nadie representando a los votantes. Y esperad, que aún falta como mínimo otro aspecto; aún tienen que pretender ser tecnócratas competentes, cargados de visión de futuro y capaces de inspirar al país a hacer grandes cosas. Cuando una organización pretende estar haciendo tantas cosas, es importante tratar de discernir cuál es el principal objetivo de la organización antes de caracterizar como funciona. José señala de forma acertada que un partido político de entidad quiere, ante todo, ganar elecciones (desde la oposición no se cambia el mundo), pero se equivoca en identificar qué parte del partido está haciendo ese trabajo. Aunque parezca mentira, los cuadros intermedios de un partido realmente no pintan absolutamente nada. De hecho, si me apuráis, los militantes a los que estos cuadros intermedios se pasan el rato deprimiendo con su maravillosa mediocridad pintan más o menos lo mismo. En los partidos modernos todo lo que va de candidato / presidente / tipo en algún gobierno para abajo son básicamente ruido de fondo, con muy pocas excepciones. Los partidos estos días son organizaciones muy distintas a los partidos de masas del siglo XIX. Son maquinarias relativamente pequeñas, muy profesionalizadas y extraordinariamente concentradas en llegar al poder y mantenerse en él. Los únicos que realmente están implicados en esta tarea son un grupo relativamente limitado de gente: candidatos, gente variada en cargos políticos, y el grupo de notables y cerebros políticos en Génova, Férraz y sus equivalentes autonómicos y en ciudades grandes. Se les describe como partidos cártel, y la verdad tienen bastante de eso. Los políticos profesionales (creedme, no hay otra clase. En ninguna parte) saben que la política ha cambiado radicalmente. Las campañas no se hacen en la calle; la gente no recibe sus noticias e ideas de un político hablando en el mercado o leyendo el periódico del partido; ahora los ven en la tele, los escuchan en la radio, los leen en la prensa nacional o en internet. Realmente uno no necesita a los militantes más allá de como mano de obra barata y agitadores de banderitas en mítines; como máquinas de convencer al personal no son demasiado útiles (o eso creen). Por añadido, los militantes ni siquiera son necesarios para pagarte las campañas. En Europa, gente como tú, otros políticos, se han preocupado que papá estado asegure tu imparcialidad a base de financiación pública; sólo en Estados Unidos un político ve a sus seguidores como un cajero automático (y tenderá a buscar a los que tienen un saldo alto). Para hacer las cosas aún más encantadoras, el sistema electoral y de financiación está redactado por otros políticos como tú, así que no deberás preocuparte que alguien cambie las reglas del juego. ¿Son los partidos organizaciones poco flexibles? En absoluto. De hecho, se han adaptado maravillosamente a la nueva realidad de medios de masas, votantes menos ideológicos y sociedades menos polarizadas. Es un mundo donde las elecciones se ganan manteniendo un mensaje consistente, claro, concentrado y profesional, diseñando políticas públicas eficaces y atractivas y adaptándose rápidamente a un contexto que cambia rápidamente. Los partidos viven en un entorno relativamente estable en las reglas, pero muy competitivo a la hora de ganar elecciones, y se tienen que adaptar para competir de forma efectiva. Y lo hacen con ganas. La cuestión es, el partido, como tal, no es el que está cambiando, adaptando el mensaje, moviéndose constantemente. Es el pequeño de cuadro de candidatos, sabios y notables que toma las decisiones, recluta nuevos talentos (no necesariamente dentro del partido; mirad a Solbes, Piqué, Pizarro...) y decide quién será el siguiente candidato (a menudo de forma bastante torpe), mientras que el resto del partido actúa como un elaborado ruido de fondo. Una parte muy significativa del partido, esos cuadros intermedios, son de hecho reliquias de tiempos pasados actuando como operaciones de imagen; su capacidad influencia es realmente limitada. Y sí, la estulticia de esa mediocracia es a veces desesperante (un saludo a mis compañeros de la FSM. Ellos saben quienes son), pero de hecho su peso real en el partido es muy, muy limitado. Los partidos son organizaciones mucho menos burocratizadas de lo que parecen a la hora de tomar decisiones.
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| Escrito por Roger Senserrich | |
| jueves, 31 de enero de 2008 | |
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