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Volvemos a relanzar "Argumentos de Socialdemocracia" como revista que recopila los artículos publicados en socialdemocracia.org alrededor de un ítem de debate. En este caso hemos iniciado una blogoconversación alrededor de liberalismo y socialismo y este es el resultado del debate. Por un lado ponemos los artículos publicados en socialdemocracia.org centrales en el debate. En segundo lugar republicamos algunos, también de socialdemocracia.org, que permiten ampliar y analizar algunos flecos del tema de debate, en tercero enlazamos artículos externos que han servido de inspiración o inicio del debate y que son de interés.
En este caso el debate ha ido sobre los valores liberales del XIX y su inclusión o no en los valores del socialismo democrático. La importancia que puede tener reivindicarlo o el alejamiento que puede dar esa reivindicación de los valores igualitarios del socialismo. Desde los redactores de socialdemocracia.org deseamos que los disfrutéis.
Socialista a fuer de liberal La frase fue pronunciada por Indalecio Prieto en 1922. Prieto era director del diario "El Liberal" y militaba en el PSOE. Cercano a las tesis de Fernando de los Rios, que ante la pregunta de Lenin "Libertad para qué?", contestaba "libertad para ser libres".
Des de los inicions del llamado "socialismo utópico" de los siglos XVIII i XIX ( como definió Marx en tono petulante) liberdad e igualdad han sido conceptos complementarios, la cara de una misma moneda. La del socialismo en libertad. Y al margen de las derivas totalitarias, el socialismo democrático siempre ha defendido que la libertad es el objetivo, pero que ésta sin igualdad no es posible.
Liberalismo e izquierda: el homo individualista corresponsable Recientemente un artículo de José Zaragoza, secretario de organización del PSC y la réplica algo dura de Marc Vidal, ponían en solfa la tradición liberal de cierto socialismo. Hablaban del social liberalismo, que en grandes rasgos podría identificarse con las tesis del nuevo laborismo británico, inspiradas entre otros por Giddens (aunque creo que hay algunas posturas de Giddens que son más izquierdistas de lo que en principio nos puedan parecer). Pero ante este debate, cuyo interés ideológico es crucial, quiero aprovechar para recuperar ciertos valores del liberalismo que sin ellos la izquierda moderna no existiría.
Socialismo y Liberalismo Hoy es muy típico que la gente recupere la frase de Fernando de los Ríos en su famosa entrevista con Lenin, que se recupere la frase de Pablo Iglesias, etcétera. Hoy en día, seguimos reforzando, una vez más, todo lo que podemos tener de liberales, pero del socialismo nadie habla, nadie lo defiende y nadie lo explica. Este es un espacio en internet que se llama Socialdemocracia.org, pero a veces el conjunto de sus títulos no se diferencia mucho del foro Liberalismo.org, en el cual participe muchas veces hace años. Hoy en día los que se hacen llamar socialdemócratas (cualquier socialdemócrata alemán o finlandes en España podría votar a Izquierda Unida) parecen más interesados en justificar su enorme y desproporcionado liberalismo inserto en su supuesto socialismo, como si el socialismo fuera, directamente, un mal menor. Para eso, amigos mios, nos definimos como liberales, y acabamos antes. Yo, desde luego, no. Yo soy socialista.
