| Lecturas |
670  |
|
Joan Ramon decía en su artículo sobre el auge del independentismo catalán que, con la formación del gobierno Maragall, el eje del debate político catalán se desplazó de la cuestión nacional a la dicotomia izquierd/derecha. En realidad, eso es ciertamente lo que CiU y PSC intentaron vender a los suyos. “¡Hemos vencido al nacionalismo!”, dijeron los segundos. “¡Ha ganado el españolismo!”, dijeron los primeros. En realidad, ni unos ni otros acertaron. Por un lado, el eje izquierda/derecha había estado presente durante los años de Pujol. Años en que a Pujol se le critica, desde la izquierda (incluida la más nacionalista), la desatención al sector público, las escandalosas subvenciones a escuelas de élite privadas, y demás políticas propias de la derecha. Por otro lado, las reivindicaciones nacionalistas, lejos de desaparecer en el período de Maragall, cobran una relevancia que no habían tenido desde la época de la Transición. Y ello porque aparece en escena un proceso político de crucial importancia para entender el por qué del actual auge del independentismo: la reforma del Estatut.
La reforma, dice Ramon, se saldó con un éxito. Un Estatut mucho más ambicioso que el anterior que, aun recortado, siguió siendo mucho más avanzado que su predecesor. Y, sin embargo, ahora parece que todo el mundo está descontento con el Estatut y que Zapatero pasa por ser un mentiroso debido a su actuación en éste asunto. En palabras del propio Joan Ramon: “nadie se ha leído el Estatut, pero el Estatut es malo. Zapatero, el Presidente del Gobierno Español que más allá ha ido en el reconocimiento de la pluralidad de España, que más reformas sociales ha hecho, que más ha visitado Catalunya, que más compromisos ha adquirido (con los consecuentes resultados) ... Zapatero, como decíamos, se convierte ¡en un mentiroso! ¿Porqué todo este desbarajuste?”. La respuesta de Ramon es que CiU, al verse desalojada del poder, tuvo que radicalizar su discurso. Y de ahí habrían salido las plataformas soberanistas, las movilizaciones independentistas y demás signos visibles de que el independentismo catalán está, de repente, en auge.
En realidad, esta es una descripción históricamente muy inexacta de como han ido las cosas. En realidad, al verse desalojada del poder por primera vez con el gobierno Maragall, CiU no radicaliza el discurso sino la pose. “Seremos firmes”, “somos el único referente nacionalista con las manos libres” y demás declaraciones de carácter serán la nota dominante de las intervenciones públicas de Duran y Mas durante todo el período Maragall y, por tanto, durante la reforma estatutaria. Pero el discurso, lo que es el discurso, cambia muy poco. Se alza el tono, pero las ideas son las mismas que las de la era Pujol: hay que reforzar el autogobierno catalán pero sin ni siquiera considerar la posibilidad de salir de España. Y la autodeterminación, en fin, no nos cae mal pero no hablamos de ella. Lo dicho: la linia del pujolismo con algo de agriedad. Esta fue toda la “radicalización” de CiU durante aquellos años. Y, con el recorte del Estatut, obra de Mas y Zapatero, incluso esa “radicalización” se vendrá abajo. Mas, viéndose a si mismo como presidente catalán un futuro no muy lejano, dirá en una entrevista que ha llegado la hora de aparcar las reivindicaciones nacionales, muy gastadas durante la reforma del Estatut, para concentrarse en la gestión. Muy “montillista” como para ser tildado de “soberanista radical”, diría yo.
