¿Quiere decir algo esta frase? Bien, nos puede parecer que la frase carece de sentido. Pero ahí está el trabajo de análisis y de relación contextual de un buen investigador (aunque este sea un simple becado o inútil descerebrado) para responder la siguiente pregunta: ¿Por qué un líder puede llegar, no sabemos si en un momento de desesperación o sinceridad supina, a pronunciar dicha sentencia?
Uno puede llegar a ser el líder de un partido político, sea el que sea, después de haberse pasado por cuchillo a todos aquellos que querían, lícitamente como él faltaría más, llegar a ser líderes. Hasta aquí ningún problema. La vida es dura y la política como vida dura es. Al grano, esta frase objeto de análisis fue pronunciada en el 2004 por el entonces el presidente del gobierno de España, Jose Maria Aznar. Susodicho ahora es contertuliano de los programas y másters de Jorge Bush, amigo no de estudios, porque no se conocieron el la facultad, sino de viaje, a partir de las Azores. Se sabe que tras un buen almuerzo y una mejor comida (sin buscar dobles sentidos) se hicieron amigos, pero que muy amigos.
La frase tiene fecha concreta; la noche del catorce de marzo del 2004. Malas lenguas, viperinas diría yo, dicen que esta frase la pronunció en clara alusión a la ciudadanía española, por no haber votado a su delfín sucesor, Mariano. Lenguas más neutrales, si es que una lengua puede ser neutral, creen que esta frase iba dirigida a sus correligionarios, dígase la militancia en pleno del Partido Popular, abarcando desde sus mentes pensantes, que él suele llamarlas dementes, y la militancia base, junto con cuatro aprovechados que, como sucede en todos los partidos políticos, esperan sacar algún provecho a bajo precio recitando el siguiente mantra: yo, que va, pasaba por ahí, ese cargo, esa cartera estaba allí, tirada en el suelo.
Pero ahora, siguiendo un método acientífico, llega el momento de contextualizar la frase: había el señor Jose Mari perdido unas elecciones y la ciudadanía estaba cabreada porque susodicho y sus friends les habían engañado. Jose Mari, como siempre, echando la culpa a terceros por si cuela, cuela. Pero no coló, ya que la gente, al contrario que cuando Paco gobernó con porras especiales y de eso hace ya un montón de años, sabe leer y ve la televisión extranjera. Sí, además aunque parezca increíble, entienden inglés, francés e incluso algunos, alemán. Y por si fuera poco utilizan el teléfono móvil como cualquier europeo o americano para comunicarse. En fin desastre, va y le descubren mintiendo. ¡Vaya putada! ¡Me cago en la tecnología! ¡Mamarrachos españoles civilizados! Dijo, Jose Mari.
Así pues, el día catorce allá a las once de la noche, Jose Mari, inspirado en la célebre frase de la Pantoja, sacad dientes que esto les jode y sin mostrar su profundo dolor, dijo de forma solemne en la sede del Partido Popular en Génova (calle, no ciudad): Son todos unos idiotas y yo soy su líder. Y por esto, bien y por otras cosas, ahora el ex líder que aún es líder, defiende el vino a capa y espada (o a copa y coche) y da conferencias ora aquí, en las FAES ora allá con Buschi. Pero, tranqui Jose Mari: la historia dirá que no pasó nada, tú no dijiste nada. En definitiva otra gran frase perdida para la fraseología mundial. Él, por su parte, intenta olvidarlo pronunciado, más que nada porque él fue el líder de estos según él idiotas que lo escogieron a él, precisamente a él. Evidentemente, el motivo de la erradicación de la sentencia histórica es porque suscita la siguiente pregunta: El líder de los idiotas, ¿tiene que serlo, no serlo o superarlo?
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