Socialismo y Liberalismo (1): los valores socialistas A raíz de la publicación de un artículo de José Zaragoza a propósito del “socialismo liberal” se han sucedido en Socialdemocracia.org diversos artículos tratando del tema. Unos abominaban de la noción misma de “socialismo liberal”, considerando el liberalismo y el socialismo como antítesis irreconciliables. Otros, en cambio, consideraban que de alguna manera el socialismo es un heredero natural de muchos de los valores liberales. A grandes rasgos, la argumentación de estos últimos iba por la vía de afirmar que el valor central de la tradición liberal (la libertad individual) solo se puede defender cabalmente si uno apela a prácticas “socialistas” como la redistribución de la riqueza o el control público de los mercados. En cambio, los primeros venían a recordar que la insistencia en el posible contenido liberal de la tradición socialista, en un momento donde es el socialismo y no el liberalismo el que está devaluado en la esfera pública, pueden convertir al socialismo organizado en un mero partido liberal con cierta conciencia social. Las dos posturas, a mi parecer, tienen algo de cierto. Por un lado, es cierto que el socialismo que nos interesa a los socialdemócratas solo puede ser un socialismo preocupado por la defensa de la libertad. Por otro lado, también es cierto que los matrimonios entre el liberalismo y el socialismo suelen redundar en un abandono, por parte de los socialistas, de aquello que se supone que les distingue como familia política. Socialismo y Liberalismo (II): el liberalismo negativo Delimité en el anterior artículo el mínimo común denominador que puede definir al conjunto de los proyectos político-sociales que, aun siendo bien diferentes entre si, la sociedad ha dado en llamar “socialismos”. Con el liberalismo, la misión es bastante más difícil. Lo único que podría parecer el mínimo común denominador del liberalismo, a saber, la defensa de la libertad individual, en realidad no es tal. La razón es que el liberalismo (o mejor dicho, el conjunto de proyecto politicosociales que, aun siendo bien diferentes entre si, la sociedad ha dado en llamar “liberalismos”) no es ni la única ni la más antigua tradición preocupada por la reflexión sobre, y la defensa de, la libertad individual. Lo veremos hacia el final de esta serie cuando hablemos de la tradición republicana. Pero en todo caso, ya sabemos que ese mínimo denominador común no nos sirve. Socialismo y Liberalismo (III): el liberalismo positivo Delimité en el anterior artículo el mínimo común denominador que puede definir al conjunto de los proyectos político-sociales que, aun siendo bien diferentes entre si, la sociedad ha dado en llamar “socialismos”. Con el liberalismo, la misión es bastante más difícil. Lo único que podría parecer el mínimo común denominador del liberalismo, a saber, la defensa de la libertad individual, en realidad no es tal. La razón es que el liberalismo (o mejor dicho, el conjunto de proyecto politicosociales que, aun siendo bien diferentes entre si, la sociedad ha dado en llamar “liberalismos”) no es ni la única ni la más antigua tradición preocupada por la reflexión sobre, y la defensa de, la libertad individual. Lo veremos hacia el final de esta serie cuando hablemos de la tradición republicana. Pero en todo caso, ya sabemos que ese mínimo denominador común no nos sirve. Socialismo y Liberalismo (IV): los problemas de la libertad positiva Hemos visto hasta ahora los valores que constituyen el núcleo central de las tradiciones socialista y liberal. Establecí que aquello que asimilaba unas familias del socialismo a otras era la defensa, en diferentes grados y formulaciones, de una cierta idea de igualdad (entendida como igualdad de oportunidades no menoscabada por ninguna circunstancia debida al azar, sea biológica o social) y de una cierta idea de comunidad (concretada en el principio según el cual yo te presto un servicio a ti, no por lo que pueda obtener de ello para mi beneficio personal, sino porque tu lo necesitas, y viceversa). Así mismo, diferencié entre dos conceptos diferentes de libertad presentes en la tradición liberal: la libertad negativa (yo soy libre en la medida en que nadie utiliza la fuerza, o la amenaza de la misma, para inmiscuirse en mis decisiones) y la positiva (yo soy libre en la medida en que dispongo de recursos para llevar a cabo las decisiones tomadas en el ámbito de mi libertad negativa). Socialismo y Liberalismo (V): los problemas de la libertad negativa