Pero, con ese recorte, lo que vendría seria otra radicalización. Y, por primera vez, vendría de fuera de los partidos políticos, de la propia sociedad civil. A finales de 2005, aún antes de que Mas firme su pacto con Zapatero, se forma la Plataforma pel Dret de Decidir, una coordinadora de entidades de todo tipo, muchas de ellas sin apenas vínculos con el nacionalismo catalán, que reivindicarán un ambiguo “derecho a decidir” que en su seno unos interpretan como el derecho a la autodeterminación y otros, menos soberanistas, como el simple respeto al Estatut votado por el Parlament. La PDD convocará una manifestación para el 18 de febrero para defender este derecho a decidir. Por el camino se producirá el recorte del Estatut. Naturalmente, todas las miradas se dirigirán a Esquerra. Hasta el momento, el único partido que habrá dado su apoyo a la PDD será Esquerra Unida i Alternativa. Esquerra duda, en parte por el complejo de no querer volver a la imagen de partido freak de la época Colom. Sin embargo, presionada por su militancia y por las juventudes del partido, Esquerra dará su apoyo a la manifestación del 18 de febrero, poniendo toda la carne en el asador. El resultado será, más allá del tradicional baile de cifras, la cuarta movilización más grande de la Barcelona posterior al franquismo. Es en esta movilización, completamente ajena a CiU y a su entorno, y más bien mal vista por el mismo, donde se encuentra el orígen de la actual emergencia de una sociedad civil soberanista representada principalmente por la Plataforma Sobirania i Progrés, el Cercle d'Estudis Sobiranistes i la propia PDD.
Para muchos, el éxito del 18-F abocaba a la dirección republicana al “no”. Pero esto, a su vez, abocaba al partido a exponerse a una campaña política y mediática en su contra en la que participarian todos los medios catalanes afines al “sí” (es decir: todos los medios catalanes), los medios españoles afines al PSOE, y todos los partidos catalanes partidarios del Estatut recortado (es decir, todos menos el PP). Un panorama desolador para un partido recién llegado al poder, sin ningún grupo mediático afín. Un panorama, por lo demás, que contaba con el horizonte de una más que posible expulsión del gobierno catalán. Atrapada entre la espada y la pared (es decir, entre la presión de sus socios de gobierno y la de su militancia), Esquerra intentará utilizar el éxito del 18-F como arma de presión para arrancar a Zapatero alguna concesión que justifique mínimamente un “sí crítico”. Será en vano: el federalismo del presidente español no dará ni para conceder a los republicanos el traspaso a la Generalitat de media gestión del Aeropuerto de Barcelona. Esquerra descubrirá, como hicieron en el pasado tantos otros partidos políticos catalanes (incluyendo la Esquerra de Macià i Companys), lo poco que importa en Madrid si protestan 3 o 300 catalanes. O centenares de miles, como fue el caso. Y ahí vendrán los equilibrios, el “voto nulo político”, la desautorización por parte de la militancia y la decisión final de votar “no”. Por el camino, la PDD y el emergente soberanismo civil perderán la poca confianza que les quedaba en los partidos políticos y, particularmente, en Esquerra. Los entenderán como un mal necesario, pero un mal al fin y al cabo, al que hay que marcar y presionar desde fuera. Por primera vez desde los tiempos del MDT y La Crida, se cobra conciencia de que la independencia no solo se ganará en las instituciones, sino también en las calles. Y “en las calles” no significa ya, como lo significó en su dia, en las pintadas, los carteles y los murales, sino en ese espacio intermedio entre la calle y la política que es la sociedad civil. Cuando Esquerra firme el pacto de Entesa con Montilla, mucho menos avanzado tanto a nivel nacional como social que el que se firmó con Maragall, se acabará de asentar esa percepción de que los partidarios de la independencia pueden y deben organizarse en entidades al margen de los partidos políticos para presionarlos y, también, para darles apoyo en las contadas ocasiones en que se deciden a hacer pasos firmes hacia la soberania. Si en los años 90 el independentismo ganó su herramienta política e institucional con el viraje independentista de Esquerra, ahora, a mediados de la década del 2000, el independentsmo ha conseguido también sus primeras herramientas civiles, desencorsetadas de la disciplina de partido. He ahí el segundo factor del auge del independentismo: tras la aparición de un partido independentista fuerte, la aparición de una sociedad civil soberanista. Pero queda aun el tercer gran factor. Y ese factor se llama Zapatero. La desilusión de Zapatero.
Este artículo pertenece al Dominio Público por expresa devolución del autor al mismo.
Comentarios de los usuarios (0)
|
|
|