En el anterior artículo examiné los problemas que presentaba la defensa de la libertad positiva, sostenida por cierto liberalismo de izquierda y que consideraba plenamente compatible con el socialismo político, es decir, con el proyecto de realizar los ideales de comunidad e igualdad desde el poder del Estado. Tal proyecto, llevado a cabo teniendo en cuenta las constricciones de viabilidad económica pertinentes, no hacía sino ampliar la libertad positiva de los y las ciudadanas, entendida como la capacidad para llevar a cabo efectivamente las decisiones tomadas en el ámbito de la libertad negativa (libertad que, a su vez, se entiende como la posibilidad de tomar decisiones sin interferencias por parte de poderes fundados en el uso o amenaza de la fuerza; señaladamente, el Estado). Sin embargo, hemos visto que la defensa de esta concepción positiva de la libertad estaba cargada de problemas que tenían que ver, en última instancia, con su conflictiva relación con la libertad negativa. Parece ser que una y otra se llevan mal, que ampliar el ámbito de la una significa disminuir el de la otra (por ejemplo: asegurar mi libertad positiva de ir al médico supone cobrar impuestos progresivos y por tanto negarle a un rico su libertad negativa de utilizar su dinero como le plazca), y que no existe ningún criterio claro para saber hasta que punto podemos violar la libertad negativa en nombre de la libertad positiva. Defender la libertad positiva, por tanto, nos lleva por un camino inicialmente sensato que puede desembocar en auténticas barbaridades. Socialismo y Liberalismo (VI): la libertad republicana El republicanismo es una tradición política cuyos orígenes se remontan a la antigüedad grecolatina. Fueron republicanos célebres en esta época Aristóteles, Pericles o Cicerón. Con la llegada del Medioevo, la tradición republicana quedó eclipsada por las concepciones teocráticas y feudales propias del orden post-romano. El republicanismo no volvería a ver la luz hasta el período renacentista, momento en que sería rescatado por autores como Maquiavelo o Marsiglio de Pádua. Esta recuperación del republicanismo llegaría a su cenit con la Ilustración, cuyos más destacados pensadores (como Kant o Rousseau, pero también muchos tenidos por “liberales”, como Locke o Adam Smith) fueron destacados republicanos. Esta eclosión republicana en el campo del pensamiento social tendria su correlato político en las revoluciones americana y francesa, y en todas las que las tomaron por ejemplo. Éste relato histórico puede parecer sorprendente, por cuanto estamos acostumbrados a pensar que el pensamiento político ilustrado era “liberal” y que las revoluciones americana y francesa fueron así mismo revoluciones “liberales”. En realidad, esto es un anacronismo: el término “liberal” no se convierte en moneda de curso política hasta 1812, con la aprobación de la Constitución de Cadiz, y por tanto buscar “liberales” antes de esta fecha tiene tanto sentido como buscar “bolcheviques” antes de 1903. Socialismo y Liberalismo (y VII): el socialismo republicano En el artículo anterior explicaba la concepción republicana de la libertad. Una concepción que asociaba la libertad a la independencia individual respecto de la voluntad de terceros, que cifraba tal independencia en la incapacidad de un tercero de expulsarnos de la vida social (y aún de acabar con nuestra propia existencia material, base de aquella), y que consideraba como núcleo de tal invulnerabilidad el gozo de una propiedad que permitiese al individuo vivir por su cuenta, y no por cuenta de un tercero. También expliqué que esta concepción dividió al republicanismo a la hora de determinar la extensión que debía tener la libertad republicana, y con ella la ciudadanía de pleno derecho. Para unos (cómo Aristóteles o Cicerón), la ciudadanía debía restringirse a los libres, es decir, a los propietarios. El dejar la ciudadanía, y con ella el gobierno de la polis, en manos de los que no eran libres (los pobres, los esclavos, las mujeres...) equivalía a dejar los destinos de todos en manos de gente que carecía de voluntad propia, por deber su existencia social a un tercero. Por su parte, los republicanos democráticos (como Pericles o, más modernamente, Rousseau o Robespierre) coincidieron con éste diagnóstico, pero no con la solución de excluir a los ilibres de la ciudadanía republicana. Lo que éstos republicanos propusieron fue el extender la libertad republicana a aquellos que carecían de ella, para así poderlos elevar a la condición de ciudadanos sin que ello supusiese peligro alguno para la república. Discurso socialdemócrata, redistribución y ley de la gravedad: una perspectiva neoprogresista Hace algunos meses escribí un artículo que tuvo (sorprendentemente) cierto éxito donde exponía lo que para mi debía constituir el marco de razonamiento de la (extrema) izquierda del futuro. En ese artículo dije que pensaba que el escepticismo debía ser el principio fundamental de ese discurso. En este artículo me gustaría concretar que significa esta actitud en un aspecto fundamental de este discurso: la redistribución. La ideología como pegamento electoral; los núcleos duros Si se suele hablar de esa parte del electorado más volatil, se suele decir que más práctico, el electorado más centrista, siempre se habla de forma más despectiva de los núcleos duros de los electorados. Más fanáticos, o más partidistas, son los que dan más tranquilidad a los aparatos de los partidos políticos; muy mal se tendrían que poner las cosas para perder sus votos. Se da siempre el tono negativo sobre este sector del electorado, sin embargo podríamos hablar de cual es el capital que se invierte para mantener los núcleos duros de los electorados, sobre el cual gira el resto del electorado; estamos hablando de capital ideológico. Algo sobre el liberalismo, la nueva izquierda y Euston… Al hilo del artículo de Lluis Pérez en Socialdemocracia.org, acerca de los valores del socialismo y su relación con el liberalismo, he recordado el Manifiesto de Euston, declaración de principios realizado por un grupo de intelectuales de izquierda en apoyo de los derechos humanos. Publicado por primera vez en el New Statesman, el 7 de abril de 2006. ARTÍCULOS COMPLEMENTARIOS Lecturas republicanas Prieto posiblemente sea uno de esos personajes históricos que Philip Pettit incluiría en la tradición republicana. La intersección entre la defensa de un estado fuerte y cohesionado, su representatividad democrática, su control, la libertad como fundamento de la acción política y la lucha contra las injusticias, harían de él un referente de esta tradición política. "El Estado Cultural" de Marc Fumaroli MARC FUMAROLI: El Estado cultural. Ensayo sobre la nueva religión moderna. (Acantilado, Barcelona, 2007). Marc Fumaroli es un intelectual francés, miembro de casi todas las instituciones académicas excelentes de Francia. Hace unos años provocó una gran polémica al cuestionar una de las facetas más características de la sociedad francesa: su política cultural. La tesis que mantiene Fumaroli es las artes y las letras han caído dentro de un concepto extraño a la cultura francesa, el concepto de cultura, y que la cultura ha sido sometida al Estado de tal forma que en la actualidad las artes y las letras no se pueden concebir fuera de la acción pública. Discurso, generación y sentido histórico Le decía a Berlin Smith el otro día, aunque ya se lo he dicho muchas veces, que su énfasis en la libertad individual en sentido liberal clásico, es un producto arcaico y antihistórico. Esto es algo que poca gente puede entender por eso que Ortega llamaba “falta de sentido histórico”. Las ideologías políticas son siempre y en todo caso, un mecanismo de respuesta a problemas históricos concretos. Esto puede sonar marxista y ultramaterialista, pero es un hecho que es así. Una determinada cosmovisión responde siempre a problemas reales y no ideales y por lo tanto está históricamente enraizada. Por supuesto, dentro de estos mecanismos de respuesta, los hay de dos tipos: los que son coherentes y los que no lo son. Es decir, algunas ideologías simplemente se basan en falacias de hecho y otras, casualmente, son un magnífico mecanismo de organización de la vida en común. OTROS ARTÍCULOS EXTERNOS QUE INICIAN LA BLOGOCONVERSACIÓN Socialismo liberal, de José Zaragoza en La Vanguardia, el artículo que inicia todo el debate, un análisis histórico pero también político de la relación entre socialismo y liberalismo, con ciertos guiños al laborismo. Mas allá de los laboristas hay vida, de Joan Ferran.. Una réplica sin citarlo, al artículo de José Zaragoza desde su mismo partido, desde un punto de vista que intenta replicar la tesis que indirectamente se puede derivar del artículo de Zaragoza. Socialismo liberal, la réplica de Marc Vidal, muy dura a mi entender pero que, como es él, intenta confrontar las ideas de fondo y reivindicarlas desde un centrismo y no desde la izquierda clásica.
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